Las víctimas merecen una aclaración

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Padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad. Foto CV

El pasado 25 de enero, en el Gran Foro Colombia 2022, organizado por la revista Semana con el apoyo de algunos grupos empresariales, se llevó a cabo un panel sobre la situación y perspectivas de la implementación del Acuerdo de Paz de La Habana. Asistieron el presidente de la Comisión de la Verdad, el sacerdote jesuita Francisco de Roux, el director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo, Yolanda Perea, de la Mesa Nacional Efectiva de Víctimas, y Emilio Archila, consejero presidencial para la Estabilización y Consolidación.

En el evento, el presidente de la Comisión de la Verdad hizo una serie de afirmaciones polémicas, siendo la más preocupante la referida al paramilitarismo. Francisco de Roux señaló que los paramilitares jugaron un rol importantísimo, que se notó en Barrancabermeja, pues allí, según él, el Bloque Central Bolívar liberó la zona de las FARC y el ELN. Además, agregó que el gobierno de Álvaro Uribe desmontó el paramilitarismo.

Aunque estas afirmaciones no han tenido tanto eco mediático, ya han provocado respuestas y reacciones por parte de organizaciones de víctimas y defensoras de derechos humanos. Estas han insistido en que las palabras del sacerdote jesuita son una afrenta a la memoria de las víctimas, y que con ellas desconoce el trasfondo del fenómeno paramilitar.

Aunque es prematuro enjuiciar tan a la ligera el trabajo aún inconcluso de la Comisión, es claro que al utilizar su presidente la palabra “liberar” para calificar el accionar y objetivos de los paramilitares en una zona como Barrancabermeja, parece cuando menos inadecuado, pues la Comisión es la institución que debe esclarecer acuciosa y responsablemente la verdad histórica sobre los orígenes del conflicto y sus protagonistas.

Son comprensibles las dificultades para estudiar y analizar un conflicto armado tan largo y cruento como el colombiano, el cual la gran prensa y las autoridades han intentado simplificar con un discurso maniqueo promovido primordialmente a partir de la llamada “seguridad democrática”. Por eso cabe preguntarse qué entiende de Roux al hablar de “liberación”.

Es de presumir que cuando se califica de “liberadora” a la criminal guerra antisubversiva emprendida por los paramilitares que actuaron en connivencia con las fuerzas estatales, se pretende legitimar todos los desafueros cometidos por estos libertadores. ¿Acaso se están comparando estas nefandas tropelías con las gestas liberadores de Simón Bolívar?

Es claro que al hablar de una “liberación”, corremos el riesgo de reproducir el discurso oficial que busca reducir el conflicto armado a una agresión terrorista contra el Estado.  Y, más aún de esta forma se soslaya el hecho de que el paramilitarismo tiene un trasfondo económico y social y el objetivo primordial de expropiar las tierras de los pequeños y medianos campesinos con el pretexto del combate a las guerrillas. No podemos olvidar que el neoliberalismo en Colombia se instauró de la mano de la violencia paramilitar, y que fue aceitado por los dineros del narcotráfico.

El presidente de la Comisión de la Verdad aseveró también que para finales del siglo XX el Estado colombiano era un “Estado colapsado” que se “salvó” por el Plan Colombia, y concluyó asegurando que Uribe fue nombrado presidente por “la decisión de un país” que le dijo que debía ganar la guerra. Hasta ahora nos enteramos que hubo en Colombia un referendo en que el pueblo aprobó: ¿Está de acuerdo con que para ganar la guerra el presidente Uribe organice una fuerza paramilitar aliada de las Fuerzas Armadas?

La idea de un “Estado colapsado” desconoce la existencia de un conflicto social en Colombia y lo convierte por arte de birlibirloque en una agresión terrorista. ¿Por qué referirse al Plan Colombia como “salvador”? Esta pregunta, además, habría que considerarla a la luz de los informes que hablan de un fracaso de este proyecto, y que a su vez señalan cómo este agudizó más la violencia en nuestro país.

Es necesario recordar que Álvaro Uribe Vélez fue elegido presidente porque él había organizado en Antioquia las Convivir precursoras del paramilitarismo; por tanto, esta elección tuvo como finalidad fortalecer y extender por todo el país estas fuerzas depredadoras. Esta elección respondía a los intereses de Estados Unidos y de los terratenientes y ganaderos colombianos, como se ha venido a saber con las denuncias de Benito Osorio. El mesías colombiano, como lo apodó la revista Semana contó con el apoyo de la mayor parte de la prensa nacional, la misma que inventó el eufemismo falsos positivos para referirse a los graves crímenes de lesa humanidad cometidos por las Fuerzas Armadas.

El padre Francisco de Roux reconoció en su intervención que el Acuerdo de Paz de 2016 cambió la situación en Colombia al permitirnos superar los peores años de la guerra, que se habrían vivido, según lo atestiguado por la Comisión, entre 1996 y la primera década del siglo XXI. Finalmente es necesario expresar nuestra extrañeza por el contenido comentado ya que reconocemos en el sacerdote de Roux un intelectual íntegro, progresista y un gran conocedor de nuestra historia y de los problemas sociales de Colombia. Esperamos, sus sabias palabras.