Las nubes no son color de rosa

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Nevado del Tolima. Foto cortesía Carlos Moreno Rodríguez.

Ser auxiliar de vuelo es el sueño de muchas jóvenes colombianas. Una aeromoza explica lo sacrificado de esta profesión y les recomienda luchar por sus sueños de volar, aunque con los pies en la tierra

Juan Carlos Hurtado Fonseca

Cuando Beatriz Sánchez rememora su primer viaje como azafata no recuerda la ruta, aunque sabe que era un vuelo nacional. Lo que sí recuerda es que ese día cumplió uno de sus grandes sueños, por el que había esperado mucho tiempo. Aquella mañana, hace siete años, estaba orgullosa, hermosa, impecable y radiante, porque empezaba a hacer parte de ese selecto grupo de tripulaciones al que había anhelado pertenecer. Era un trabajo que había idealizado. Sabía que iba a viajar, a conocer muchos lugares, sin embargo no sabía a qué precio.

“Cuando no hacía parte de la aviación veía como engrandecido y con orgullo el trabajo de las tripulaciones, tanto de pilotos como de auxiliares. Una sobredimensionaba las labores. En ese momento inicié un nuevo estilo de vida. Todo salió bien y con expectativas de aprender muchas cosas de las compañeras con experiencia”, comenta esta auxiliar quien tiene a Cali como ciudad base.

Es una profesión en la que se está sujeto a constantes agresiones por parte de los pasajeros. Por condiciones climáticas o un problema técnico de último momento, los usuarios explotan y quieren que las aeromozas resuelvan todo. “El hecho de que los vuelos no salgan a tiempo ha generado abusos verbales a mis compañeros. Uno le hace ver al pasajero que no es culpa del auxiliar. Alguna vez nos tocó un motín a bordo y tuvimos que llamar a la policía porque no querían bajarse”.

Los sacrificios

En los momentos en que el trabajo empezó a absorber el tiempo que destinaba a su familia -a su hija-, cuando empezó a extrañar las reuniones familiares, las fechas especiales, puso su salario y sus sacrificios en una balanza para saber si valía la pena.

“Tenemos jornadas con las que se descansa muy poco, de 12 horas que casi siempre se cumplen. En vuelos nacionales existe un término que llamamos las tripletas, que son seis vuelos nacionales. Es decir, hay que estar reportada en el aeropuerto a las 5 am. Una se debe levantar tipo 3:45 y está regresando a casa a las cuatro de la tarde. Es un horario muy largo. En teoría llego temprano pero vengo de una jornada que absorbió mucho tiempo y energía”.

El trabajo hizo que Beatriz tuviera que vivir lejos de su esposo por cuatro años. Hasta ahora vuelven a estar juntos. “Teníamos dos casas, nos tocó negociar y él finalmente decidió dejar su trabajo. Tengo una hija de 17 años, durante los años de trabajo me ha tocado dejarla muchas veces sola, cuidada por otras personas. En varias oportunidades no podía verla ya que cuando yo llegaba, ella ya no estaba o lo contrario. Para los auxiliares de vuelo el tiempo es muy importante y nos acostumbramos a trabajar a cronómetro, por eso cuando compartimos con la familia, ese tiempo es de calidad”.

No solo las extensas jornadas afectan la vida familiar de los auxiliares de vuelo, quienes deben pasar gran parte de sus vidas a 30 mil pies de altura. Los cambios repentinos en la programación son pan de cada día. “A veces, aunque se tiene un itinerario, una programación, simplemente porque la operación lo exige se presentan cambios. Entonces, por ejemplo, yo me programé para pedir una cita médica o una cita familiar para después de mi jornada, y dicen que la operación requiere cambios, le corren a uno el horario. Tenemos un itinerario pero por más que ellos digan que lo cumplen siempre están modificándolo y se puede llevar las 12 horas completas”.

Otro de los atropellos de Avianca, empresa para la que trabaja, son los arbitrarios trasladados a otras ciudades base o de residencia para cumplir con la operación. Varios de sus compañeros han soportado desde hace años vivir lejos de sus familias. No han podido regresar a sus lugares de origen. Fue uno de los temas determinantes para que haya decidido vencer sus miedos y sindicalizarse.

“Hay un caso puntual en Cali de un grupo de 20 compañeros que fueron trasladados a esta base, hace tres años. Dejaron sus familias, sus parejas, sus hijos, todo. Cuando se firma el contrato de trabajo uno está aceptando ser trasladado a otra ciudad. Ellos han pasado cartas a la lideresa, a relaciones laborales y no han sido escuchados, aunque hay mucha gente que quiere ser trasladada a Cali. Entonces estamos hablando no de salud física sino emocional. Con estas cosas uno dice: ‘la solución está en un sindicato, sindicalizarme es la mejor opción’, también pensando en temas de salud, de accidentes laborales o enfermedades profesionales”.

La aerolínea

Avianca es una empresa que cuenta con 1.150 pilotos hombres y 55 mujeres, 550 auxiliares de vuelo hombres y 1.320 mujeres. De estos, 60 pilotos y 50 aeromozas, más algunos trabajadores en tierra hacen parte de Sintrava, organización a la que pertenece Beatriz Sánchez. Ella también hace parte del equipo de negociadores que actualmente discute un petitorio con la administración de la entidad.

De esta negociación también esperan que se dé cumplimiento a una sentencia de la Corte Constitucional en la que se exige a la aerolínea la nivelación de las condiciones laborales de todo su personal: el sindicalizado y no sindicalizado.

La persecución sindical en esta empresa ha sido denunciada en varias oportunidades por sus trabajadores y organizaciones sindicales. “El sentir de los auxiliares de vuelo es sindicalizarse, pero existe temor. El temor que yo tuve. Los tipos de contrato han cambiado de acuerdo con los cambios de generaciones. Ahora tenemos un contrato a término fijo. A la gente le da miedo quedar reseñada”.

Beatriz es enfática cuando dice que los salarios no se compadecen con las jornadas laborales. Pero tampoco con las ganancias que según el mismo presidente de la compañía, Fabio Villegas, reporta. La firma pasó de generar ingresos por 709 millones de dólares en 2004 a facturar 4.700 millones de dólares en 2014. Y 290 millones de dólares de utilidad operacional el año pasado.

No solo eso. En el año 2006 Avianca ganó el premio Portafolio en servicio al cliente, reconocimiento que se debe en gran parte al trabajo de los auxiliares de vuelo.

Con todas estas injusticias, atropellos y sacrificios, y al ver la cantidad de centros educativos para aeromozas, Beatriz recomienda a muchas jóvenes que está bien que luchen por sus sueños, aunque con cuidado. “Se sacrifican muchas cosas alrededor de esta profesión. Muchas personas tienen las percepción que ser auxiliar de vuelo es viajar y viajar, pero no se trata solo de eso. Es cosa de poner en una balanza la familia, su tiempo, su estabilidad emocional y el sueldo, que no es acorde con el sacrificio. Deben saber que si quieren volar, lo primero que deben hacer es aterrizar…”.