sábado, abril 5, 2025
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Las mujeres trabajadoras y el cambio

Editorial VOZ 3164 – Edición violeta 8M

Conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, desde este semanario, pregón y faro de las comunistas y de la izquierda colombiana, es una feliz oportunidad. VOZ y el Partido Comunista Colombiano, con las banderas de la justicia de géneros y equidad para la mujer, justicia social, ambiental y paz total, defienden e impulsan el programa del Pacto Histórico y las reformas lideradas por Gustavo Petro y Francia Márquez.

Esta oportunidad es propicia para recordar que dentro de las y los miles de camaradas y luchadores populares caídos en la cruzada anticomunista y en la atrocidad de la guerra sucia y del terrorismo de Estado adelantada por la burguesía colombiana, las mujeres han puesto una alta cuota de vidas sacrificadas. ¿Cómo no mencionar aquí los nombres de Norma Patricia Galeano, Marilyn de la Hoz, María Concepción Bolívar, Luz Marina Ramírez, Orfelina Sánchez, María Mercedes Méndez, Diana Cardona Saldarriaga y Ana Fabricia Córdoba?

Nos corresponde conmemorar y honrar la vida y obra de las pioneras y gestoras del movimiento internacional de defensa de los derechos humanos de las mujeres, obra que las coloca en el sitial que hoy se les reconoce. Entre esos nombres ilustres, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kolontai, Simone de Beauvoir, Angela Davis, María Cano y Yira Castro.

La lucha histórica de las mujeres en general y de las comunistas en específico, se conecta hoy con los cambios y las reformas en que están empeñados el presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez. Reformas como la tributaria progresista y equitativa, que avanza a buen ritmo, las fundamentales en curso, de la salud, pensional y laboral, deudas pendientes de la Constitución de 1991 producto de la resistencia del establecimiento a cualquier medida que tocara sus privilegios, son todas transversales a la gesta que hoy conmemoramos. Y lo son, no sólo porque llevan implícito el enfoque de género, sino porque van favor de las grandes mayorías nacionales y hacen por el bien de todos y todas. Esta ha sido nuestra causa y nuestra lucha desde siempre.

Son inmensos y complejos los retos y las metas en las que está empeñado el Gobierno del cambio nacido de esta trascendental convergencia, en buena hora creada y sin antecedentes en la historia política de Colombia que se llama el Pacto Histórico. La calve está en ampliar la convergencia a otras fuerzas democráticas, lograr la pervivencia de la experiencia transformadora, cumplir con el mandato recibido y hacer de nuestra nación un modelo de sociedad en paz total con justicia social.

Porque la nueva la historia no termina en este período presidencial, sino que en él comienza. De eso se trata. Así, resulta imperativa la vocación de permanencia del Pacto en la perspectiva del frente amplio, si no se quiere que la derecha que se resiste a la pérdida del poder y con las baterías siempre listas y dispuesta a no reparar en gastos para recuperarlo, lo consiga. Y esos “gastos” ya han dado asomos de qué carácter pueden ser.

Dentro de las anunciadas metas, además de las ya nombradas, está el Plan Nacional de Desarrollo – PND, ‘Colombia Potencia Mundial de la Vida’ recién presentado al Congreso, hoja de ruta del país hasta el 2026. El PND contiene iniciativas tan sustanciales como una nueva política de drogas, la cual supone liberarse de la servidumbre que le han impuesto los Estados Unidos al país durante casi cuarenta años.

También un plan especial para titular tierras, con enfoque de género y diferencial, al campesinado que las haya poseído por tres años, es un paso firme en la reforma agraria, la más debatida y disputada de cuantas reformas se hayan pretendido en Colombia, tanto que su omisión es reconocida causa principal del conflicto social y armado. Y dentro de los puntos sociales del Plan, está la política de Hambre Cero para garantizar sostenibilidad y seguridad alimentaria, entregando mercados directamente a la pobrería a fin de extirpar ese cáncer y vergüenza que es que la gente se acueste sin comer o se alimente una vez al día.

Este 8 de marzo, el llamado sororo es a las mujeres colombianas para que fieles a la rebeldía heredada de Manuela Beltrán, Antonia Santos y Policarpa Salavarrieta, entre tantas, nos coloquemos a la vanguardia en la construcción del nuevo país, obra en la que ya somos partícipes en primera línea, a través de la querida ministra del Trabajo Gloria Inés Ramírez Ríos, mujer dialogante, comunistas y que lidera junto al presidente Petro complejos retos en materia laboral y pensional.

El compromiso militante y de millones de trabajadoras y trabajadores es estar junto a ella y al gobierno del cambio haciendo pedagogía y movilizándonos para sacar adelante las reformas que el país necesita. Las mujeres estamos allí en primera línea, luchando, aportando y construyendo.

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