viernes, abril 4, 2025
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La unidad de las izquierdas, una trayectoria histórica (II)

De cara al siglo XXI el régimen político mantuvo su carácter excluyente. Por ello, lo logrado por la convergencia de centroizquierda recientemente ganadora es una conquista en la larga lucha por la unidad de las izquierdas y sectores alternativos

Alejandro Cifuentes

Desde mediados del siglo XX la exclusión política y la falta de garantías democráticas se hicieron problemas más agudos. Desde 1946 se comenzó a gestar un nuevo conflicto armado marcado por las disputas bipartidistas, pero que en el fondo de este subyacían conflictos sociales. Los terratenientes y los sectores más reaccionarios de la burguesía desataron la persecución de las organizaciones populares que consideraban demasiado empoderadas por la “Revolución en Marcha” y el comunismo.

La violencia llevó a la desarticulación de muchas organizaciones sociales, y trajo consigo un periodo de dictaduras que supuestamente se superó con el acuerdo bipartidista del Frente Nacional. Este instituyó una democracia restringida y no fue capaz de superar el conflicto armado. De esta forma, los sectores de izquierda y demócratas buscaron la unidad para luchar contra la exclusión, las garantías democráticas y la paz.

La unidad para frenar la violencia

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán se ha convertido en un mito de origen, pues colectivamente le hemos atribuido al magnicidio ser la causa última del conflicto armado. Sin embargo, la violencia se había desatado desde 1946, tras el ascenso del conservador Mariano Ospina, y esta estaba ligada a los conflictos sociales que se desenvolvieron con el proceso de modernización.

Los conservadores ganaron la presidencia gracias a la fractura del liberalismo, que dividió sus votos entre el candidato oficialista Gabriel Turbay -apoyado por los comunistas-, y el ascendente caudillo Gaitán. Aunque ya antes del fin del régimen liberal la reacción se había puesto en marcha, algo visible en hechos como el intento de golpe de Estado y la liquidación de la Ley de Tierras en 1944, o durante la huelga de la Fedenal en 1945, Ospina dio rienda suelta a la violencia, sobre todo con la represión de campesinos e indígenas.

Así pues, la situación apremiaba la unidad de las fuerzas democráticas. El Partido Comunista en 1947, planteó la idea de conformar un frente democrático que reuniera a todas las fuerzas de oposición a Ospina, con el fin de frenar la violencia y defender al campesinado que estaba siendo despojado.

Es por eso que en el periódico comunista Vanguardia Popular, a lo largo de sus ediciones de 1947, se pueden ver los reiterados llamados a juntar fuerzas con los liberales en manifestaciones públicas, mientras llamaban a la unidad de acción al pueblo conservador. Además, el periódico comenzó a hacer eco de las acciones de Gaitán, iniciando un acercamiento con el carismático líder, con quien los comunistas habían mantenido relaciones muy tensas durante la campaña presidencial de 1946, así como en épocas de la UNIR.

Contra el régimen de democracia restringida

Tras el asesinato de Gaitán se agudizó la violencia y se instauró un periodo de dictaduras cuando Ospina cerró el congreso. Los comunistas pasaron a la clandestinidad dada la dura persecución oficial, y promovieron en el campo la conformación de grupos de autodefensa campesina. En zonas como el Tolima, estos coincidieron en la lucha armada con liberales, muchos de ellos de ascendencia gaitanista.

Y a pesar de que liberales y un sector del conservatismo intentaron pacificar el país con el golpe del general Rojas, tuvieron que transcurrir cuatro años más para lograr retornar a la formalidad democrática. Esta vez, los partidos tradicionales llegaron a un acuerdo en bloque para regresar la normalidad institucional. Dicho acuerdo consistía en la repartición paritaria de las corporaciones del Estado y la alternación consensuada en la presidencia entre liberales y conservadores.

El acuerdo, conocido como Frente Nacional, se celebró como un retorno a la democracia, pero en realidad este instauró un régimen de democracia restringida, donde se interrumpía el libre juego de los partidos mientras se recurría constantemente al estado de sitio para reprimir las voces disidentes.

Como era de esperarse, terceras fuerzas políticas se opusieron a semejante acuerdo, pero también hubo sectores de los partidos tradicionales críticos con este.

El hijo del expresidente López Pumarejo, Alfonso López Michelsen, expresó críticas al Frente Nacional por relegar a los comunistas, y a cualquier nuevo partido que surgiera, a ciudadanos de segunda clase obligados a elegir solo representantes del bipartidismo.

Según los testimonios de Humberto Oviedo, esto implicó un acuerdo tácito entre liberales y todos aquellos que se oponían a la exclusión institucionalizada por fuerza de ley. Así surgió el Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, llamado así por la presión de comunistas que hicieron presencia en él, como el mismo Oviedo, Juan de la Cruz Varela o Antonio Barberena.

Tras la integración de López Michelsen al oficialismo en 1968, apareció el MRL del Pueblo, donde siguieron colaborando liberales críticos y comunistas. Pero para ese momento ya también ganaban fuerza nuevas colectividades que desafiaban el bipartidismo como la Anapo, o agrupaciones maoístas, trotskistas y grupos entusiastas de la Revolución Cubana.

Unidad por la paz y garantías democráticas

La década de 1970 marcó el fin del Frente Nacional, pero no el del monopolio bipartidista. En 1971 los comunistas lanzaron una campaña por la unidad de las fuerzas democráticas de la izquierda, que al poco tiempo, y dada la represión a las luchas campesinas y obreras, llevó a una alianza electoral de la oposición para la consecución de garantías democráticas. Así surgió la Unión Nacional de Oposición, UNO, donde confluyeron el Movimiento Amplio Colombiano, el Movimiento de Izquierda Liberal, el Partido Demócrata Cristiano, ANAPO socialista, el MOIR, entre otros.

La UNO participó en las campañas electorales de 1974 a 1982, ganando escaños en senado, cámara, asambleas y concejos municipales. Además, acompañó las principales luchas sociales del periodo. Su avance causó pavor en el Establecimiento, que respondió con la represión sistemática que llevó a la muerte, desaparición o exilio de muchos de sus militantes y colaboradores.

Ante la persecución, la dirigencia de la UNO buscó nuevos caminos de unidad, y así se conformó el Frente Democrático donde se encontraron el Partido Liberal Popular y Firmes. Pero en la década de 1980 pareció abrirse una nueva etapa en el país, pues el gobierno de Belisario Betancur inició diálogos de paz con las FARC, la ADO y el M-19, lo que le dio nuevos aires a las iniciativas de unidad. En 1985 apareció la Unión Patriótica para acompañar los diálogos, y en la que participaron excombatientes de las FARC, los comunistas, y sectores demócratas de los partidos tradicionales.

Esta coalición logró una votación récord para un candidato presidencial de izquierda en los comicios de 1986, y logró una buena cantidad de escaños en el parlamento, las asambleas, los concejos municipales y las alcaldías. Pero como pasó con la UNO, el avance de la UP fue respondido por el Establecimiento con un plan de exterminio sistemático, el cual también se le aplicó a los movimientos A Luchar y Firmes.

De cara al siglo XXI el régimen político mantuvo su carácter excluyente, mientras el conflicto se profundizó con el cruento accionar de los paramilitares.

Por ello, las fuerzas de izquierda siguieron firmes en su lucha por la unidad, y veremos la aparición de nuevas iniciativas como el Frente Social y Político, el Polo Democrático Independiente y el Polo Democrático Alternativo, organizaciones que le hicieron frente al auge paramilitar y del uribismo, y además protagonizaron el ascenso de la izquierda en Bogotá. Así pues, podemos considerar que lo que ha logrado el Pacto Histórico es una conquista en la larga lucha por la unidad de las izquierdas.

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