La unidad de las izquierdas, una trayectoria histórica (I)

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Gilberto Vieira White interviene en el primero de mayo de 1936. Foto archivo

La victoria del Pacto Histórico no surgió de la nada. Lo ocurrido el pasado domingo puede y debe entenderse como el máximo logro de todas las fuerzas populares, democráticas y revolucionarias que desde hace muchos años vienen construyendo la unidad

Alejandro Cifuentes

Es evidente que lo ocurrido el pasado 19 de junio constituye un hecho sin precedentes en nuestra historia: un candidato presidencial que representa a una coalición de izquierdas consiguió la victoria en las urnas con la más alta votación registrada hasta ahora. Esto se suma al éxito alcanzado en los comicios parlamentarios del 13 de marzo.

Sin embargo, es muy importante considerar que la victoria del Pacto Histórico no surgió de la nada, y que el Pacto en sí mismo no es un fenómeno inédito en la sociedad colombiana. Lo ocurrido el pasado domingo puede y debe entenderse como el máximo logro de todas las fuerzas populares, democráticas y revolucionarias que desde hace muchos años vienen propugnando por la unidad de las izquierdas como parte de su lucha contra el excluyente régimen político de nuestro país.

El Pacto Histórico encarna las banderas de organizaciones que le precedieron, como la Unión Nacional de Oposición, la Unión Patriótica o el Polo Democrático, las cuales incluso llegaron a sacrificarse para conseguir conquistas fundamentales en aras de la apertura democrática.

Por la autonomía política de la clase obrera

Los primeros desafíos al excluyente régimen bipartidista se remontan a poco más de un siglo. Para la década de 1910 había muchas expectativas en torno al movimiento republicano, una coalición de liberales y conservadores que dejaron a un lado sus diferencias para luchar contra las aspiraciones de Rafael Reyes de aferrarse al poder indefinidamente. El tono de reconciliación de los republicanos generó esperanzas sobre el surgimiento de un tercer partido que superara las sempiternas rencillas bipartidistas. No obstante, en cuanto se conjuró la amenaza de Reyes, el movimiento se desarticuló, y sus integrantes retornaron a sus respectivas toldas azules y rojas.

Pero en los sectores populares, sobre todo entre artesanos pobres y los primeros núcleos de obreros, el republicanismo caló. La naciente clase obrera tomó del republicanismo la idea de que el bipartidismo no representaba los intereses del pueblo colombiano, y por eso hizo propia la lucha por la autonomía política de los trabajadores.

Según periódicos como la Voz del País y la Gaceta Republicana, en las elecciones de poder local de 1911 se inscribieron por primera vez listas obreras, e incluso en Bogotá la lista obrera ganó escaños en el concejo municipal, manteniendo a flote al movimiento republicano en la capital.

Desde entonces, y a lo largo de esa década surgieron varios proyectos políticos que intentaron agrupar a los obreros fuera del marco bipartidista, La Unión Obrera de Colombia, el Partido Obrero, el Sindicato Central Obrero, pero el momento clave llegó en 1919, cuando diversas organizaciones obreras se unieron en el Partido Socialista, PS. Esta organización era más bien moderada y cercana al liberalismo, aunque en su plataforma siempre enfatizó la autonomía política de los obreros, pues consideraba que ninguno de los dos partidos tradicionales representaba verdaderamente los intereses de los trabajadores.

El PS se presentó a las elecciones a concejo en 1921, y en ciudades como Medellín sus listas llegaron a desplazar a los liberales, siendo la segunda fuerza más votada. Pero en 1922, los socialistas traicionaron su más importante principio, el de la autonomía: apoyaron la candidatura presidencial de Benjamín Herrera en condiciones que los dejaron a la zaga del Partido Liberal, sacrificando de esta manera su independencia. 

Por la unidad de la clase obrera

Tras la derrota electoral de Herrera, el PS entró en quiebra, pero muchos de los líderes obreros y socialistas intentaron reunificar el movimiento obrero para lograr la ansiada independencia política. Así, en mayo de 1924 sesionaron simultáneamente los congresos Obrero y Socialista. El primero buscaba unificar la acción gremial de los trabajadores, y el segundo reconstruir la organización política de la clase obrera. Ambos eventos llegaron a tener cobertura de prensa nacional, como en los periódicos El Tiempo y El Espectador, y las revistas El Gráfico y Cromos.

El Congreso Obrero no resultó muy fructífero, pues la presencia clerical y bipartidista fue abrumadora. Y en el Congreso Socialista hubo un enfrentamiento entre sectores moderados que buscaban reconstruir el PS, para lo cual redactaron, bajo la dirección de Francisco de Heredia el Programa del Partido Socialista, y los radicales cercanos al ruso emigrado Silvestre Savitsky, que declararon la formación de un partido comunista integrado a la Tercera Internacional. No obstante, ni moderados ni radicales lograron poner en marcha sus proyectos.

Solamente hasta 1926 se logró congruencia entre la organización sindical y la organización política del proletariado colombiano. En noviembre de ese año, durante el III Congreso Obrero, se creó el Partido Socialista Revolucionario, PSR, que se apoyó para el trabajo de masas en la Confederación Obrera Nacional, CON, creada un año antes por iniciativa de grupos anarquistas.

El PSR orientó el potente movimiento huelguístico hasta el año de 1928, pero su decisión de organizar un alzamiento armado contra el gobierno conservador lo aisló de la lucha de masas. No obstante, los socialistas revolucionarios se presentaron a las elecciones de 1930 con Alberto Castrillón como candidato a la presidencia. Pero el partido se encontraba demasiado disperso para sacar provecho de la crisis política conservadora que él mismo había ayudado a gestar.

La lucha por las reformas progresistas

El Partido Comunista surgió en 1930 de la iniciativa de socialistas revolucionarios por reconstruir la organización sobre la base de los principios leninistas. Durante su primer lustro de existencia, los comunistas se orientaron por una política sectaria que los llevó a conflictos con otras organizaciones populares como la UNIR de Gaitán.

Aunque esto no les impidió a los comunistas darse a la lucha electoral: en 1934 presentaron como candidato al indígena Eutiquio Timoté, único contendiente del liberal Alfonso López; y al año siguiente se presentaron a las elecciones de poder local. Líderes como Víctor Julio Merchán, Ignacio Torres, Manuel Marulanda y Gilberto Vieira se convirtieron en los primeros concejales comunistas del país.

El sectarismo comenzó a romperse tras el VII Congreso de la Internacional Comunista, donde se planteó la política de Frente Popular para encarar al ascendente fascismo. Esta planteaba la necesidad de la unidad política y sindical con todas las fuerzas de avanzada para defender las libertades democráticas. La experiencia misma había llevado a los comunistas colombianos a plantearse la unidad de acción con variados sectores que incidían en el movimiento obrero, como se puede ver en el periódico Tierra.

Entre 1935 y 1937 se le dio forma a la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, donde confluyeron socialistas, liberales, anarquistas y comunistas, con el fin de crear una organización obrera clasista a nivel nacional.

Además, la política de Frente Popular llevó a los comunistas a reconocer de manera crítica los avances del gobierno de López, sobre todo frente a legislación de tierras y a las reformas constitucionales anticlericales. El momento culmen de esta política se dio el primero de mayo de 1936, cuando una manifestación masiva de obreros llegó al palacio presidencial, donde los líderes sindicales de corrientes diversas, entre los que se contaba Gilberto Vieira, se tomaron la palabra en compañía del presidente López.

Los comunistas lograron entonces promover la unidad para luchar contra los sectores más reaccionarios de la burguesía y el conservatismo, que incluso se reivindicaban como fascistas, y que se oponían a las reformas democráticas de López. Sin embargo, se mantuvieron rencillas con líderes populares como Gaitán, con quien se llegaría a un acuerdo tan solo semanas antes de su asesinato, cuando el país se dirigía al crítico periodo de La Violencia.