La reforma pensional: Ataque al régimen de prima media

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Oficinas del Seguro Social cerradas por protesta de trabajadores en Medellín. Foto Juan Carlos Hurtado Fonseca.

Carlos Fernández*

La propuesta de una nueva reforma pensional por parte del gobierno se basa en un diagnóstico que señala como evidencias de los problemas que afronta el sistema actual a la baja cobertura del mismo, a la informalidad de la economía y a la inequidad del actual régimen de prima media. En cuanto a lo primero, vemos que, en efecto, el 63% de la población mayor de 60 años no tiene pensión.

Oficinas del Seguro Social cerradas por protesta de trabajadores en Medellín. Foto Juan Carlos Hurtado Fonseca.
Oficinas del Seguro Social cerradas por protesta de trabajadores en Medellín. Foto Juan Carlos Hurtado Fonseca.

En cuanto a la informalidad, el régimen económico dominante, más que informal, es un régimen con elevados niveles de empleo precario bajo los que se esconde un desempleo que no figura en las estadísticas, producto del modelo de desarrollo imperante, que no utiliza el grueso de las utilidades de las grandes empresas para generar beneficios sociales estables a la población. En cuanto a la inequidad, se plantea que el denominado «subsidio» otorgado por el Estado beneficia más a quienes tienen una pensión más alta que al grueso de los pensionados que reciben hasta dos salarios mínimos de pensión.

El núcleo del problema

El núcleo del problema de la baja cobertura radica, en efecto, en una estructura económica basada en la protección a los grandes capitales y en el menosprecio por la población más pobre. El gobierno decide atacar la llamada informalidad con medidas como la reforma tributaria, recientemente aprobada por el Congreso Nacional, con la cual se pretende que los asalariados medios sean los que financien los ingresos parafiscales que se dejan de percibir por la exención que se les hace a los empresarios en materia de pagos para el sostenimiento del SENA, el ICBF y la salud.

La ley 100

Pero el sistema pensional comenzó a afectarse desde la expedición de la ley 100 de 1993, cuando se creó el nefasto régimen de ahorro individual (RAIS) que dejó en pie un sistema con dos pilares: éste del RAIS y el de prima media (RPM), pero con un agravante: que, en el momento de su expedición, el ISS se quedó con los pensionados y los fondos de pensiones privados con los cotizantes. Cuando estos se dieron cuenta de que lo que podían esperar del RAIS era mucho menos que lo que les daría el RPM, iniciaron un traslado masivo a este régimen, lo que llevó a los teóricos del neoliberalismo, como los actuales ministro de Hacienda y jefe del DNP, a señalar que había que acabar con el RPM.

Otro hito en esta historia fue dado cuando se resolvió que había que liquidar el ISS, para lo cual se le sustituyó por Colpensiones, con el fin de manejar el RPM y darle un golpe mortal a la organización sindical. Para ello, se adscribió a esta última entidad al sistema financiero, con lo que los recursos de las pensiones pasaron de ser un ahorro respaldado por la Nación a formar parte del mercado de capitales, con los riesgos que éste entraña.

La puñalada trapera

La nueva propuesta es una puñalada trapera, que se orienta en tres direcciones principales. La primera, sustituir el sistema pensional por un régimen de protección a la vejez a través de programas como los Beneficios Económicos Periódicos y el del Adulto Mayor, que no son sino la expresión del «neoliberalismo social» de que hablara el profesor Jairo Estrada en un artículo del Nº 20 de la revista Taller. La segunda dirección consiste en darle un golpe de gracia al RPM al establecer que el gobierno sólo «subsidiará» las pensiones hasta un salario mínimo, de manera que las cotizaciones que aseguren un nivel más alto que el salario mínimo pasan automáticamente a ser parte del RAIS.

Con el cuento del «subsidio», el gobierno está metiendo gato por liebre, pues se trata de considerar como tal los aportes del presupuesto nacional que deben destinarse al pago cumplido de las pensiones y que corresponden a lo que no se aportó a los recursos del ISS durante años de su existencia, para complementar el aporte de los trabajadores, con lo cual se pretende negar derechos adquiridos por todos los que perciben una pensión.

Otra cosa es el «carrusel de las pensiones» que debe ser tratado, caso por caso, por la vía judicial. Por último, se presenta un cambio en la institucionalidad, al proponerse que Colpensiones reciba aportes dentro del RAIS y los fondos de pensiones, a su turno, reciban aportes correspondientes al RPM. Ya se ha anunciado el desbarajuste en que inicia operaciones Colpensiones, con lo que se busca que todos los recursos sean manejados por los fondos privados.

Las reivindicaciones

Ante esta arremetida, sólo cabe una movilización que involucre a los pensionados, a todos los trabajadores y, en particular, a aquellos que están próximos a pensionarse. Un movimiento por una pensión decente debe levantar como reivindicaciones mínimas las siguientes:

Eliminar el régimen de ahorro individual de manera que el de prima media se vuelva sostenible.

Dejar establecido un solo régimen pensional, basado en la solidaridad intergeneracional, con una sola institucionalidad en la que la Nación garantice los aportes al fondo común pensional.