El imperialismo atropella a los más pobres

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José R. Llanos

El hombre del común no puede entender que la otrora superpotencia tenga grandes dificultades para financiar la educación, la salud y la política de prevención de las enfermedades prevenibles, igual que le acontece a los países que antes llamaron de la periferia. Pero no se vaya a creer que es un problema de recursos, ya que sus arcas están repletas de las riquezas que le escamotean a todos los países y que trasladan en forma de ganancias de los monopolios que parasitan en todo el orbe. El problema es un poco más complejo: es de naturaleza ideológica-económica.

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El ciudadano estadounidense, que suele creer que es el más libérrimo de todo el orbe, es prisionero de la cárcel cuyos barrotes son los partidos Demócrata y Republicano. Fuera de estas colectividades no hay salvación, mejor dicho no tienen ninguna opción.

La tortura del secuestro

En vista de que ni los republicanos convencían a los demócratas, ni estos a aquellos sobre una fórmula que resolviera definitivamente el impase de financiar los gastos que requieren la salud, la educación, la defensa, en el año de 2011, para evitar el abismo fiscal, el presidente Obama aceptó el llamado “secuestro”, que consiste en que mientras el senado y la cámara de representantes se ponen de acuerdo en una política para financiar los gastos de la nación, el presidente debe retener un 9% del presupuesto nacional. Realmente el nombre dado al procedimiento es consecuente con las secuelas de su implementación.

El impacto sobre los norteamericanos pobres

Ya el presidente Obama debe recortar 860 millones de dólares a la educación primaria y secundaria; reducir 30 millones a la asistencia sanitaria pública; privar de recursos al programa de asistencia a las mujeres afectadas por la violencia de género. El mismo presidente de la nación declara su preocupación porque tiene que licenciar a 10 mil docentes, sin ninguna indemnización.

Por supuesto el “secuestro” tendrá un severo y grave impacto sobre las políticas de protección de medio ambiente, que como sabemos aún normalmente ni siquiera están suficientemente financiadas. El escamoteo a las actividades de gran impacto positivo sobre el estadounidense de bajos ingresos y aun de ingreso medio, resiente las políticas sociales de manera ostensible, tal ocurre con las acciones para paliar la situación de los hombres y mujeres de la tercera edad, los discapacitados y los desempleados.

Golpe a los guerreristas

A pesar de todo, “el secuestro” reporta algo altamente positivo no sólo para la población americana, sino para todo el mundo: golpea a los guerreristas: los mismos voceros oficiales declaran que los recortes también disminuyen el presupuesto de la defensa -léase guerra- en cuantía de 5.392 millones de dólares. Es de tal naturaleza la suma que no se ha podido despachar hacia el Golfo Pérsico un portaaviones.

Tienen que despedir 107 mil trabajadores al servicio del Ejército. Incluso en el estado de Hawai, deberán licenciar a 19 mil hombres de la base de Pearl Harbor. El estado de Virginia cancelará el mantenimiento de 11 naves de guerra ancladas en Norfolk, además este es el estado que deberá despedir el mayor número de empleados vinculados al sector militar.

El aspecto ideológico del asunto se expresa de la siguiente manera: mientras los demócratas defienden la financiación mediante el incremento de los impuestos a los más ricos, los republicanos pretenden disminuir los gastos a costa de privar a los más pobres de alguna asistencia del estado. En síntesis, están enfrentados neoliberales y ultraneoliberales. Las víctimas de enfrentamiento son, como siempre, los indigentes del país de la plutocracia.