“La paz no se desliga de la lucha política”

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Las comunidades afectadas por el conflicto serían las mayores beneficiadas con un cese bilateral entre el Gobierno nacional y el ELN. Foto Marcha Patriótica

Mientras en Caracas se reúnen el Gobierno y el ELN para resolver la reciente tormenta que desató el anuncio del cese bilateral no acordado, en el Valle del Cauca y Chocó inicia una caravana humanitaria acordada en la mesa. Para profundizar sobre este tema, VOZ dialogó con el analista político Alejandro Mantilla

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

Después de la tormenta viene la calma. En Caracas se reúnen de manera extraordinaria las delegaciones de paz del Gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional, ELN, con el objetivo de superar el impase que produjo el apresurado anuncio del cese bilateral que no fue acordado.

Además, y de manera simultánea, se realiza la caravana humanitaria en Bajo Calima, Valle del Cauca, y en Medio San Juan, Chocó, con delegados de ambas partes dando cumplimiento a una iniciativa acordada en diciembre de 2022. En resumen, es una semana clave para el futuro de la negociación de paz entre el gobierno de Gustavo Petro y el ELN.

Para profundizar sobre lo acontecido, VOZ dialogó con el filósofo, profesor universitario y analista político Alejandro Mantilla sobre las dimensiones de la política de paz total, la importancia del cese multilateral del fuego, las tensiones de la negociación con el ELN y el papel de las organizaciones sociales con la oportunidad histórica de cerrar el ciclo de violencia.

Exceso de aceleración

¿Qué es lo más innovador que tiene la política de Paz Total impulsada por el Gobierno nacional?

-Es sin duda una política ambiciosa. Este gobierno tiene dos características que nos permiten pensar en una oportunidad histórica. Lo primero es que Petro se ha comprometido con transformaciones que son claves para buscar genuinos acuerdos de paz con los rebeldes políticos. Lo segundo es que hay un discurso innovador sobre la política de drogas, lo cual puede ser atractivo para los grupos delincuenciales organizados para lograr un sometimiento efectivo.

¿Cuál es la evaluación que se podría hacer hasta el momento de la Paz Total?

-El gobierno está pecando por un exceso de aceleración. Lo que nos ha enseñado la experiencia es que las negociaciones toman tiempo y los hechos de paz no son inmediatos. El desatino de Petro al proclamar un cese al fuego bilateral con el ELN que no tenía ningún tipo de conversación avanzada, revela también que puede existir improvisación. El problema de la propuesta de Paz Total no es que sea ambiciosa, porque pueden darse estructuras de oportunidad para lograr ese objetivo. Pero ser ambicioso improvisando, es una receta problemática.

El año nuevo comenzó con el anuncio de un cese multilateral de fuegos, que inicialmente fue esperanzador, pero que rápidamente ha tenido muchos tropiezos. ¿Por qué es tan importante para el país que se concrete y se verifique una tregua?

-La propuesta del cese multilateral al fuego, si se diera exitosamente, puede generar tres resultados interesantes. El primero es que les da confianza a los distintos procesos de diálogo. Lo segundo es que permite salvaguardar la vida de muchas comunidades afectadas por el conflicto. Finalmente, en el caso concreto con el ELN, que se está hablando de alivios humanitarios en el occidente del país o de condiciones para la participación social, podría establecer garantías para concretar estas dinámicas.

Lecciones

Alejandro Mantilla Quijano

El ELN ha desmentido con beligerancia lo dicho por el Gobierno nacional. Sin embargo, la mesa se está reuniendo extraordinariamente en Caracas. ¿Podemos decir que hay crisis?

-Esperamos que lo que ocurra en los siguientes días evidencie que hubo una amenaza de crisis que no se hizo efectiva. Sin duda la salida en falso de Petro produjo un ruido innecesario. Pero más allá de ese impasse, incluso más allá del tono fuerte que usó el ELN en su comunicado de respuesta, el hecho que se reactive la mesa de manera extraordinaria en Caracas y que el cese bilateral sea un punto clave para lo que viene en México, es buena noticia.

Hay lecciones que pueden ser un poco obvias, pero hay que hacerlas explicitadas. Primero, bajarle a la diplomacia del micrófono y el Twitter. Lo segundo es no vacilar con el reconocimiento político hacia el ELN. Es urgente generar, tanto dinámicas de confianza como reconocimiento del otro. No es lo mismo un proceso de sometimiento que una negociación política. Ahí está una lección clave, tratar a cada actor armado desde su particularidad.

Todos los análisis sobre la mesa de negociación con el ELN se enfocan en diferenciar a esta insurgencia con las antiguas FARC-EP. En su opinión, ¿Cuál es el mayor diferencial de esta negociación con el ELN?

-Hay un asunto que no es menor y es que el ELN se ve a sí mismo como la última guerrilla en armas. Esto implica que esa organización le da mayor importancia a una posibilidad de una dejación de armas. Hay otro argumento que produce preocupación y es el incumplimiento del Acuerdo de Paz con Farc. Es un antecedente muy negativo para una guerrilla como el ELN, que ha sido más rehacía a negociar, que ha buscado transformaciones más profundas vía negociación y que plantea una estrategia de participación social que complemente la negociación. Y ese es el tercer punto. Para el ELN solo puede existir paz si hay transformaciones.

Sobre la participación y la agenda

Mucha gente es escéptica con la agenda de negociación con el ELN. Por ejemplo, se cuestiona la idea de la participación social por ser abstracta…

-Por supuesto, es una propuesta abstracta. Es muy difícil concretar la participación en acciones específicas. Ha sido más una consigna, que un procedimiento o un método. Se ha hablado mucho de participación de la sociedad, pero no se ha dicho cómo se va lograr. No hay claridad, ni en el procedimiento ni en cuáles serían los grupos sociales que participan.

Por el momento, la iniciativa se mantiene como consigna del ELN que está muy ligada a su noción del poder popular, de la construcción de abajo hacia arriba de la política. Sin embargo, en mi opinión, la ventaja de plantear una participación de la sociedad en el proceso es que permite una refrendación permanente.

¿Le gusta la agenda de Quito que se retomó en Caracas?

-Tiene un más y un menos. El más es que da una imagen de continuidad y proyecta la idea que el ejército rebelde está conversando con el Estado. Pero tiene un menos, pues no es lo mismo negociar con Santos que con Petro. En los últimos años ha cambiado la opinión pública, la correlación de fuerzas, la movilización social e incluso el componente generacional. En principio uno dice que la continuidad es importante, pero también es cierto que hoy tenemos negociaciones de paz porque hay discontinuidad. Hubo un cambio en el gobierno y eso el ELN debería tenerlo más en cuenta. Cuando uno lee editoriales de Insurrección y a ciertos opinadores cercanos al camilismo, parece que siguen entendiendo el Estado de una manera monolítica. Pero el gobierno es otro y la sociedad es otra. Eso debería pesar en las decisiones políticas frente a la posible firma de un nuevo Acuerdo de Paz.

“O escogen el camino de Camilo Torres o el de Pablo Escobar”, es uno de los trinos del presidente Petro. ¿Qué opinión te produce está afirmación?

-No es una buena disyuntiva. Las insurgencias grandes en Colombia, es decir el M-19, las Farc y el ELN, nunca perdieron su carácter político. La única guerrilla que uno identifica que perdió esa identidad fue el EPL. Es verdad que, por las dinámicas del conflicto, las guerrillas han tenido o tienen relaciones con mineros ilegales, muchos cuestionamientos por crímenes que se cometen, relacionamiento con estructuras del narcotráfico y un largo etcétera de críticas, pero en ninguno de los casos se pueden comparar con Pablo Escobar, el Cartel de Medellín o la delincuencia organizada. Hay una trampa frente a ese trino, porque deja la idea que si no se negocia con el actual gobierno, entonces el ELN es análogo a los carteles del narcotráfico. Es un discurso peligroso e innecesario. Más bien, la mejor ruta es reconocer el carácter político de los rebeldes y asumir que tienen una agenda especifica.

¿Cómo involucrar a la sociedad y sus actores en la conversación para construir la paz total?

-Lo primero es reconocer que hay una negociación. Es preocupante que al interior de algunas izquierdas hay una opinión generalizada de obligar a los actores armados para que firmen rápido. La literatura y la experiencia sobre el conflicto dice que eso no va a pasar, incluso en un gobierno progresista. Los armados tienen sus propios intereses, sus propias agendas y lo mejor que se puede hacer es que los procesos maduren.

Lo segundo es que se necesita rodear las mesas. Aunque el proyecto de paz total sea ambicioso, si tenemos la estructura de oportunidad. Lo tercero es que hay que pedirles responsabilidad a los rebeldes, al Gobierno y las Fuerzas Militares, e incluso al paramilitarismo. Si están en el camino de la paz total, hay que exigirles. Finalmente, es imperativo proteger los procesos de los enemigos agazapados de la paz. En Colombia lo que nos han enseñado las izquierdas es que la paz no se desliga de la lucha política y de la lucha de clases. No perder esa perspectiva será clave.