La izquierda y el Plan Nacional de Desarrollo

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La encrucijada está entre la defensa de la causa democrática o el proyecto fascista. En la foto, cierre de campaña de Petro en Medellín

El país vive un pulso entre la burguesía financiera, los terratenientes, los grandes industriales y empresarios y los medios de comunicación, contra los sectores populares y democráticos que apoyan al Gobierno

Tiberio Gutiérrez

Quiero presentar algunas reflexiones sobre lo que está pasando con los Diálogos Regionales para la construcción del Plan Nacional de Desarrollo, que, según versiones periodísticas de cómo se desarrollaron los eventos en Turbaco y Cali, dan a entender que fueron desafortunados para la mayoría de los participantes, y que, en cierta medida, están conspirando contra la unidad y la opinión favorable hacia el gobierno del Pacto Histórico.

En esencia se trata de la metodología utilizada para involucrar a las comunidades en la construcción del Plan de Desarrollo; la razón de ser es la participación de los sectores sociales para ir construyendo un movimiento de opinión, una base de masas que le permita al gobierno tener la gobernabilidad en los medios de comunicación, una especie de “estado de opinión” que le permita llevar la gobernabilidad de las calles y de las plazas públicas al Congreso de la República.

Estamos en una especie de medición de fuerzas entre la oligarquía de los bancos, de los terratenientes, de los grupos económicos, y de los medios de comunicación, de un lado, y de los sectores populares y democráticos que apoyan al Gobierno, de otro; una suerte de antesala para la medición de fuerzas con vistas a la movilización nacional del 15 de noviembre, como respuesta a la movilización del establecimiento el pasado 26 de septiembre contra las reformas democráticas, especialmente contra la reforma tributaria.

Sin cabida para tanta gente

No obstante las buenas intenciones de construir un movimiento participativo de masas, el método utilizado deja mucho que desear si tenemos en cuenta los resultados y las valoraciones que se han hecho por parte de algunos medios de comunicación y determinados comentaristas de radio: “El fiasco del Diálogo Regional de Cali, crónica de una farsa” “De las 15 mil inscritas llegaron 1.500 que esperaron cinco horas al sol y se fueron. Petro terminó en un pequeño auditorio del que trinó de un evento que no existió” Las2orillas, octubre 18, 2022. Algo parecido se dijo de los problemas que se presentaron en Turbaco-Cartagena-, donde no hubo como darle cabida a tanta gente que quería participar.

Si se quiere empezar a movilizar la gente en apoyo al programa de gobierno, pues lo mejor sería que se invitara en cada Diálogo Regional a una gran concentración donde el presidente hablara de los grandes problemas de la región y de las soluciones financieras para los mismos, luego se recogerían las propuestas de las organizaciones de los gremios, de los empresarios, los sindicatos, la academia, de los ambientalistas, las organizaciones políticas y sociales, y otras expresiones de la sociedad civil, y, con estos insumos, Planeación Nacional sistematizaría todo un paquete de propuestas para presentarlo al Congreso Nacional,  que debe tenerlo listo para finales de marzo de 2023.

Planeación Nacional devolvería las conclusiones temáticas de cada región, sistematizadas, programadas y financiadas para que la gente interesada tenga una herramienta de trabajo para la construcción, seguimiento y evaluación de los planes, programas y políticas del Gobierno nacional, consignados en el Plan Nacional de Desarrollo.

¿Quién maneja el evento?

Quien tenga el respaldo de las mayorías, ganará el conflicto

Es imposible querer desarrollar técnicamente los diálogos vinculantes a través de la participación de miles y miles de personas sin la participación democrática y organizada de las organizaciones sociales y políticas, de la academia, los gremios económicos, la empresa privada, de la sociedad civil y del Gobierno nacional.

Ahora la pregunta es: ¿Qué corriente política está manejando la implementación de los Diálogos Regionales para la construcción del Plan de Desarrollo? ¿Cuál es el protagonismo de la izquierda en estos escenarios? ¿Cómo va a ser la participación de las fuerzas políticas del Pacto Histórico? ¿La organización de los diálogos vinculantes está solamente en manos de la socialdemocracia liberal?

La izquierda debe aprovechar estos escenarios para la organización regional del Pacto Histórico, si es que todavía existen las posibilidades de hacer una política amplia, unitaria e independiente, con este proyecto político programático, progresista y democrático, con la formación de los Comandos Municipales del Pacto Histórico, empezando con la movilización nacional del 15 de noviembre por la Paz y por la defensa de los cambios democráticos.

Mirar las elecciones locales

La izquierda debe aprovechar este espacio para movilizar y convocar a sindicatos y demás organizaciones sociales y políticas para la gran marcha de unidad del 15 de noviembre en defensa de la democracia avanzada, y para caracterizar una corriente política definida dentro del Pacto Histórico, en la perspectiva de las próximas elecciones locales y regionales del 2023, que no solamente trascienda el evento electoral sino que se consolide como corriente política independiente para dirigir el proceso de la Revolución Democrática.

La otra alternativa sería continuar como furgón de cola del “liberalismo socialdemócrata”, un movimiento político incoloro, insípido, difuso, profuso y confuso. Para caracterizarse, la izquierda tiene que unirse en un solo bloque popular alternativo con la consigna del momento: unidad de acción de masas para el poder popular.

Además hay que tener en cuenta que si la situación se agudiza contra las mayorías populares como es de preverse en el inmediato futuro, y el Gobierno no presenta una respuesta con soluciones a la carestía de la vida, el hambre, la inflación, la recesión y  el desempleo; con las expectativas de la gente de salir de la crisis mediante las reformas propuestas en la campaña electoral, pues se corre el riesgo de que estas mayorías puedan ser manipuladas por los sectores empresariales, los terratenientes,  los grandes banqueros y sus medios de comunicación, para ser movilizadas y estimuladas por los sectores neoliberales para hacer ingobernable el gobierno democrático, como en efecto lo estamos viendo con la manipulación de los medios en relación a la reforma tributaria.

El que gane las masas ganará la guerra

Antes de que esto pueda llegar a suceder, la voz del presidente y la unidad del Gobierno tienen que prevalecer con objetivos claros para la opinión democrática y en general para todos los colombianos: la reforma tributaria, la reforma rural integral, la reforma laboral y pensional, la reforma de la salud, y la paz total, como ejes centrales del programa para los cambios; no puede ser que pase la luna de miel sin haber  avanzado en las reformas democráticas que propicien un ambiente político amigable para las fuerzas alternativas en las elecciones locales del 2023.

En caso de que la situación se agudice y la lucha de clases se amplíe y profundice, pues se debe tener en cuenta el recurso de una Asamblea Nacional Constituyente para resolver la crisis, evitando la anarquía de una guerra civil -mucho más profunda de la que estamos viviendo- que sería lo peor que nos podría pasar.

El que gane las masas ganará la guerra; por eso el proyecto que recoja la simpatía y la participación activa de la mayoría definirá la causa democrática, o la salida fascista a la crisis nacional; así está planteada la disyuntiva de la coyuntura política y no van a ser las posiciones intermedias y vacilantes las que dirijan este proceso democrático y popular.