lunes, mayo 20, 2024
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La fuerza de las economías populares

En los procesos organizativos de las economías comunitarias, populares, feministas y autogestivas se despliegan prácticas colaborativas entre redes de trabajadoras informales y de comercialización justa, las cuales permite que los círculos de producción, consumo y autogestión reflejen un cambio en las relaciones económicas

Paz González
@pazifloraa

Los hogares empobrecidos, los sectores excluidos y las mujeres que tienen empleos precarios o trabajan por cuenta propia son las más afectadas por las crisis económicas. Esta realidad es visible no sólo en Colombia, sino también en gran parte del sur global. La pandemia exacerbó esta situación, ya que se estima que entre el 35 y el 40% de las pequeñas y medianas empresas cerraron, y el empleo informal creció vertiginosamente.

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, define el trabajo informal como toda actividad remunerada (ya sea autoempleo o empleo asalariado) que no está regulada, protegida o registrada por marcos legales o normativos. También incluye el trabajo no remunerado realizado en empresas generadoras de ingresos.

En Colombia, las políticas laborales neoliberales han profundizado la exclusión de millones de personas del mercado laboral y de las condiciones de trabajo dignas, siendo las mujeres la más afectadas por la flexibilización y la tercerización laboral, que han llevado a la precarización y el desempleo.

Ante el panorama de inestabilidad laboral, se han hecho aún más visibles y palpables, formas de trabajo informal que permiten a aquellos que no están formalmente empleados satisfacer sus necesidades básicas a través de actividades remuneradas.

En Colombia, los gobiernos de derecha debilitaron la economía, dejando como resultado una alta tasa de pobreza monetaria. Según cifras oficiales, tanto hombres como mujeres experimentan niveles preocupantes de pobreza monetaria, con una tasa del 38,2 % para hombres y del 40,3 % para mujeres. En cuanto a la pobreza extrema, los hombres representan un 11,8 % y las mujeres un 12,7 %, lo que refleja la persistencia de las desigualdades de género.

Mujeres en el trabajo informal

Las mujeres en el trabajo informal enfrentan una realidad difícil que es el resultado de la interacción de dos sistemas de dominación: el capitalismo y el patriarcado. Estos sistemas se retroalimentan y reproducen la desigualdad, especialmente a través de la división sexual del trabajo. Como consecuencia, las mujeres se encuentran en una posición de subordinación en el mercado laboral, en la imposición de roles de género y se ven obligadas a cumplir con una doble jornada, que incluye trabajo doméstico no remunerado.

Es fundamental entender la situación de las mujeres en términos estructurales para poder buscar soluciones integrales. A nivel nacional, las cifras oficiales y no oficiales reflejan una realidad alarmante en cuanto a la participación de las mujeres en el mercado laboral. Es necesario tomar medidas reales e integrales e impulsar políticas con enfoque de género dirigidas a formalizar trabajos y fortalecer economías populares, alternativas y lideradas por mujeres, que surgen como respuesta al margen de exclusión y doble jornada laboral que enfrentan.

Según cifras del DANE, el 54,6% de las mujeres ocupadas en Colombia se encuentran en el sector informal, lo que les permite hacer frente a la pobreza a través de trabajos no formales, aunque esto también implica estar constantemente en riesgo de no tener acceso a alimentos , vivienda y servicios básicos. Es importante tener en cuenta que el trabajo informal puede variar y tener características específicas dependiendo de factores interseccionales como la clase social, la raza, el género, la orientación sexual y la nacionalidad.

Un compromiso con el cambio

Las luchas feministas, antipatriarcales y anticapitalistas han logrado posicionar en la agenda pública debates sobre la necesidad para que se tome medidas concretas para dignificar las vidas de las mujeres. En este sentido, es fundamental que se promueva la independencia económica, se mejoren las condiciones laborales y se fortalezcan las economías populares lideradas por mujeres. El actual Gobierno nacional ha manifestado su compromiso con estas medidas integrales y es importante que se cumplan en la práctica para lograr una sociedad más justa e igualitaria.

Como se ha mencionado, las mujeres son las más afectadas por la exclusión derivada de un sistema económico (capitalismo) que profundiza la desigualdad y de un sistema de opresión (patriarcado) que perpetúa la subordinación de las mujeres en diversas esferas de la vida social. Ante este panorama, es imperativo reflexionar sobre la importancia y la ventana de oportunidad que existen en las economías de mujeres que surgen del trabajo informal, pero no para maquillar la precarización, sino para fortalecer las economías alternativas y populares, es decir, esas pequeñas formas de relacionamiento económico que en lo local, en lo barrial y en lo popular son justas y recíprocas en algunos casos.

En la búsqueda de alternativas para sostener a sus familias y cuidar de las personas a su cargo, las mujeres han ideado formas ingeniosas no sólo para resolver sus necesidades económicas, sino también, de vincular a sus redes de mujeres cercanas, como sus madres, hermanas, amigas, cuñadas e hijas.

Redes informales y de comercialización justa

Mujeres emprendedoras, colectivos de economías solidarias, cooperativas y organizaciones agrarias y comunitarias han logrado impulsar sus propias economías y demostrar que estos modelos populares pueden ser pujantes a través de la autogestión y sostenibilidad de sus proyectos productivos.

Es necesario que el Estado brinde las herramientas para fortalecer los proyectos de trabajo propio, y así lograr una mayor consolidación de estas economías, la cuales pueden mitigar la desigualdad y la injusticia social.

Es importante destacar que, en los procesos organizativos de las economías comunitarias, populares, feministas y autogestivas se despliegan prácticas colaborativas entre redes de trabajadoras informales y de comercialización justa, lo cual permite que los círculos de producción, consumo y autogestión reflejen un compromiso social, ambiental y transformador en las relaciones económicas.

Es alentador saber que el Gobierno del cambio, a través del Ministerio del Trabajo liderado por la ministra Gloria Inés Ramírez, ha manifestado su compromiso con las mujeres trabajadoras que no cuentan con ningún tipo de vinculación laboral, pero que movilizan la economía desde otras premisas, perspectivas y relaciones.

El compromiso del gobierno y el liderazgo de la ministra demuestran pasos importantes y significativos que se dirigen en la dirección correcta, pero se necesitan sumar más esfuerzos para seguir impulsando y fortaleciendo estas economías populares de mujeres.

Finalizamos citando dos fragmentos de la canción La esperanza canta, de la artista Marta Gómez: “En Managua, doña Elda va amasando / Con sus manos el maíz como su madre le enseñó / Pero entiende que sus manos no le bastan / Que las ganas no le alcanzan y se le quiebra la voz (…) Mi mayor sueño: poderles regalar una casa a mis suegros / Como colocar una miscelánea en mi casa / Me gustaría montar un local de ropa / Terminar de pagar mi casita / Darle una mejor educación a mis hijos / Ponemos local, que uno se defienda ya / Sacar mis hijas adelante en el estudio”.

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