sábado, mayo 18, 2024
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Jorge Velosa: Juglar carranguero y Dotor en lengua y cultura

La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, UPTC, dio un reconocimiento a Jorge Velosa, por mantener vivas las tradiciones orales y resaltar la cultura campesina

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@aurelianolatino

“Gracias a Velosa y a un grupo de grandes músicos, nace la carranga hace más de 40 años, en medio de la agitación política universitaria en la década de 1970. La carranga se gesta y florece en la Universidad Nacional de Colombia. (…) La carranga es un género musical con un importante objetivo: darle voz al campo, al campesino y a la campesina”.

Así lo dijo Adrián Farid Freja de la Oz, docente de la Escuela de Idiomas y del Doctorado de Lenguaje y Cultura de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, UPTC, en el acto que le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Lengua y Cultura a Jorge Luis Velosa Ruiz, el 29 de mayo.

El profesor agregó que el cantautor boyacense se encargó de darle voz a la china que se fue para la capital, al rey pobre, a don Gregorio y a su hospitalidad, al boyaco currambero, a la muy querida Julia, a la pirinola, al soldadito de la patria, a la Filomena y a muchas otras voces campesinas que hacen parte de un universo carranguero que, sin duda, se mantendrá en la historia del país como uno de los patrimonios culturales de mayor relevancia.

Por su parte, Donald Calderón Noguera, coordinador del área de Lenguaje de la Facultad de Educación de la UPTC, de la escuela de posgrados y coordinador de los programas de maestría y lingüística y el doctorado en Lenguaje y Cultura, comentó que el título es un homenaje a su tradición, experticia y aporte, y un agradecimiento por poner la cultura campesina y rural en el contexto nacional e internacional.

Cultura campesina

El primer agradecimiento fue por mantener viva una tradición oral en lengua española: “Este oficio, las coplas, la trovería, las cantan tienen sus inicios con el comienzo mismo de la cultura en lengua española. Y puede hacerse un rastreo de ella en el siglo XII, fundamentalmente en esta época medieval, con las obras de Gonzalo de Berceo”, señaló el profesor Donald Calderón, quien agregó que se exalta la construcción de un campo en el ámbito de las artes para la cultura campesina, que la diferencian de la cultura popular, que es la que la gente hace en gran medida, como perder una vida mirando un teléfono celular.

En ese sentido, expresó: “La Universidad le entrega un título de Doctor por fomentar una ética y una estética de la buena vida y la alegría”, añadió que no se ha encontrado nada maleficente en la obra del maestro, en la que se evidencia “la sencilles de las palabras como forma capaz de comunicar conocimiento profundo. No se necesitan palabras reforzadas, rebuscadas para entender con sabiduría, con palabras un poco escatológicas, que hay un largo trecho entre el cagajón y el fusil, ¿recuerdan esa canción?, del cagajón al fusil hay mucho trecho. Qué cantidad de sabiduría está puesta en ese verso tan sencillo”, comentó refiriéndose a la pieza Soldadito de la patria.

De canciones y libros

El doctorado no solo fue por la producción musical, también lo fue por los libros que recogen una tradición heredada del mundo clásico con la fábula y la sabiduría popular, “porque basta ya de una nacionalidad que entiende lo culto como aquello que solamente circula en las academias, con unos lenguajes complejos para unas pocas élites. Se puede hablar de todo tipo de ciencia con el lenguaje sencillo y popular”

Para la UPTC, el libro El convite de los animales (2021), es un extenso poema narrativo en el que más de un centenar de animales evocan las dificultades que viven en el campo; un problema que recuerda las problemáticas humanas y sociales que aquejan diariamente al país. En esta obra, el autor muestra un profundo conocimiento de la cultura campesina boyacense y de la cultura colombiana en general, así como su dominio y los usos creativos del lenguaje.

Por lo anterior y otras características, Adrián Farid Freja de la Oz, anotó: “La academia y la sociedad moderna ha marginado históricamente a las expresiones del campo, a las expresiones orales y tradicionales de nuestras regiones. Pero eso ha venido cambiando, gracias, entre otras cosas, a la labor incansable del músico, cantante, poeta, actor, compositor, investigador, veterinario, escritor, tejendero de palabras, conspirador de sueños, guacharaquero, riolinista, virinbajista, entre muchos otros oficios”

El maestro garló

Jorge Velosa, el homenajeado, es el mismo artista que siempre ha estado del lado de los humildes, de los pobres del campo y de la ciudad, el mismo que se ha pronunciado por el respeto de sus derechos. Solo hay que recordar sus versos en apoyo a las movilizaciones de 2019.

“Somos miles de miles y dijeron que mil; somos gente de bien y dijeron ‘de mal’; flores que van cegando por querer un país, un paisito de todos para vivir en paz. Somos grito de gritos, cacerolas de luz, un trueno que retumba con la fuerza del mar cuando rompe el letargo que acumula en su ser, cuando dice: ‘Allá voy’ y decide empujar. Todo eso somos, somos; todo eso y mucho más, vencedores del miedo, del odio y del dolor, soñadores de sueños con derecho a soñar, armados de la gana que la vida parió con el eco del trueno, con la fuerza del mar”.

Su intervención, al recibir el título, inició con una declamación:

Soy hijo de campesinos

Soy hijo de campesinos,
campesinos veredales,
querendones de la tierra,
del rancho y los animales;
campesinos laboriosos,
que por ser tan buena gente,
los tienen como los tienen,
inmisericordemente.

Soy hijo de campesinos,
y en el campo fue mi crianza,
entre la casa y la escuela,
entre cerros y labranzas,
entre coplas y tonadas,
entre cimientos y espigas,
entre todas esas cosas
que me marcaron la vida.

Soy hijo de campesinos
y lo canto con orgullo,
campesinos son los míos,
como lo han sido los tuyos.

Que vivan los campesinos
y que los dejen vivir,
que el campo sin campesinos,
existe sin existir.

La flor de la libertad

Y, luego de unos versos y poemas, expresó que el doctorado era un reconocimiento a la vida, la lengua y la cultura de los campesinos. “Palabras de una lengua que por su mera musicalidad quedaba uno antojado de saberlas, saborearlas y aprenderlas, de cantarlas y aventarlas en los jolgorios y las conversas, y de sentirse bajo su amparo respetado, comprendido y reconocido. Y de juglar con ellas, fueron manando otras vestidas, ora en verso, ora en prosa, recitadas o musicadas, que el tiempo y las querencias han ido haciendo suyas, para no perder el rastro sencillo del habla y de la vida.

“Ya que estamos en este convite por la lengua y la cultura, evoquemos un manojo de las ya aclimatadas al cotidiano vivir en épocas distintas: ‘Bonitas las flores, bonitas siempre serán, pero es mucho más bonita la flor de la libertad’”.

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