Jaque a la hegemonía norteamericana

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China dirige sus esfuerzos financieros y comerciales a superar las desigualdades y fomentar el desarrollo en América Latina

El crecimiento de la influencia de China en América Latina se produce en medio de la crisis de Estados Unidos, con iniciativas diplomáticas erráticas en la región. Aun hoy, no hay directrices claras sobre lo que cambiará bajo el mandato de Biden, guiado por el fuerte componente de las sanciones económicas

Ricardo Arenales

En los últimos años, Estados Unidos mantiene una tortuosa relación con América Latina y mientras las dos últimas administraciones, la del republicano Donald Trump, y la del demócrata Joe Biden, han dado prelación a asuntos estratégicos en Europa y Asia, China y Rusia han venido metiéndose en el ‘patio trasero’ de los Estados Unidos y ahora le disputan el liderazgo, los mercados y el acceso a recursos naturales esenciales.

Este proceso se da en momentos en que Estados Unidos se niega a aceptar nuevas realidades en el tablero del ajedrez internacional, y piensa que puede seguir imponiendo su dictado, como si se tratara del amo y señor de la hacienda. En efecto, no renuncia a imponer una política de sanciones a países que no se someten a su orientación, como es el caso de Cuba, Nicaragua y Venezuela, contra quienes ha endurecido prohibiciones y castigos.

En contraste, Rusia y China vienen ampliando lazos comerciales con un número mayor de países de la región, y lejos de políticas coercitivas, ofrecen créditos para el desarrollo, no solo a tasas de interés más favorables, sino sin imponer condicionamientos políticos de ninguna naturaleza.

Fortaleciendo la infraestructura

Es el caso de China que ofrece préstamos para asumir los desafíos de la pandemia del covid-19, para la construcción del canal interoceánico en Nicaragua, la construcción del metro de Bogotá, la modernización del transporte de pasajeros en La Habana, o los beneficios de la Ruta de la Seda a Argentina, entre otros.

Entre tanto, Washington se queda sin el Grupo de Lima, sin la OEA, sin la Alianza Pacífico, organismos que se han venido debilitando, mientras el gobierno de Iván Duque, quinta columna de Washington y de la OTAN, está de salida, quedándose probablemente la Casa Blanca sin su mejor aliado en la región.

A la lista de gobiernos progresistas en la región se suman los triunfos electorales de la izquierda en Honduras y Chile, el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador y de Alberto Fernández. Cuba por su parte da nuevos pasos en dirección a romper el criminal bloqueo económico y financiero de los Estados Unidos, y fortalece nuevos acuerdos comerciales con Rusia, China e Irán y obtiene, en principio un importante crédito del Banco de América Central para impulsar obras de infraestructura.

Electrificación

El pasado 9 de febrero, el gobierno de Nicaragua informó que logró acuerdos con la República Popular China para invertir hasta 564.1 millones de dólares en generación, transmisión y distribución de energía eléctrica en Nicaragua. Así lo confirmó el ministro de Energía y Minas, Salvador Mansell.

El acuerdo es parte de un memorando de entendimiento firmado por ambos gobiernos, se restablecieron relaciones diplomáticas y se avanzó en el perfeccionamiento de acuerdos de colaboración, gracias a los cuales Nicaragua adelantará un proyecto hidroeléctrico en el río Tuma y un proyecto de energía solar en El Hato cambios en Matagalpa. Anteriormente, China había ofrecido financiar la construcción de un canal interoceánico en este país.

Cinco días antes del anuncio, en una entrevista con la agencia de noticias Sputnik, el embajador de Rusia en Nicaragua y concurrente en El Salvador y Honduras, Alexander Khokhólikov, dijo que Rusia seguirá fortaleciendo la cooperación con Nicaragua en todos los ámbitos, incluido el militar, pese a las tensiones que Occidente provoca en relación con Rusia.

Infraestructura

De otra parte, el 6 de febrero concluyó la visita oficial a China del presidente argentino Alberto Fernández, que incluyó también a Rusia. Fernández consiguió mediante una serie de acuerdos comerciales, vincular a Argentina a la Ruta de la Seda, un megaproyecto comercial chino. En lo inmediato, el acuerdo implica la ampliación de un crédito para obras de infraestructura que son del interés chino. Se proyecta construir una hidroeléctrica en Santa Cruz, con una inversión inicial de 14 mil millones de dólares.

La Ruta de la Seda es un proyecto impulsado y financiado por el gobierno de Xi Jinping que integra a 140 países de los cuatro continentes, al servicio del desarrollo, la economía y el clima. Comprende megaemprendimientos de desarrollo de infraestructura como vías férreas, caminos, represas, puentes y fomentar la extracción de recursos naturales y energías. En los casos en que los países lo consideren conveniente, la construcción de bases militares.

En general se puede decir que la pandemia fue aprovechada por China para consolidar sus relaciones con América Latina. Con la idea de entregar créditos rápidos y fáciles para los países que quisieran afrontar en mejores condiciones la lucha contra la pandemia, la agenda china con la región se fortaleció en tres ejes: comercio, inversiones en desarrollo y acciones conjuntas para superar los efectos del virus.

El crecimiento de la influencia de China en América Latina se produce en medio de la crisis de Estados Unidos, con iniciativas diplomáticas erráticas en la región. Aun hoy, no hay directrices claras sobre lo que cambiará bajo el mandato de Biden, guiado por el fuerte componente de las sanciones económicas.

Destino comercial

Un dato curioso: hasta hace relativamente poco tiempo, la mayoría de los países centroamericanos, por orientación de Washington, mantenían relaciones con Taiwán, desconociendo a China. A partir de 2008, varios países de la región han dejado de reconocer diplomáticamente a la isla y establecido relaciones con Beijing.

En diciembre pasado se celebró el foro de la Celac con China, un evento que posicionó el papel de esta organización como canal de diálogo entre América Latina y el país asiático.

En las primeras dos décadas del presente siglo el comercio bilateral pasó a tener una fuerza considerable. El intercambio comercial supera los 300 mil millones de dólares anuales y lo que los economistas denominan el stock de capital chino en la región supera los 110 mil millones de dólares. A menudo el mercado chino se ha convertido en el principal o en el segundo destino para el comercio exterior regional, especialmente para países suramericanos.

Interesante agregar, que con los procesos electorales en desarrollo, las fuerzas progresistas podrían contar con los tres países más importantes de la región, las economías más sólidas: México, Argentina y Brasil y esta situación favorecería aún más una política de comercio independiente y soberano.