domingo, julio 14, 2024
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Incendios forestales en el “Capitaloceno”

El Gobierno había advertido sobre las consecuencias del aumento de la temperatura por cuenta del fenómeno de El Niño. Según el Ejecutivo, el 95 por ciento de los incendios son resultado de acciones humanas, intencionales o no. Esto evidencia que está fracturada la relación de la sociedad con la naturaleza

Silvia Jiménez-Camacho

“La producción capitalista solo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre” (K. Marx. El Capital, Tomo I).

En la actualidad, persiste entre los seres humanos un comportamiento que sugiere la percepción de la existencia de un ecosistema aislado, como si no se compartiera este entorno con otras formas de vida. Se olvida con frecuencia de la coexistencia con animales que comparten el mismo aire y consumen el agua que la tierra genera.

Y es que un poco de basura en una montaña no haría tanto daño si no se estuviera en sequía. Una pequeña fogata, con los amigos, no sería tan letal si fuera época de lluvia. Una quema de cables para vender el cobre y llevarle comida a la familia no sería tan peligrosa si tan solo las personas tuvieran trabajo digno. Un incendio intencional no serviría de cortina de humo si se eligiera fiscal a tiempo o el sector de la construcción no estuviera en expansión. ¿Por qué suceden estas cosas?

El año más caluroso y las quemas

El año 2024 inició con los aumentos de temperatura, que ya se habían previsto para el inicio del fenómeno de El Niño, declarado por el Gobierno Nacional en noviembre del año pasado de acuerdo con los registros de temperatura del océano Pacífico, los cuales superaron los 0.5 °C en los monitoreos realizados por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam. [1]

Según el Servicio Meteorológico del Reino Unido, este puede ser el año más caluroso registrando temperaturas mundiales entre 1,34 °C y 1,58 °C por encima de la media del período preindustrial ─1850-1900─, superando así años anteriores, 2016 y 2023, que habían llegado al récord, siendo los más calurosos hasta ahora. [2]

El agravante para las últimas décadas ha sido la agudización del cambio climático; esto, en Colombia, se evidencia en este momento con la crisis por cuenta del fenómeno de El Niño, siendo relevantes y preocupantes los incendios, mientras que en otros países se ha sentido con las disminuciones extremas de las temperaturas, llegando a tener inviernos que se encuentran por debajo de los -20 °C.

Sin embargo, con las múltiples imágenes de incendios forestales en el país, surgen preguntas: ¿qué o quiénes originan las quemas? ¿Puede un desastre natural beneficiar a alguien?

Se ha debatido extensamente sobre las diversas causas de los recientes incendios que han afectado al país. Incluso, la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, ha declarado que el 95 por ciento de estas conflagraciones son resultado de acciones humanas, ya sean intencionales o no.

Relación fracturada

En este contexto, es imperativo replantear la relación que el ser humano tiene con la naturaleza, conexión que no está fundada en el deseo humano per se, sino que es moldeada por un sistema económico que históricamente ha socavado en la explotación de la naturaleza sin retornar o retribuir a ella lo consumido y utilizado.

Bajo esta idea, no se concibe a las personas como sujetos que han evolucionado y hacen parte de un ecosistema que respira el mismo aire que a su vez las grandes industrias y el transporte, dependiente del combustible fósil, envenenan. Además, no se naturaliza la dependencia de los páramos para poder obtener el agua potable que se consume y del cual depende la vida misma.

Al respecto, es importante rescatar el análisis de Marx: “La producción capitalista acumula, de una parte, la fuerza histórica motriz de la sociedad, mientras que de otra parte perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra; es decir, el retorno a la tierra de los elementos de ésta consumidos por el hombre en forma de alimento y de vestido, que constituye la condición natural eterna sobre la que descansa la fecundidad permanente del suelo” [3].

La relación que se tiene con el entorno natural está fracturada, solo así se puede explicar que las personas dejen la basura de su consumismo excesivo en la calle, arrojen todos sus residuos a un río o al mar, o peor aún, que alguien pueda, conscientemente, iniciar un incendio en una montaña.

Si bien en los primeros casos no hay una intención de maltratar la naturaleza, es necesario realizar pedagogía alrededor de lo perjudicial que a veces resultan ser las infiltraciones de las personas a ciertos ecosistemas, dejando elementos que sí hacen o harán daño, como es el caso de la botella de vidrio que encontraron en los cerros orientales de Bogotá y que, según las investigaciones de los bomberos, por efecto de reflexión de la luz solar, desencadenó el incendio en el cerro El Cable, una de las peores quemas de las últimas semanas.

Las consecuencias de estos hechos no terminan cuando es extinguida la conflagración. La ingente cantidad de dióxido de carbono que, producto de la combustión de los árboles y demás material orgánico, se ha liberado al entorno contribuye de manera importante a la contaminación del aire, la misma que ha sido determinante para la agudización del cambio climático.

En esa medida también se pierde un importante sumidero de carbono, ya que por efecto de la fotosíntesis los árboles ayudan a captar el dióxido de carbono que todos los días se emite por actividad de grandes fábricas, funcionamiento de vehículos, etc. Esto sin mencionar el impacto para la fauna que ha perdido su hábitat.

Cambiar el modo de producción

La huella que se está generando en el planeta es enorme, no solo ha sido una montaña, sino la incineración de hectáreas de frailejones en los páramos, puntualmente el de Berlín, en Santander. Este desafortunado hecho tendrá un impacto importante en el ciclo del agua y, en su defecto, sobre los seres vivos que la consumen.

Por ello, resulta imperativo enfocarse en la prevención y mantener una comunicación constante y coordinada con el Gobierno nacional, el cual ha sido insistente desde hace varios meses en los llamados a la preparación en las ciudades y departamentos, con el objetivo de evitar sobrepasar la capacidad de respuesta frente a las situaciones que se han venido manifestando. El fortalecimiento de la capacidad para responder de manera temprana y efectiva a desastres naturales es la mejor herramienta para tener una ventaja estratégica frente a las emergencias.

La reforestación es necesaria, no obstante, es necesario permitir que el suelo se recupere antes de llevar a cabo este proceso. A pesar de ello, ni con la siembra de un bosque completo será suficiente para remediar los daños acumulados a lo largo de toda la era del “Capitaloceno”, la cual ha impactado negativamente en los ecosistemas.

El planeta exige una revolución en el modo de producción; es esencial concebir una política económica que fomente el equilibrio ecológico y transforme la relación entre los seres humanos y la naturaleza.

[1]  J. Infante, “Gobierno Nacional declara oficialmente el fenómeno de El Niño y alerta a continuar preparándose”, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, 04-nov-2023. [En línea]. Disponible en: https://www.minambiente.gov.co/gobierno-nacional-declara-oficialmente-el-fenomeno-de-el-nino-y-alerta-al-pais-a-continuar-preparandose/. [Consultado: 29-ene-2024].
[2]  “2024: First chance of 1.5 °C year”, Met Office. [En línea]. Disponible en: https://www.metoffice.gov.uk/about-us/press-office/news/weather-and-climate/2023/2024-first-chance-of-year-above-1.5-c-say-climate-scientists. [Consultado: 29-ene-2024].
[3]  Marx, K. (2016). El Capital Tomo I, la gran industria y la agricultura. Createspace Independent Publishing Platform.
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