Hijueputa lo vamos a matar

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El grito. MVelandiaM

Manuel Antonio Velandia Mora

Cuando recibes tu primera llamada amenazándote de muerte te quedas como de piedra, es como si de repente se te acabara el aire, tu mente queda en blanco, cetrino te ven quienes están a tu lado, la palabra se corta. Luego reaccionas y tú mismo no crees lo que acaba de pasar. La llamada se repite una y otra vez.

Lo terrible es que casi terminas acostumbrándote. Ellos lo saben y entonces varían la estrategia, recibes panfletos, esquelas fúnebres, coronas de flores… Luego viene el atentado, una granada explota contra la ventana de tu casa; decides continuar, sabes que si te callas ya te han asesinado, así que sigues en la lucha porque reconoces que lo que estás haciendo es importante y le da sentido a tu vida.

Durante un tiempo parece no pasar nada, luego regresan los panfletos, las llamadas, los panfletos… Cuando pensabas que sólo era hacia ti recides la llamada en que amenazan de muerte a tu familia y sientes que ha llegado la última gota que desborda la copa.

Te decides por el exilio, sabes que es triste tener que partir; tu vida se apretuja en dos maletas que haces y deshaces una y otra vez. Abandonas tu hogar, te separas de tu pareja, no le cuentas a las personas por qué partes. Emprendes es un camino incierto, llegas a una ciudad desconocida en la que todos los seres te son desconocidos.

Reinicias tu vida, logras ser reconocido como refugiado; tú sabes que eres una víctima, pero los demás te miran y maltratan como inmigrante económico. Conoces nuevas gentes y te labras un nuevo camino, a pesar de que tu experiencia profesional no vale para nada. Tienes que homologar tus títulos para probar que no sólo sabes leer y escribir, de nada te sirve porque para lavar los platos o cuidar personas también tienes que hacer una serie de cursos para no llegar a cometer este delito que llaman “intrusismo profesional”.

La economía se resquebraja cada vez más, pero aun así resistes. Tienes claro que si regresas no sólo corre riesgo tu vida sino también la de las personas que amas. De pronto conoces a otras víctimas, al principio no hablas de tu situación, pasado el tiempo comparte su experiencia y tu dolor.

Descubres que desde el ARTivismo puedes continuar tu lucha y entonces te vuelcas en la fotografía, las performances, las instalaciones, los grabados, las esculturas, la poesía, los relatos y sientes que la resiliencia es posible.

Un día cualquiera te estremece una gran explosión, vuelve el temor y nuevamente se agita tu respiración. Sonríes cuando te das cuenta que son las fiestas del pueblo y que no es un atentado sino un jolgorio polvorero. Aun así, las explosiones se repiten día tras día, año tras año y lentamente te vas acostumbrando a algo que pensabas no podrías controlar.

Una amiga te pregunta si siempre tienes que sentarte al lado del baño, reflexionas y te das cuenta que tan sólo sigues el esquema de seguridad que alguna vez te enseñaron los guardaespaldas. Lo explicas e igualmente decides vivir la vida con más libertad.

Construyes una relación de pareja y encuentras un cómplice para la vida. Las relaciones interculturales son difíciles, el cuerpo, el vínculo, los afectos, la cotidianidad, la sexualidad, la genitalidad se viven de manera diferente… Lentamente, ensayo-error, vas acomodándote a la nueva existencia en el amor.

Ganas un premio y otro, y otro; salir en los medios masivos de comunicación te da cierta relevancia y vas redescubriendo otros caminos de felicidad. Avances en tus estudios, obtienes títulos, pero casi de nada sirve porque sin experiencia comprobable en la hoja de vida porque en el país en el que ahora eres refugiado no puedes comprobar tu vida laboral.

Decides presentar tu caso para ser reconocido como víctima del conflicto armado en Colombia, te sorprendes que la abogada del consulado ni siquiera tenga claro que puedes poner allí tu caso para ser analizado, exiges que te escuchen y logras que te presten un computador para tu mismo escribir tu situación. Interpones ocho tutelas a través de la Defensoría del Pueblo, en contra de la Unidad para las víctimas, buscando que te den respuesta sobre el fallo de tu caso; recibes una y otra vez la misma respuesta a la que tan sólo cambian la fecha y el número de radicación. No cabes en ti mismo por la alegría y la ira que te da al saber que en el consulado han engavetado tu fallo por casi un año.

Ser la primera persona en poner un caso para ser reconocido como víctima en el exterior y hacerlo como hombre marica tiene un verdadero sentido militante que es hacerle entender a homosexuales, lesbianas, bisexuales y personas trans que han sido víctimas del conflicto de manera individual o colectiva que ellos tienen pleno derecho a ser reconocidos en esta misma situación y a ser resarcidos en sus derechos.

Piensas que el camino de la paz es posible, te alegras por la negociación de Paz entras en una profunda tristeza cuando descubres que ha ganado el NO y no cabe en tu cabeza como alguien puede votar en contra de la paz. Te empuntas cuando logras darte cuenta que han usado a las minorías sexuales para construir algunas de las mentiras en contra del proceso. Te reconcilias con el universo cuando sabes que por fin ha ganado el Sí.

Decides volver e iniciar una nueva vida de inmigrante, ahora como retornado. Te sorprendes de la ineficiencia de la Unidad para las víctimas. Entras en crisis cuando te piden que por medio de un psiquiatra de tu EPS certifiques que tienes daño emocional. No logras comprender tal imbecilidad. Es increíble pensar que no tenga daño emocional alguien que ha sido víctima de un atentado con granada, que ha tenido que abandonar a la familia y a la pareja, que ha vivido por 12 años en un país que no es el suyo.

Te llama la atención la cantidad de actividades que conmemoran el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado. Tú mismo sabes que algunas de las entidades estatales poco hacen y sarcásticamente sonríes para tus adentros al saber la cantidad de personas que viven a costa de los derechos de los 9.250.453 de personas que son el número de víctimas incluidas en el Registro Único de Víctimas.

Te lanzas en la idea de la Intersectorialidad, la interseccionalidad y la transversalidad para la pluralidad de las víctimas del conflicto armado en Colombia; pertenecemos a pueblos étnicos, indígenas, negros, comunidades afrocolombianas, comunidad LGTBIQ, campesinos, militares y otros diversos sectores de la población llevamos en nuestra mente emociones, vivencias y explicaciones las marcas imborrables de la guerra, todoæs sabemos que ha sido valioso construir.

Cuando escuchas otras historias que hablan del dolor y del valor, de las dificultades para sanar las heridas del corazón y de la mente refuerzas tu idea de seguir en la lucha por la verdad, la justicia y la no repetición del conflicto armado en Colombia.