domingo, junio 16, 2024
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Golpe blando: la resistencia como única opción

Las más recientes jugaditas de la ultraderecha buscan desestabilizar al Gobierno y abortar el proceso de cambio. Solo la movilización popular puede hacer frente a la estrategia de una oposición siniestra y viuda de poder

Federico García Naranjo
@garcianaranjo

“Empezaron a hablar de tumbar al presidente cuando se cambió al fiscal general de la Nación. Y eso tiene que ver con que la clase poderosa entró en desespero, económica y políticamente. No quieren que una Fiscalía decente esculque en una serie de procesos. Desesperados entonces intentan acabar con las instituciones democráticas del país, antes de ser descubiertos”.

Llamando las cosas por su nombre, el presidente Petro se refirió la semana pasada en Pereira al plan de golpe blando que, en su contra, fraguan las clases dominantes. Una rápida búsqueda en internet de la expresión “golpe blando en Colombia”, arroja contenidos de, al menos, un año atrás. Significa que desde ese tiempo el presidente ha estado denunciando que se adelanta una estrategia que busca desprestigiarlo a él, a funcionarios de su Gobierno y a dirigentes del Pacto Histórico.

Dicha estrategia tiene el objetivo de desestabilizar al Gobierno, impedir su gobernabilidad y reducir su margen de maniobra para, dado el caso, derrocar al presidente o, al menos, evitar el triunfo de una candidatura progresista en 2026. Como se ha señalado en estas mismas páginas, el plan corresponde a un libreto ya conocido en otros países como Brasil, Perú o Paraguay, pero que solo hasta ahora se presenta en Colombia. Así las cosas, ¿cómo resistir al golpe blando?

19 pasos para un golpe de Estado

Lo sucedido en Colombia durante el último año evidencia la implementación casi al pie de la letra de los ya conocidos manuales de golpe de Estado de la CIA. Dichos manuales, escritos por personajes tan siniestros como Gene Sharp o Steve Bannon, reconocen que los golpes de Estado clásicos, con tanques de guerra entrando al palacio presidencial, son cosa del pasado.

Ahora, lo que se impone son los golpes de Estado blandos, es decir, aquellos que no se ejecutan por la fuerza, sino a través de estrategias que buscan provocar la renuncia del mandatario o su enjuiciamiento. Para ello, se sigue una serie de pasos que se resumen en cuatro fases: ablandamiento, calentamiento de las calles, deslegitimación y ruptura. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que las dos primeras etapas están en pleno rendimiento y que empezamos a entrar en la tercera.

Para la fase del ablandamiento son fundamentales los medios corporativos de comunicación. Así, la prensa y las ya famosas “granjas de bots” o “bodegas”, como las llamamos en Colombia, crean noticias falsas, engrandecen hechos insignificantes, ocultan los logros del Gobierno y se ocupan de desprestigiar las figuras más importantes del Gobierno y de sus aliados mientras disimulan o directamente ocultan las noticias que pueden desprestigiar a los voceros de la oposición.

La incesante repetición de estas “noticias” por todos los medios corporativos y por las redes sociales termina provocando la sensación de que la situación del país es pésima y el Gobierno es incapaz de resolver los problemas y, por eso, no queda más remedio que derrocar al presidente. En la segunda fase, se saca a la gente a la calle convenientemente “emberracada” para dar la sensación de que las mayorías populares se oponen al Gobierno, lo que desmotiva y desmoviliza a sus seguidores porque así piensan que cada vez son menos.

Lawfare

En la tercera fase, la deslegitimación, se busca a través de acusaciones penales ─falsas o ciertas, da igual─ involucrar a las figuras del Gobierno y sus aliados en eternos y tortuosos procesos judiciales que son difundidos profusamente por los medios. En esta fase no importa el resultado del proceso porque si el acusado es culpable, se amplificará el escándalo hasta la náusea, pero si es inocente se ocultará o se publicará el fallo discretamente. Eso sí, nunca habrá una rectificación ni una disculpa por las mentiras proferidas.

Es claro que las dos primeras fases están en marcha a todo vapor. Las decisiones judiciales y de los organismos de control de los últimos días evidencian que la tercera fase está comenzando a implementarse. Es lo que sucede con la decisión del Consejo Nacional Electoral de abrir una investigación y formular cargos contra el presidente por supuestamente haber excedido los topes de financiamiento de su campaña. Esta es la actuación más infame que haya adelantado este tribunal en toda su historia porque, más allá de su evidente inconstitucionalidad, la intención clara es arrinconar al presidente y presentarlo como ilegítimo. Es lo que se conoce como lawfare.

Experiencia y ejemplo

El poder corrupto que aún persiste en Colombia cuenta con una nutrida bancada en el Congreso, los medios corporativos de comunicación, algunos organismos de control como la Procuraduría y buena parte del empresariado. Por su parte, el Gobierno del cambio solo tiene a su favor a una aguerrida pero minoritaria bancada parlamentaria y al pueblo. Por eso es tan importante desatar el proceso constituyente que Petro ha convocado, porque no se trata necesariamente de reunir a una Asamblea Constituyente, sino que este se movilice para exigir el cumplimiento del programa votado en 2022.

Uno de los pocos casos de fracaso de un plan de golpe blando ocurrió en Venezuela en 2002. En aquel momento, el pueblo salió a las calles y logró que el presidente Chávez fuese liberado de su secuestro y restablecido en la Presidencia, en lo que podríamos llamar una “Comuna de París latinoamericana”. Esa experiencia del pueblo desbordado, ocupando las calles y exigiendo el respeto por sus derechos fue un momento de poder popular constituyente que consolidó el proceso bolivariano y es ejemplo para todos los pueblos del mundo y, en particular, para nosotros: El golpe blando solo se derrota con la movilización popular, consciente y determinada a enterrar para siempre el viejo régimen y construir un nuevo país.

Nadie dijo que fuera fácil, pero por primera vez es cierta la frase manida de que el futuro está en nuestras manos. No desaprovechemos este momento. Las generaciones venideras nos lo agradecerán.

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