Frontera y movilidad humana

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Zabier Hernández Buelvas

En el libro ¿Hay que abrir las fronteras? de Catherine Wihtol De Wenden (España 2000), se plantea una cuestión central: “En un mundo por el que se mueven con libertad los capitales, los bienes, la información, las ideas, ¿por qué se impide la extensión de esa lógica de la libre circulación a los seres humanos?”.

La apertura de la frontera entre Colombia y Venezuela, decisión que era urgente y necesaria, ha acaparado la atención de la opinión pública. Abrir los 2.219 kilómetros entre dos países hermanos, siempre será un hecho bien recibido. Pero la agenda tendrá que ser más amplia y debe ir más allá de Colombia y Venezuela, no solo geográficamente, sino, en cuanto a concepción, a sus problemáticas y su incidencia en el bien vivir de miles de ciudadanos y ciudadanas de la América Grande que llega hasta el río Bravo.

El debate que ponen en la agenda pública los grandes medios se centra en el gran comercio e intereses de los empresarios de ambos países. Pero, ¿qué pasará con el comercio al por menor, de trabajadores y trabajadoras que van y vienen llevando a sus espaldas productos que le darán de comer a sus familias? Una economía humana, móvil temporalmente medida en días y horas. Estas masas que pueblan el puente binacional cada día, son los sectores más beneficiados pero los mas invisibilizados, los y las nadie que no aparecen en las noticias.

La vieja política asume las fronteras como dispositivo que intentan controlar la entrada y permanencia de migrantes extranjeros, sin papeles, como si fueran extraterrestres, los utiliza para su estrategia de opinión y los desecha dejándolos al manoseo de mafias que controlan las economías ilegales. La nueva política que hoy ha tomado la decisión de apertura, debe pensar en estas masas como destinarias de la seguridad humana, de la inversión social y que los beneficios de las nuevas políticas progresistas, lleguen a esa gran franja bolivariana que vive a lado y lado del lago de Maracaibo, del río Táchira y del Orinoco o Arauca.

¿Y la frontera sur entre Colombia y Ecuador? Aunque formalmente no está cerrada, necesita de una nueva política humana. Las medidas regulatorias, casi siempre ineficaces, terminan siendo otra forma de cerrar los caminos. La frontera colombo ecuatoriana, al igual que la colombo venezolana es dinámica en el intercambio económico entre pueblos, de alta movilidad y compleja conflictividad. Esta frontera al sur, está hoy congelada presa de una formalidad diplomática que no produce nada.

Al igual que en el norte, esta frontera murió entre derechas lideradas por el expresidente Iván Duque y el presidente ecuatoriano Guillermo Lasso. El pueblo trabajador de lado y lado, no podrá olvidar la decisión absurda tomada en diciembre pasado por los dos gobiernos de la vieja política: después de dos años de cierre total de frontera por la pandemia, anunciaron en esa oportunidad con bombos y platillos la apertura del Puente Internacional de Rumichaca en Ipiales, Nariño, pero solo para la carga pesada. Una verdadera burla con los pueblos y comunidades fronterizas.

Adenda: Llegó recientemente a Bogotá la movilización pedagógica “Vientos del sur” de Nariño, Cauca, Putumayo y Huila, liderada por el Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano, Pupsoc. La calle sigue siendo un escenario válido para defender el programa y las reformas del cambio.