Francia, un voto sin entusiasmo

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Emmanuel Macron

El presidente afronta grandes desafíos en su segundo mandato, relacionados con la política social, la enorme brecha entre ricos y pobres, la fragilidad democrática y el rol que Francia debe jugar en el desenlace de la guerra en Ucrania

Ricardo Arenales

La comunidad europea recibió con alivio los resultados de las elecciones del 24 de abril pasado en Francia, en las que el presidente Emmanuel Macron se impuso en segunda vuelta contra la ultraderechista Marine Le Pen. Un resultado bastante significativo, por cerrarle el paso a la victoria de una representante de esa tendencia fundamentalista, que hubiera tenido un devastador impacto a escala europea.

Sin embargo, el crecimiento electoral de la ultraderecha no deja de preocupar a muchos. Si en la segunda vuelta de las elecciones de 2017, que marcaron el comienzo del primer mandato de Macron, Le Pen obtuvo 33.9 por ciento de la votación, en la segunda vuelta del último domingo de abril la candidata se trepó al 41.8 por ciento.

Entre tanto, Macron redujo su caudal electoral del 66.1 por ciento en la segunda vuelta de 2017, al 58.2 por ciento en los últimos comicios. Analistas aseguran que la ortodoxia de sus políticas económicas y sociales, el estado gerencial y autoritario de su gestión y la feroz represión a la protesta social contribuyeron a esos resultados.

La carta del miedo

A Macron le han colgado la etiqueta del “presidente de los ricos”. Al cierre de su campaña electoral prometió una ley para favorecer el poder adquisitivo de los trabajadores. Está por verse, pues las primeras decisiones de su anterior gestión fueron la reforma patronal al Código del Trabajo y la eliminación del impuesto a las grandes fortunas, por otro favorable a los más ricos.

En esta perspectiva, no es exagerado asegurar que Macron fue elegido más por el pánico que causaba su contrincante, que por la simpatía de grandes sectores de la sociedad francesa. Entonces se produjo, como lo dijo la encuestadora Ipsos, “un voto sin entusiasmo”.

La victoria de Macron sobre Marine Le Pen en la segunda vuelta no es pues ninguna sorpresa. Desde hace más de un año, los sondeos electorales lo vaticinaban. El candidato de izquierda Jean-Luc Mélenchon quedó eliminado para la segunda vuelta por escasos votos.

Tres fuerzas mayoritarias

Macron superó la maldición del voto castigo contra el presidente en funciones, que evitó que mandatarios anteriores pudieran ser reelegidos. Que provocó la derrota de Valery Giscard d’Estaing en 1981, de Nicolas Sarkozy en 2012 y contribuyó a la decisión de François Hollande de no postularse a la reelección en 2017.

Desde luego, ese voto castigo operó en una sociedad dividida en dos polos: el partido gobernante, y un fuerte partido de oposición, que en ocasiones llevó a que su candidato tuviera la fuerza suficiente para demandar que fuera elegido primer ministro. Y entonces apareció la figura de la ‘cohabitación’ entre dos partidos contrarios.

En este momento, hay quienes piensan que la sociedad francesa gira no en torno a dos, sino a tres polos: el eje mayoritario derecha (Macron) extrema derecha (Le Pen) y el de izquierda, representado en Mélenchon, quien se constituyó en la mayor sorpresa, por el dinamismo del voto reunido durante la primera vuelta. En efecto, el candidato de la Francia Insumisa mostró una hábil capacidad de reunir a los votantes hostiles al neoliberalismo de Macron.

Elecciones parlamentarias

Macron retrocedió ocho puntos porcentuales, casi cuatro millones de votos, respecto de la segunda vuelta de 2017. Esta caída no tiene precedentes en la historia de las elecciones presidenciales francesas. En contraste, la extrema derecha obtuvo un nivel nunca antes alcanzado, gracias a su capacidad de aglutinar a un electorado heterogéneo.

En estas condiciones, al presidente le quedan grandes desafíos por delante para su segundo mandato. Y tienen que ver con la política social, la enorme brecha entre los muy ricos y los muy pobres, un país desindustrializado, la fragilidad democrática, el cambio climático y el rol que Francia habrá de jugar en el desenlace de la guerra en Ucrania.

A esto se agrega que, en pocas semanas, para el 12 de junio, están previstas elecciones parlamentarias para renovar la Asamblea Nacional de 577 miembros y en donde los primeros sondeos vaticinan un duro revés político para el presidente.