El cuerpo mercancía

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Prostitución en el barrio Santa Fe en Bogotá. Foto Mónica Castillo

Históricamente, las mujeres han sido tratadas como productos comerciales, herramientas de guerra y venganza contra el enemigo. El resultado ha sido su deshumanización y la cosificación de su identidad

Yuli Torrez

La comercialización del cuerpo de las mujeres está relacionada desde los orígenes de la guerra, donde sus cuerpos eran entregados como trofeos para los “valientes” hombres que ganaban las batallas. Estos hechos aún siguen vigentes en países como Colombia, donde los cuerpos de las mujeres siguen siendo un tipo de “regalo” para el hijo que necesita desarrollar su masculinidad, todo esto a costa de la explotación y quizá con menos vulneración, al intercambio de sexo por dinero.

Este fenómeno global que vulnera los derechos humanos de las mujeres se vincula a la enorme brecha de desigualdad dividida en roles de género, en donde ser mujer condiciona la vida. Cabe destacar que este tipo de negocio ilegal, es considerado uno de los más lucrativos en el mundo, pero con un alto porcentaje de desconocimiento en las cifras de víctimas.

La idea utilitarista que se tiene sobre la vida de las mujeres, ha permitido que delitos tan graves como la trata se convierta en una oportunidad económica, con costos irrisorios para quienes “invierten”, donde además cuentan con grandes tasas de impunidad. “Teniendo en cuenta que el propósito del traficante es el lucro, se proponen multas significativas de manera que al equiparar costo – beneficio sea más riesgoso continuar con el negocio” (Susan Tiefen-brun, 2002).

Estas formas de comercialización de los cuerpos de las mujeres vulneran sistemáticamente sus derechos. Colombia hace parte de los países con más casos de explotación y esclavitud sexual, que además negocia con mafias de otros países para traficar. La trata, además de ser un crimen grave en contra de los derechos humanos por tratarse de un hecho esclavizante, de retención, agresión, torturas físicas y psicológicas, violaciones, entre otras atrocidades, tienen una fuerte conexión con el capitalismo, en donde todo puede venderse y comprarse a costa de la vida misma.

Mujeres rescatadas

¿Qué pasa con las mujeres que son rescatadas de estas mafias? ¿Cómo será su vida luego de esto? Son muchas de las preguntas que se hace el movimiento de mujeres en una situación de explotación sexual, en donde comerciaron con cuerpos humanos en contra de su voluntad. Los impactos a nivel físico y psicológico son devastadores, todo a causa de un sistema patriarcal que, vinculado al capitalismo, considera que puede hacer de la existencia de las mujeres un objeto de intercambio comercial.

Las formas de captación para este tipo de explotación, se hacen a través de falsas ofertas de    trabajo, en general vinculadas al trabajo doméstico y cuidado de niños/as y adultos mayores, además de buscar mujeres que, en la escala de vulnerabilidad, sean una “presa” fácil.

Colombia durante muchos años se ha visto como un país pionero en América Latina para el  envío de mujeres al exterior con fines de explotación sexual, pero las dinámicas ahora se presentan dentro del país con las mujeres venezolanas. “(…) En el año 2018 en diversos países incluidos Colombia y Perú, 372 mujeres venezolanas fueron rescatadas de redes de trata de personas con fines de explotación sexual, mientras en 2019 el número aumentó a 480” (Mulier. 2019).

Pero, ¿Qué sucede con las mujeres venezolanas que son explotadas sexualmente? Muchas de ellas son trasladadas por las fronteras más permeables o las famosas “trochas”, llegando a Colombia con la ilusión de generar ingresos para sus familias, pero se encuentran con un panorama desolador, en donde sus voces son acalladas y nadie es capaz de actuar, aun sabiendo que en muchos “bares” estas mujeres están siendo forzadas al trabajo sexual no pago.

El cuerpo de las mujeres sin cifras

No hay estadísticas claras sobre esta problemática y los movimientos feministas se encuentran luchando solos ante tantas injusticias patriarcales, por eso la importancia de elaborar protocolos de seguimiento al trabajo sexual, principalmente cuando se tienen alertas sobre estos casos.

La vida de las mujeres no puede verse reducida a la cosificación de los cuerpos. “(..) En la frontera colombo-venezolana, este fenómeno opera engañando a mujeres venezolanas en situación de vulnerabilidad para movilizarse a la ciudad de Cúcuta, donde supuestamente las espera alguna oferta laboral en un restaurante, bar, hotel, panadería, billar, vendiendo tintos o pasteles en el espacio público, entre otras” (Guarín, A; Borda, S. 2021).

Medidas de asistencia

Esto no quiere decir que algunas mujeres venezolanas no hayan sido trasladadas con consentimiento, poniendo puntal atención a este “consentimiento”, que está directamente relacionado a la brecha de género, a la pobreza y siendo las únicas personas que sustentan sus hogares, además de no poder tener una documentación que le permita realizar otro tipo  de actividad económica.

Recordemos que las mafias de la trata de personas, también trabajan con modelos de sometimiento, donde dejan a sus víctimas sin documentos, son violentadas física y psicológicamente, se les proporciona sustancias alucinógenas porque de esta forma será más fácil ejercer el sometimiento y el ejercicio de poder sobre ellas.

Se hace urgente implementar medidas de asistencia y protección a las mujeres migrantes, en especial aquellas que se encuentran en situación de indefensión; asimismo trabajar en la  no revictimización para que de esta forma quienes hayan pasado por estas situaciones, puedan recuperarse de manera integral, restableciendo sus derechos y sean precisamente las víctimas las que se ubiquen en el centro de la discusión de esta problemática.

Defensa de derechos humanos

Es el Estado el que debe garantizar los derechos de todas las personas, sin importar su nacionalidad, además de que toda la comunidad internacional trabaje en conjunto para prevenir estos hechos, creando medidas de protección y sanción a quienes ejercen el delito.

La defensa de los derechos humanos no puede quedarse exclusivamente en las organizaciones sin que los Estados deban tomar responsabilidad. “Desde el punto de vista de los bienes jurídicos afectados, esta visión sostiene que la trata de personas es un problema de vulneración de un gran número de derechos humanos, en otras palabras, de violación de la dignidad, que demanda restablecimiento de manera prioritaria” (Jones, 2009, 319).

Sin embargo, con todo el panorama desolador, existen diversos colectivos que se interesan  y se preocupan por esta situación deshumanizante, a veces desbordadas porque parece que la  tarea no tiene fin y hay poca participación real del Estado para garantizar que se llevan adelante políticas de protección y defensa de los derechos de todas las mujeres.

Llamado de emergencia

El llamado que se hace a las instituciones del Estado, va más allá de un proyecto que tenga una fecha de inicio y final para su elaboración, es urgente que las medidas se conviertan en una política pública, con mujeres que la lleven adelante.

Asimismo, se debe trabajar desde los territorios, como los pasos fronterizos legales e ilegales, además de elaborar planes de trabajo digno para las mujeres venezolanas que están ingresando a Colombia que hoy son la muestra de quienes están siendo vulneradas en mayor proporción, todo por el hecho de ser migrantes pobres.