Espionaje contra Venezuela: Una práctica de la guerra de baja intensidad

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Espionaje contra Venezuela

Duque impulsó planes de desestabilización contra el vecino país, así como perfilamientos y montajes que incidieran en el conflicto armado colombiano

Carolina Tejada

El poder político en Colombia, estuvo hasta el presente año, ligado a elites tradicionales, de corte conservador, a familias cuyo afán por mantener su estatu quo, mantuvo la persecución, el espionaje y estigmatización, como herramienta para deslegitimar a los grupos sociales excluidos del poder y de la mano con ello, imponer un imaginario anticomunista en Colombia, el cual trajo consigo un rechazo a cualquier acción contraria a los intereses del poder, tales como: la protesta social, la movilización ciudadana por la paz, los liderazgos políticos e incluso los análisis de periodistas que se mostraban distantes a los intereses del poder.

Hechos que además se han cruzado en la historia colombiana con el desenvolvimiento de un conflicto interno, social y armado, que ha mutado en el tiempo y que resulta de especial relevancia para las elites en tanto existen unas fuerzas políticas insurgentes que le han disputado el poder. Y, allí, la inteligencia militar, para rodear el poder imperante fue fundamental.

Abrebocas de las chuzadas de Uribe

En el periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez, con la política de Seguridad Democrática, cimentada en la guerra de baja intensidad, y cuya función era disponer de todas las fuerzas militares para diezmar al enemigo, sintetizado en los grupos insurgentes y el comunismo, principalmente de las FARC-EP, pero, bajo la comprensión que no era posible vencerlo solo con la fuerza del aparato militar, se planteó como parte de la estrategia, flaquear la voluntad de quienes componían el movimiento y las fuerzas proclives a su papel.

Práctica que implementó EEUU luego de su derrota en Vietnam y Nicaragua, y en cuya función ha jugado un papel desbordante las estrategias de prensa. “Quitarle el agua al pez” llamaron los militares en Colombia y esas aguas eran el campesinado, la juventud, los sectores democráticos del país y aliados del continente.

Los agentes o funcionarios que desempeñan dichas tareas, actúan con la convicción de que su papel es necesario para dar cumplimento al deber ser de la institución y del Estado, en procura de mantener un objetivo, ideológicamente definido, y que es impartido por quienes detectan el poder. Es decir, ejecutan, con convicción, acciones que responden a la jerarquía del poder político en el país.

Parte del plan de la inteligencia militar para diezmar la voluntad de los “enemigos” del poder, consistía en espionaje, montajes, desprestigio, estigmatización y persecución política y fue agenciado por el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS. El escándalo denominado por el periodista Juan Gossaín, como “la monstruosidad” un caso repugnante de espionaje y violación a la intimidad de la vida de las personas” salió en el año de 2009.

En este sentido, una de las tareas que ha tenido esa inteligencia militar, ha sido la de crear la noción de enemigo interno, que, como afirma la Comisión de la Verdad, dicha doctrina sirvió para “la persecución y exterminio físico y político” de diversos sectores en el país.

Venezuela en medio de la estigmatización 

Estas prácticas le han costado la honra, la vida a líderes y la estabilidad a procesos organizativos democráticos en el país y el continente, es parte de la herencia doctrinal de la inteligencia basada en unos imaginarios, prácticas y valores, que en el caso de los documentos recopilados del DAS, se evidencia como blancos a los partidos políticos opositores al Estado, la Corte Constitucional, y el objetivo, generar vínculos con las FARC, entre otros.

Según las investigaciones el 12 de septiembre del 2007 en una reunión de la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado, su jefe de inteligencia y Bernardo Moreno, quien en el espacio pidió “tener informado” al presidente de entonces Álvaro Uribe, sobre la dirigente liberal Piedad Córdoba, al periodista Daniel Coronell, al líder político Gustavo Petro y a los magistrados, iniciaría, según la misma Corte, un proceso de interceptaciones, seguimientos y montajes.

Margaret Sekaggya, relatora especial de las Naciones Unidas en Colombia, en 2009, expresó luego de una audiencia en donde se relacionaron las denuncias por las interceptaciones del DAS y violaciones a los DDHH, que “me preocupa la información sobre el seguimiento y la interceptación por parte de los servicios civiles y militares sufridos por defensores de DDHH nacionales e interceptaciones entre ellos los magistrados, el anterior relator de los DDHH”.

Para entonces, las interceptaciones y montajes a la dirigente liberal Piedad Córdoba, se enfocaron en conocer detalles sobre las personas secuestradas y del acercamiento que se adelantaba para su liberación. Además, era objeto de persecución por sus supuestos vínculos con inteligencia de Venezuela y Cuba. Existen actas y declaraciones de exintegrantes del DAS en donde se expresa que esta información era parte de la inteligencia estratégica para la presidencia y cuyo objetivo era tomar decisiones políticas.

Los planes contra Venezuela

Las nuevas evidencias sobre espionaje y planes para desestabilizar a Venezuela, publicados recientemente por la revista Raya, adelantados en el marco del Acuerdo de Paz y luego de la firma, no son nuevas, son la continuidad del espionaje del gobierno de Álvaro Uribe, una copia de la experiencia de EEUU y que tiene como fin, flaquear la voluntad del pueblo venezolano, aislar a Venezuela del continente, eliminar por la vía de montajes jurídicos a líderes y organizaciones, así como poner en el escarnio público, con el apoyo de medios de comunicación, a opositores de los gobiernos de entonces.

A sabiendas de lo que se venía con la llegada de Uribe al gobierno, el presidente Hugo Chávez para el 2009, en una alocución presidencial dijo: “no le vamos a permitir al imperio norteamericano, el amo, a su cachorro el presidente Uribe y la oligarquía colombiana que nos vengan a dividir, a debilitar. Tenemos razones para estar alerta”.

Para la fecha, Colombia había invadido el territorio ecuatoriano con el bombardeado que acabó con la vida de Raúl Reyes, ex jefe de las FARC-EP, se conocía de las bases militares gringas en el país y de las interceptaciones del DAS en donde varios líderes y lideresas políticas estaban en la lista de espiadas, y con acusaciones de tener relaciones con las FARC y con la inteligencia de Venezuela y Ecuador.

En ese sentido, es importante que se conozca públicamente la magnitud y el detalle de la infiltración al gobierno de Venezuela por parte de la inteligencia colombiana y sus aliados en el periodo de Duque. Según la revista Raya, a través del proyecto “Génesis” y la hipótesis de guerra contra Venezuela “Blanco Z2”, se desarrolló el espionaje con 28 fuentes dentro de las fuerzas estatales de Venezuela.

“Desde un General de Brigada del estado Mérida quien fue orientado para conseguir más objetivos cooperantes al interior de los uniformados” además de coroneles, tenientes, oficiales de la Armada Bolivariana, de la Policía y miembros de las Milicias Bolivariana, etc.

Los hallazgos hasta el momento reafirman los temores de  Hugo Chávez, Venezuela fue víctima de infiltraciones, de perfilamientos y de saboteo y montajes para incidir en el conflicto armado colombiano, uno de esos planes se “ejecutó en el estado de Apure con el objetivo de “influir en el Ejercito Bolivariano para que adelantara operaciones militares contra el ELN”, allí los espías colombianos elaboraron  panfletos y audios del ELN ordenando realizar “ajustes de cuentas” en contra de las Fuerzas Armadas venezolanas”.

La revista también da cuenta de un chivo expiatorio, un periodista que se infiltró fácilmente en las embajadas de Cuba y Venezuela, se ganó la confianza de funcionarios para adelantar todo tipo de infiltración. Entre otras cosas, se perfilaron diplomáticos, interfirieron sus comunicaciones, igual pasó con integrantes del Partido Comunista y la Juventud Comunista, en la costa y centro del país.