“Espero que algún día sea distinto”

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Lenin Jiménez C.

Entrevista con el joven trabajador Lenin Jiménez Contreras, empleado de una reconocida empresa de seguridad de la capital.

Lenin Jiménez C.
Lenin Jiménez C.

Redacción Juvenil

El fragmento de colombianos que se ganan la vida como vigilantes, celadores o guardas de seguridad, abarca cada vez a más jóvenes, que ven en este oficio, una de las pocas posibilidades de contar con un empleo estable. Sin embargo, la situación laboral en este campo, no es ninguna panacea. Bajos salarios, largas jornadas de trabajo, escasos derechos sindicales y contratos basura, agobian a los jóvenes trabajadores de este sector.

Redacción juvenil quiso conocer en detalle, cómo es la vida de un muchacho que trabaja como guarda de seguridad, custodiando las instalaciones públicas y privadas de las principales ciudades del país. Y fue mientras ingresamos a la Cancillería colombiana, en el norte de Bogotá, que nos encontramos con Lenin Jiménez Contreras, un joven barranquillero, de 25 años, empleado de una reconocida empresa de seguridad de la capital, y quien presta su servicio en esa sede. A pesar de su aspecto, carismático, fue necesario ganarnos su confianza, para que accediera a conversar con nosotros sobre su labor y su vida en general.

–Lenin, cuéntenos, ¿en qué consiste su trabajo?

–Yo soy guarda de seguridad, de la sede norte de la Cancillería. Mi trabajo acá es rotativo: cuando nos toca en la puerta del edificio, nuestra labor es verificar el ingreso del personal que viene a sacar su pasaporte, o extranjeros que vienen a tramitar visas. Cuando nos toca en parqueadero, nos corresponde registrar el ingreso y salida de vehículos, y cuando nos toca la parte interna, se trata de estar atentos de todo lo que corresponde a la seguridad del edificio, de los funcionarios y los visitantes.

–¿Cómo es un día de trabajo para usted?

–Mi turno de trabajo inicia a las siete de la mañana, lo que me exige levantarme entre las cuatro y quince y las cuatro y media. Preparo mi desayuno, empaco mi almuerzo y me alisto para la jornada de trabajo. Cuando llego a la Cancillería, el supervisor nos asigna las tareas del día y nos informa si existe alguna novedad. Me agrada más cuando el turno me toca hacerlo dentro del edificio, porque cuando estamos en la puerta o el parqueadero, a veces aparecen personas groseras que, por ser adineradas, creen que pueden irrespetarnos. Mi jornada laboral se termina a las seis de la tarde, y estoy llegando a mi casa, aproximadamente a las ocho de la noche, a lavar mi uniforme y descansar para el día siguiente.

–¿Por qué tomó la decisión de ser guarda de seguridad?

–Yo me siento agradecido por contar con un empleo, se que hay muchos jóvenes que no han podido conseguir uno. Pero esa no fue una decisión que tomé yo. Las circunstancias y la necesidad me obligaron a trabajar en esto.

–¿A qué se refiere con las circunstancias y la necesidad?

–Cuando terminé el colegio mi proyecto era estudiar licenciatura en ciencias sociales, pero no pude ingresar a una universidad pública y el presupuesto familiar no me daba para una universidad privada, por eso no pude empezar mi carrera como yo quería. Me dediqué al rebusque, me gané la vida como dos o tres años vistiéndome de payasito y vendiendo espectáculos para niños en los parques de varios municipios de la costa. Después de esto se me ocurrió prestar el servicio militar, creyendo que eso podía ayudar a estabilizarme, pensé incluso hacer el curso de suboficial, pero al término de los años de servicio, me encontré con la misma realidad; no tenía como pagar el curso y no iba a ser suboficial de la Armada. Luego me fui a La Guajira a contrabandear gasolina desde la frontera con Venezuela hasta el centro del Cesar, en eso estuve un par de años. Ese “trabajo” era muy peligroso y quienes se enriquecían eran los que tenían el dinero para comprar la gasolina que yo transportaba, no ganaba mucho, además de estar en medio de mafias que controlaban esa actividad, por lo que decidí definitivamente retirarme de eso. Fue entonces cuando me vine a Bogotá, donde una tía, con la esperanza de poder conseguir un trabajo digno y poder ingresar a la universidad.

Cuando llegué a la capital, lo único a mi favor fue contar con la libreta militar, y a pesar que busqué otro tipo de empleo, solo se me dio la posibilidad de trabajar en esto, y es así como terminé siendo guarda de seguridad.

–¿Qué experiencia lo ha marcado en este trabajo?

–Yo fui despedido de la anterior empresa en la que trabajaba, cuando una señora dueña de un gimnasio que quedaba en el centro comercial en el que yo custodiaba el parqueadero, le solicitó a la empresa mi retiro. Lo que sucedió es que la señora al ingresar su vehículo no me permitió revisarlo como me ordena mi trabajo, antes por el contrario me irrespetó gritándome con palabras obscenas, preguntándome que si yo sabía quién era ella, a lo que yo respondí no saberlo, pero que al igual que ella merecía respeto. Esa respuesta mía fue el motivo para que me retiraran. Esa experiencia sin duda me marcó.

–¿Se ve en este trabajo de por vida?

–No, mis aspiraciones no son mantenerme en este empleo indefinidamente, por dos razones: La primera es por las condiciones propias de este trabajo, siento que el sueldo no corresponde a lo que nos toca hacer, empezando por la misma hora en la que nos toca levantarnos para empezar un turno, la forma en la que estamos contratados no nos brinda mucha estabilidad, en cualquier momento se nos vence el contrato y nada nos garantiza que sea renovado. Y la segunda razón es que yo quiero ser un profesional, ojalá profesor de ciencias sociales, es por eso que los fines de semana estudio una carrera técnica en contabilidad en una institución de educación superior, con la esperanza que, al terminarla, pueda conseguir un empleo de mejores condiciones y pueda pagar finalmente una carrera universitaria.

–Se ha mantenido con mucho esfuerzo en sus aspiraciones iniciales, ¿por qué cree que esté siendo tan difícil convertirse en lo que finalmente quiere?

–A los jóvenes que no provenimos de una familia adinerada, nos toca así, mi hermano por ejemplo, aún se gana la vida de jornalero en fincas cerca a Codazzi (Cesar), muchos de mis amigos se quedaron en las primeras dificultades, terminaron en las drogas o en la delincuencia. Pero esto no ha sido culpa de ellos, en Colombia a jóvenes como yo, no se nos brindan la oportunidades para ser de nuestros sueños una realidad.

–¿Qué espera que ocurra de ahora en adelante?

–Yo espero que algún día sea distinto. Espero graduarme, ser contador y licenciado en ciencias sociales, espero tener una vida distinta y llegar a mi vejez sin preocupaciones. Pero también espero que las condiciones de vida para los jóvenes y para los colombianos en general cambien. Espero que algún día, no sé cómo ni cuándo, todos tengamos una vida digna.