martes, junio 25, 2024
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En riesgo la “gallina de los huevos de oro”

La gente no quiere a los tiranos locales, pero tampoco al poder de París. El pueblo africano sabe que la supuesta “democracia” que dicen defender Francia, Estados Unidos y las potencias occidentales, es una farsa

Ricardo Arenales

Desde los tiempos del presidente francés Charles de Gaulle (1959-1969), se inició un proceso de “desprendimiento” de las colonias francesas en África, algo que algunos llamaron “descolonización democrática”. No fue, desde luego, un proceso generoso y romántico. Estuvo precedido de una fuerte lucha anticolonial, en la que el país galo promovió innumerables golpes de Estado y el asesinato de los principales líderes de la independencia, en Angola y otros países.

Fue un proceso de independencia formal. Francia ha creado una moneda que circula entre los países francófonos, el CFA, un billete que es emitido por el Banco de Francia y es controlado por este. Lo anterior permite que París en estos momentos tenga el usufructo del 80 por ciento de las reservas de divisas de las naciones africanas, que se depositan en “cuentas de operaciones” controladas por el Tesoro francés.

Francia tiene la mitad de las reservas de oro de los países que comercian con moneda francesa y las reservas energéticas de uranio de estos países. El control colonial es amplio: las monedas, las reservas de divisas, las operaciones comerciales.

Posición monopólica

Los países africanos cuentan con recursos naturales estratégicos, que los convierten en objetivo de los intereses corporativos y geoestratégicos, no solo de Francia sino de Estados Unidos y otras potencias occidentales.

Esta posición monopólica de Francia sobre los mercados de una porción grande de países africanos hace que sea difícil para estos exportar al viejo continente, y en cambio se vean obligados a importar de Francia casi todos los productos necesarios para su subsistencia.

En Gabón abundan las riquezas minerales: oro, diamantes, manganeso, uranio, niobio, hierro, por no hablar del petróleo, el gas natural y la energía hidroeléctrica. En contraste con estas riquezas, más del 30 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día y en más del 60 por ciento de las regiones del país, el acceso a la asistencia sanitaria y al agua potable es nulo. En Gabón prácticamente toda la economía gira en torno a la minería.

En el caso de Níger, Francia explota uranio y petróleo de gran pureza, así como otros tipos de minerales. Además, los Estados Unidos están presentes operando tres bases militares con hasta cuatro mil uniformados. Allí tiene sede la segunda base más grande de África de aviones no tripulados.

Estados Unidos y Europa, que coinciden en el grado de explotación de los recursos naturales africanos, chocan sin embargo en cuanto a los beneficios del gasoducto Transhariano. Después del sabotaje a los gasoductos Nord Stream que transportaban gas ruso hacia Europa, la Unión Europea y Alemania necesitan con urgencia una alternativa.

Para los europeos la solución sería el gas nigeriano cruzando el Sahara. Nigeria tiene 5.7 billones de metros cúbicos de reserva, pero no tiene resuelto un mecanismo para bombear su gas a clientes lejanos.

En estas condiciones, Níger se convierte en país de tránsito esencial. El suministro de gas argelino apenas cubre el sur de Europa. Y comprarle el combustible a Estados Unidos resulta terriblemente caro.

Se acabó la diversión…

Con Gabón se completan seis golpes de Estado en África en tres años: Malí, Níger, Burkina Faso, Sudán y Guinea

Pero ahora las fichas del dominó africano dicen: “Se acabó el juego”. Con la expulsión del cargo del presidente de Gabón, hace unas semanas atrás, se completan seis golpes de Estado en África en tres años. En la última serie de golpes en Malí, Níger, Burkina Faso, Sudán y Guinea, quienes se han colocado al frente, con un amplísimo respaldo popular, han sido grupos de militares que tiene en común un sentimiento antimperialista y un marcado acento antifrancés.

Son generaciones de militares jóvenes que actuaron dentro de los regímenes que decían querer cambiar o abolir, y se les agotó la paciencia. Algunos tienen lazos familiares con los mandatarios corruptos derrocados. Otros han tenido financiamiento de Estados Unidos a través de programas como los que brinda la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid, o han sido entrenados por oficiales norteamericanos. Y al parecer, han roto ese cordón umbilical. A menos que la historia por escribirse diga otra cosa.

Un aspecto que transversaliza la conflictividad actual en África es que, en medio de tanta riqueza, pulula la pobreza en extensas franjas de la población, el no querer soportar más regímenes autoritarios que garantizan los intereses neocoloniales de Francia y otras potencias a cambio de quedarse con una parte jugosa de las utilidades del saqueo del petróleo y la minería.

Es claro que estos movimientos de liberación nacional se producen fundamentalmente en el África francófona. Por eso las extraordinarias expresiones de júbilo popular ante los movimientos militares que han dado al traste con dinastías autocráticas, que en algunos casos se han prolongado por medio siglo.

No más tiranos

La gente no quiere a los tiranos locales, pero tampoco al poder de Francia. Los africanos saben que la supuesta “democracia” que dicen defender Francia, Estados Unidos y las potencias occidentales, es una farsa.

Según el Banco Mundial, Gabón es un país de ingresos medios altos debido a que es un importante exportador de petróleo y miembro de la OPEP. Tiene un Producto Interno Bruto per cápita de 9.000 dólares, comparado con 500 de Níger, 890 de Burkina Faso o incluso los 2.000 de Nigeria. Pero una tercera parte de la población vive por debajo de la línea de pobreza y el 40 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años están sin empleo. Esta medida no es sustancialmente diferente en el resto de países africanos.

En Níger, miles de personas se han manifestado en las afueras de una base militar francesa en Niamey, la capital, para exigir que París retire todas sus tropas, e incluso el personal diplomático, del territorio de ese país.

Entre las consignas de los manifestantes están los gritos de: “Abajo el imperialismo”, “soldados franceses, Níger es un país soberano, ¡váyanse!”, y “Macron, Níger no es de tu propiedad”. Las nuevas autoridades cancelaron una serie de acuerdos de cooperación de Níger con Francia, en un intento por poner fin a la presencia militar de Francia en su territorito.

Ante esta realidad, las potencias occidentales han respondido con una mentalidad colonial, racista, promotora del saqueo. Y Francia en particular, atribulada y confusa, no parece comprender todavía las dimensiones de las fuerzas sociales en movimiento en esta parte de África, donde se han producido alzamientos con un verdadero contenido antimperialista.

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