lunes, abril 15, 2024
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El Segundo Congreso del Partido Comunista

Durante este encuentro se abrieron paso posiciones que llamaban a abandonar el proyecto revolucionario, así como a disolver la organización, todo ello so pretexto de adaptar el Partido a los tiempos que se estaban viviendo, marcados principalmente por la lucha contra el fascismo en el mundo

Alejandro Cifuentes

A finales de 1944 las condiciones de vida de los trabajadores urbanos y agrarios en Colombia empeoraron por la inflación. Además, el país atravesaba una crisis política ante la descomposición del segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo (1942-1945), lo que empoderó a los sectores más reaccionarios de la burguesía, el bipartidismo y las fuerzas armadas.

En medio de este contexto, se desató una arremetida contra el movimiento obrero y algunas de sus principales conquistas, como el derecho a huelga; igualmente los latifundistas se abalanzaron contra el campesinado para reversar los pocos alcances de la Ley 200 de 1936; e incluso las libertades democráticas fueron amenazadas, cuando, en julio de 1944, un grupo de militares intentó un golpe de Estado contra López.

En semejante escenario los comunistas colombianos adelantaron su II Congreso. Durante este encuentro se abrieron paso posiciones que llamaban a abandonar el proyecto revolucionario, así como a disolver la organización, todo ello so pretexto de adaptar el Partido a los tiempos que se estaban viviendo, marcados principalmente por la lucha contra el fascismo en el mundo. Aunque finalmente no se llegó a liquidar el Partido, la organización cambió de nombre, lo que a su vez respondía a un cambio en la línea política, adoptando el browderismo en desmedro del proyecto revolucionario.

El fascismo

El curso de la Segunda Guerra Mundial es fundamental para entender el desarrollo del II Congreso del PCC. Para 1942, tras la invasión alemana de la URSS y el ataque japonés al principal puerto estadounidense en el Pacífico, el conflicto había dejado de ser una confrontación europea. Por eso los comunistas no descartaban que la guerra llegara a América, y dada la posición geográfica de Colombia, con costas en dos mares y muy cercana al Canal de Panamá, la amenaza parecía mayor para el país.

Y esta valoración no se basaba en simples conjeturas. En el país se evidenciaba la acción fascista, ya fuera en acciones propagandísticas –que tenían en el conservatismo, liderado por Laureano Gómez, su principal caja de resonancia–, o en las actividades de espionaje. Los comunistas denunciaron reiteradamente tales cosas, pero además lideraron iniciativas de organización antifascista, en las que confluyeron diversos actores del movimiento obrero, grupos liberales, organizaciones femeninas, e incluso representantes de la comunidad judía.

Por otra parte, varios líderes comunistas comenzaron a promover consignas a favor del mejoramiento del aparato de defensa nacional y la formación de una industria militar propia, al mismo tiempo que se insistía cada vez más en una alianza americana, incluidos los Estados Unidos, para enfrentar cualquier potencial agresión de las fuerzas del Eje.

Alianzas incondicionales

Parte de la campaña antifascista estaba dirigida contra el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942), pues este representante de la derecha liberal y enemigo del movimiento obrero, había dubitado en tomar parte frente a la guerra. Cuando Alfonso López Pumarejo se presentó como candidato a la presidencia en 1942, el PCC no dudó en brindarle todo su apoyo, a pesar de que previamente se había advertido sobre las alianzas incondicionales.

López venció en las urnas, pero rápidamente comenzó a traicionar las esperanzas de sus votantes. El presidente no solo no retomó la senda reformadora de su primer mandato, sino que además se plegó a la oligarquía. Y encima, su nueva administración comenzó a estar ligada a sendos escándalos de corrupción. López comenzó a mostrar cansancio y debilidad, lo que rápidamente fue aprovechado por sus detractores, una oposición liderada por filofascistas y los sectores más recalcitrantes de la burguesía y los terratenientes.

A pesar de que los comunistas no callaron ante las arbitrariedades de López, no fueron suficientemente contundentes, pues en parte se pensaba que la defensa del gobierno conllevaba la defensa de las libertades civiles.

Lo cierto es que fueron los comunistas los únicos que advirtieron el riesgo de un golpe militar, y cuando llegó el momento, estos lideraron la movilización popular que logró frenar el ascenso de una dictadura.

El browderismo

La tendencia que se abrió camino al interior del PCC en este periodo estuvo inspirada por las decisiones del secretario general del Partido Comunista de los Estados Unidos, y quien terminó exagerando la significación de alianza militar entre su país y la URSS. Esta inició en enero de 1942, en el marco de la lucha contra la Alemania nazi, aunque no fue sino hasta la Conferencia de Teherán, a finales de 1943, cuando Stalin consiguió el compromiso occidental de la apertura de un segundo frente de batalla en Europa que aliviara la carga que recaía sobre el Ejército Rojo y el pueblo soviético.

De esta manera se inició la cooperación entre dos órdenes sociales distintos, que Browder interpretó como un cambio de época. Dejó de lado el análisis clasista y consideró que el imperialismo era cosa del pasado, porque la cooperación de la burguesía en la guerra antifascista con el socialismo le llevaría a abandonar la rapiña y la explotación tras el final de la confrontación.

Por eso, el rol de la clase obrera era el de fortalecer la unidad de toda la nación en su esfuerzo bélico contra el nazismo y por ello los comunistas deberían abandonar la lucha por el socialismo y fundirse en movimientos más amplios. De esta manera se impuso la tendencia liquidacionista y el Partido Comunista fue reemplazado por la Asociación Política Comunista de América.

El II Congreso del PCC

Este evento se realizó en agosto de 1944 y durante sus sesiones se discutió la adopción de las ideas browderistas. Ya previamente al Congreso, Augusto Durán, secretario general, había señalado que la denominación de “partido comunista” no era adecuada para la época que se estaba viviendo, y comenzó a promover la adopción de los lineamientos norteamericanos.

Durante el Congreso, Gilberto Vieira se encargó de defender esta posición, asegurando que en Colombia no se estaba luchando por el comunismo, sino por la construcción una patria libre y próspera, que dejara atrás los resquicios del feudalismo. Finalmente, por mayoría de votos, el Congreso adoptó un nuevo nombre para la organización: Partido Socialista Democrático.

Aunque los postulados browderistas no llevaron a los comunistas colombianos al extremo de disolver al Partido, esta posibilidad no dejó de barajarse. Sin embargo, Viera argumentó que en nuestro país la idea de partido era vigente y aceptada entre las masas, y que, además, los comunistas se habían ganado un lugar en medio del tradicional bipartidismo con 14 años de trabajo perseverante que no se podían perder.

No obstante, el cambio de nombre no fue un simple problema del lenguaje. Este tuvo implicaciones organizativas. Los principios leninistas se relajaron, eliminando la figura de la célula y promoviendo asambleas a todo nivel, así como el desarrollo de reuniones informales que negaban el debate democrático.

Ahora bien, en el plano teórico, Durán promovió una visión reformista y carente de la perspectiva de clase. Se homogeneizó a la burguesía y se la mostró como un actor progresista que daría fin al feudalismo. Mientras, a nivel internacional, este consideró que el imperialismo pasaba a ser cosa del pasado, y que tras el final de la guerra las grandes potencias capitalistas empezarían a colaborar con los países atrasados para estimular su desarrollo. Entre tanto, comenzó a desarrollarse un culto a la personalidad de Durán, quien también se mantuvo en el cargo de secretario general.

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