El Primer Congreso del Partido Comunista

0
177
Dirigentes comunistas en la década de 1930, entre los que destacan José Gonzalo Sánchez y Rafael Baquero. Foto archivo

La primera experiencia se realizó en 1941 con una difícil situación, pues durante el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) se dieron ataques directos a los comunistas, mientras las campañas de desinformación tendieron a aislar al Partido, que para el momento del encuentro contaba con algo más de 1.400 militantes

Grupo de Investigación Histórica

Para un partido comunista -si entendemos por este un partido autónomo de la clase obrera en función de sus intereses generales, un partido de nuevo tipo en el sentido que Lenin le da- el congreso se constituye en la máxima instancia de su vida política, pues en este se decide democráticamente el rumbo y la política de la organización.

El Partido Comunista de Colombia, nombre que tenía por aquella época, organizó su primer congreso 11 años después de su fundación. Aunque el evento había sido convocado para mediados de la década de 1930, la organización del máximo encuentro de los comunistas del país se fue dilatando por varios años.

Sin embargo, esto no quiere decir que el Partido no hubiera sesionado en pleno con su militancia para tomar decisiones fundamentales. El PCC surgió de una reunión plenaria del Partido Socialista Revolucionario con personas de todo el país. Posteriormente se realizaron dos conferencias nacionales, en 1934 y 1935, así como varios plenos ampliados, en los que se designaron dirigentes y se discutieron problemas de la política partidaria, como por ejemplo, lo relativo al Frente Popular y la unidad de acción del movimiento sindical.

1941

La situación en que se realizó el primer Congreso del PCC era bastante compleja. En Colombia el reformismo abierto por Alfonso López Pumarejo (1934-1938) había llegado a su fin, y con él la política conciliadora con la clase obrera. El crecimiento económico experimentó una merma y el comercio exterior se vio seriamente afectado por la Segunda Guerra Mundial, que inició a mediados de 1939.

El precio de las exportaciones colombianas se estancó durante los primeros años del conflicto, mientras que su volumen se redujo. Esto redundó en una baja en la capacidad importadora, y a su vez, las importaciones también sufrieron por cuenta de la escasez de ciertos productos, principalmente medios de producción, provenientes de las potencias que entraron en guerra. El costo de la merma económica recayó en los trabajadores: hubo un aumento del desempleo, al mismo tiempo que bajaron los salarios.

Además, ante la arremetida patronal el movimiento obrero había visto reducida su capacidad de respuesta. Desde el final de su gobierno, López Pumarejo había sido presionado para frenar sus reformas y romper su cercanía a las clases populares, tanto por la burguesía como por parte de los miembros de la derecha liberal. Para reemplazar a López, este sector del liberalismo designó a Eduardo Santos (1928-1942), quien inició una política anticomunista y desató una campaña para dividir al movimiento sindical agrupado en la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC.

En medio de tal situación se iniciaron las sesiones del Primer Congreso del PCC, el cual se inauguró el 4 de agosto de 1941 en la ciudad de Bogotá, y fue encabezado por el líder sindical de los trabajadores del Magdalena, Augusto Durán, quien fungía como secretario general del Partido desde finales de la década de 1930.

Portada del informe político al primer congreso del Partido Comunista de Colombia escrito por Augusto Durán. Foto archivo

La Guerra y el Congreso del PCC

Para este momento la Segunda Guerra continuaba su curso, ahora con la apertura del frente oriental tras la invasión de la Alemania nazi a la Unión Soviética. Luego del encuentro de las potencias occidentales con Hitler en 1938, quedó claro que el plan de las democracias liberales no era el de frenar el fascismo, sino utilizarlo como herramienta de agresión contra la URSS.

Tras los acuerdos de Múnich, Inglaterra y Francia les dieron carta blanca a los nazis para actuar en Europa central, y así se rompió cualquier posibilidad de acuerdo militar con los soviéticos para frenar al militarismo alemán. Los soviéticos respondieron en 1939 con su propio acuerdo, el Pacto de no agresión con Alemania, con el cual buscaron alejar a los nazis de sus fronteras para ganar tiempo y preparar las defensas. Tal cosa fue posible hasta junio de 1941, cuando Hitler, luego de haber apuntalado su posición en Europa occidental, emprendió la invasión de la URSS, iniciando así un nuevo momento de la conflagración.

Durante el Congreso, el PCC realizó una caracterización de la guerra que vivía el mundo. La contienda había sido leída en su inicio por los comunistas colombianos como una confrontación de carácter imperialista, que buscaba frenar los movimientos de liberación nacional en las colonias, y conseguir un nuevo reparto del mundo.

Pero tan pronto los nazis se volcaron contra la URSS el carácter de la guerra cambió. Por todo ello, el Congreso estableció que esta era una guerra revolucionaria, ya que los soldados del Ejército Rojo representaban el puntal de una guerra popular contra las fuerzas del fascismo.

El Congreso y los problemas organizativos

Otro de los temas que ocupó la atención del Congreso fue la cuestión de la unidad del movimiento obrero. Como se señaló previamente, las acciones del gobierno de Santos llevaron a una fractura al interior de la CTC. Para el Partido, el antisovietismo, así como la difusión nacional del ideario fascista, contribuyeron a la ruptura de la unidad sindical. Esto había redundado en la debilidad de la clase obrera para movilizarse por sus reivindicaciones, y por tanto el retroceso en algunas de las conquistas que la clase obrera había alcanzado previamente.

Para encarar el problema, el Congreso planteó ideas para retomar el camino de la unidad, evitando caer en consignas vacías, y apuntando más bien a una agenda concreta: la crisis del movimiento obrero se achacaba a su falta de independencia, ya que había cifrado sus esperanzas en el reformismo burgués, por lo que la respuesta estaba en la capacidad de lucha de los mismos obreros para conseguir mejores condiciones de vida. No obstante, tales planteamientos no impidieron que en el futuro el PCC volviera a insistir en estrechas alianzas con el liberalismo.

De hecho, parte de este problema se veía claramente en la posición que el Congreso fijó ante las candidaturas para la elección presidencial de 1942. Durante el encuentro se hizo una certera identificación de las facciones encontradas al interior del liberalismo, y lo que propuso fue intentar facilitar una candidatura que unificara a los liberales.

Ahora bien, esta esperanza se correspondía en parte en la lucha contra el fascismo, y más específicamente durante los años de la guerra, en el esfuerzo de impedir cualquier movimiento de “quinta columna” en el país, que podía tomar forma en la penetración de agentes fascistas en las instituciones de gobierno o en las actividades económicas privadas.

Sobrestimación del liberalismo

Como parte del esfuerzo de la lucha antifascista, el Congreso acordó la creación del Diario Popular, para informar de la marcha de la guerra y orientar las campañas de solidaridad con la URSS.

El Congreso se realizó en medio de una difícil situación, pues durante el gobierno de Santos incluso se dieron ataques directos a los comunistas, mientras las campañas de desinformación tendieron a aislar al Partido, que para el momento del encuentro contaba con algo más de 1.400 militantes.

Para impulsar la organización, se planteó la necesidad de crecer en centros fundamentales, como las economías de enclave, los ferrocarriles y los centros de la industria textil. Además, se orientó la creación de una nueva organización juvenil comunista, aunque finalmente lo que tomó forma fue una estructura de jóvenes antifascistas.

El Congreso abrió un nuevo periodo de crecimiento de la influencia del Partido entre las masas, aunque al mismo tiempo lo llevó a una sobrestimación del liberalismo y del rol de la burguesía nacional.