“El mundo es un circo gobernado por esquizofrénicos”: Karkajadas

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Karkajadas. Foto Calarcá

VOZ habló con uno de los miles de personajes que habitan las calles de Bogotá́. Afirma ser médico espiritual, conocer más de 140 países y descubrir una sociedad oculta en las montañas de Nariño a 35 mil kilómetros bajo tierra que vive en perfecta armonía. La clave: cultivan el agua

Arlés Herrera (Calarcá)

Dicen en la calle que, “todo ser humano de loco tiene un poco”. Desde luego unos más que otros. Es larga la historia sobre la locura. En la antigüedad se creyó que el “loco” era un ser poseído por espíritus malignos.

Hoy, en el siglo XXI, se sabe que son diversos los motivos por los cuales una persona puede enloquecer. Inclusive hay cierta clasificación de “locos”. Los hay agresivos, pasivos, algunos hablan solos y ríen, otros pelean con enemigos imaginarios. Y hay quienes a pesar de su enajenación mental son ingeniosos.

Sobre los “locos”

Recordemos al doctor Gabriel Antonio Goyeneche, eterno candidato presidencial, lanzado siempre por los estudiantes de la Universidad Nacional. Es un ejemplo de una desbocada e ingeniosa imaginación. En su programa de gobierno prometía pavimentar el río Magdalena, “este ya tiene la arena suficiente, basta con echarle más cemento”. También decía que podía trasladar Tunja a Girardot, convertir la chicha en champaña, eliminar los inodoros tradicionales para ahorrar agua y papel, y crear un nuevo wáter que supuestamente tenía la virtud de volver útil la caca.

Larga es la lista de “locos” colombianos geniales y llenos de gracia que hicieron historia: Pomponio, Cuchuco, la Loca Margarita, el Bobo del Tranvía, Natilla, Cuatro Pelos, Mameyo, Boca Túnel, Cosiaca, Riverita, etc.

Existe el “loco” místico, generalmente este suele decir que habla con Dios. A propósito, Moisés dijo haber hablado con Dios cuando este le entregó los estatutos, o sea los diez mandamientos que habrían de regir el comportamiento humano, cosa que nadie ha cumplido.

Entre otras cosas pienso que faltó incluir un mandamiento más: Amaré a la pacha mama y a todos los seres vivientes. Al respecto recomiendo Los estatutos del hombre, de Thiago de Mello, poeta brasilero recientemente fallecido.

El dolor de amar 

Hay locuras por amor. Sobre esto han corrido ríos de tinta, literatura, poesía, pinturas, esculturas, monumentos, cine, novelas, teatro, canciones, etc. En esa línea, han existido amores famosos: Romeo y Julieta, Efraín y María, etc.

Es famosa la historia de Juana I de Castilla, “Juana la loca”, que enloqueció por el inmenso amor que le profesaba a su marido Felipe el hermoso. Dice la historia que, al fallecer el cónyuge, “la Loca” llegó al extremo de recorrer con el cadáver durante tres meses toda la geografía de la actual España, incluso alcanzó el extremo de acostarse junto al difunto hermoso.

El amor del “loco” Alonso Quijano, Don Quijote de la Mancha, hacia Dulcinea del Toboso tiene otra dimensión. Esta rara manera de amar amerita una profunda reflexión. Espero que algún agudo poeta “loco” lo haga.

El disparate

En el libro Biografía del disparate, escrito por el periodista Pedro Claver Téllez, se hace una compilación de biografías de locos que vivieron en Bogotá en las primeras décadas del siglo XX. La dramática vida de estos seres, que seguramente no eran conscientes de su tragedia, son conmovedoras.

La loca Margarita, maestra de escuela en Fusagasugá, tenía por su único hijo un profundo amor maternal. Perdió la razón cuando delante de ella, su retoño fue asesinado por la policía conservadora. Ella también iba a ser asesinada por los “pájaros”, pero gracias a la intervención de un sacerdote el crimen no se llevó a cabo.

El comerciante libanés Tufi Aljure se descompuso emocionalmente cuando los médicos le dijeron que su hermosa esposa tenía lepra y que había que enviarla de inmediato a la ciudad del dolor. Aljure enloquecido quiso hacerse una transfusión de la sangre de su amada para irse con ella para la ciudad en mención. Desde luego la lepra no es transmisible y todo falló. Dice la historia que cuando la vio muerta, se abalanzó sobre su cuerpo destrozando los senos con su boca.

Con K

Todo esto para llegar a un encuentro. Me hallaba en el parque haciendo mi actividad rutinaria de ejercicio. De repente, vi un señor que le hablaba a un perro. El can echado no le prestaba atención. Me llamó la atención, parecía un personaje salido de la historia sagrada. Lo cubría un abrigo de dacrón hasta los pies desnudos, terciaba una mochila, la cara estaba cubierta por una frondosa barba gris, la cabellera larga, grasienta y desordenada caía sobre sus hombros, también unos mechones de pelo cubrían parte de su rostro.

–¿Usted cómo se llama? -le pregunté.
–Me llamo Karkajadas, con K, -respondió con una genuina sonrisa.

Me comentó que es médico espiritual, que ha recorrido 160 países y algo más, que su universidad fueron los monasterios y los libros de medicina china. Me fue contando como para ingresar a los conventos alejados de la humanidad, llegaba y tocaba el portón. “Una voz me pregunta, ‘¿qué quiere?’, yo contestaba, servir. ‘¿De dónde viene?’, pues de servir. Con estas respuestas me abrían el portón. Allí aprendí a curar con masajes sin tocar el cuerpo de una persona”.

Karkajadas recuerda que una vez estaba esperando entrar a un monasterio cuando de repente se le aparecieron un bello pato y una tortuga. El ave lucía en sus dedos unos enormes anillos de oro. Al entrar al monasterio junto con los dos animales, se inclinaron ante un altar a dar gracias al creador.

“Los planetas tienen gran incidencia sobre nosotros, aportan energía y alimento, no hay que comer comida cocinada. Yo a las dos de la mañana estoy en este parque recibiendo la energía de los árboles y las plantas para fortalecer mis células”, comenta con absoluta seguridad.

Reciclador estrato siete

–¿Tiene familia?
–Sí, tengo seis hijos con diferentes mujeres.

–¿Ha amado a alguna en especial?
–No, uno no debe esclavizarse con nadie.

Karkajadas continúa hablando que su madre fue monja, su padre un señor adinerado que alquilaba el ferrocarril por quince días recogiendo animalitos abandonados. Se salta el capítulo para hablar que en las montañas de Nariño descubrió que a 35 mil metros de profundidad vive una comunidad humana en perfecta armonía donde siembran agua.

–¿Cómo ve usted el mundo en el que vivimos?
–Como un circo gobernado por esquizofrénicos. Como será, que las naves espaciales que están lanzando al espacio van cargadas con toneladas de cocaína.

Durante largo rato a pocos metros de distancia estuvo siempre un hombre de aspecto demacrado poniendo oreja. A la conversa con Karkajadas, este cargaba a cuestas un costal repleto de cartones, se nos acercó, saludó y dijo: “señores, soy reciclador estrato siete” y se largó.