domingo, julio 21, 2024
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El moderno Prometeo del siglo XXI

Frankenstein construyó a uno de los monstruos más reconocidos de la cultura popular a partir de diferentes partes de cadáveres, que cobró vida gracias a una descarga eléctrica. Su autora plantea diferentes problemas filosóficos y psicológicos vigentes

Flora Zapata

Mary Shelley, cuyo nombre completo era Mary Wollstonecraft Godwin, nació el 30 de agosto de 1797 en Londres, Inglaterra. Fue una destacada novelista británica y autora de la clásica novela gótica Frankenstein; o El moderno Prometeo. Era hija del filósofo y escritor político William Godwin y de la filósofa y escritora feminista Mary Wollstonecraft, quien trágicamente falleció poco después del nacimiento de Mary.

La infancia de Mary Shelley estuvo marcada por un estímulo intelectual y creencias poco convencionales. Creció en un ambiente literario y estuvo expuesta a ideas políticas radicales a través del círculo de amistades de sus padres, que incluía a pensadores como William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge.

Pionera en la ciencia ficción

En 1814, a los 17 años, conoció al poeta Percy Bysshe Shelley, quien ya estaba casado en ese momento. Se enamoraron y, a pesar de la desaprobación social y del matrimonio existente de Shelley, juntos huyeron a Europa en 1814. Viajaron extensamente, enfrentando dificultades financieras y tragedias personales, incluida la muerte de sus dos hijos.

En 1816, Mary Shelley, Percy Bysshe Shelley y el poeta Lord Byron pasaron el verano juntos en Ginebra, Suiza. Fue durante este tiempo que Mary concibió la idea de su obra más famosa, Frankenstein. La novela fue publicada por primera vez de manera anónima en 1818 y luego se le atribuyó a Mary Shelley.

Frankenstein narra la historia de Víctor Frankenstein, un joven científico que crea una criatura grotesca en un experimento científico. La novela explora temas de ambición, responsabilidad, soledad y las consecuencias del descubrimiento científico. Se considera uno de los primeros ejemplos de ciencia ficción y ha tenido una influencia significativa en la cultura universal.

Mary Shelley continuó escribiendo a lo largo de su vida, publicando novelas, cuentos y ensayos. Sin embargo, nunca alcanzó el mismo nivel de éxito que con Frankenstein. También editó y promocionó las obras de su esposo después de su prematura muerte en 1822.

Mary Shelley falleció el 1 de febrero de 1851, a la edad de 53 años. A pesar de los desafíos y tragedias que enfrentó en su vida, su legado literario perdura, y es recordada como una de las figuras pioneras del género gótico y la literatura de ciencia ficción.

Novela Gótica

La novela gótica es un género literario que se desarrolló en el siglo XVIII y alcanzó su apogeo en el siglo XIX. Se caracteriza por su atmósfera oscura, misteriosa y sobrenatural, así como por sus tramas llenas de suspenso, terror y elementos góticos.

Algunas de las características comunes de las novelas góticas son que los escenarios suelen ser castillos, abadías o lugares remotos y sombríos, a menudo envueltos en niebla o misterio. Se presentan personajes atormentados, villanos siniestros, doncellas en peligro y héroes valientes que luchan contra fuerzas malignas, además de elementos sobrenaturales: fantasmas, monstruos, vampiros, brujas y otros seres.

A menudo se exploran temas románticos como el amor prohibido, la pasión desenfrenada y los secretos oscuros del pasado. Algunos ejemplos clásicos de novelas góticas aparte de Frankenstein de Mary Shelley son Drácula de Bram Stoker y El castillo de Otranto de Horace Walpole.

Este género ha influido en muchas otras formas de arte, como el cine, la música y la cultura popular en general.

Frankenstein

Frankenstein es considerada una de las obras clásicas de la literatura gótica y de ciencia ficción. La historia narra la creación de un ser humano artificial por parte del científico Víctor Frankenstein y las consecuencias trágicas que resultan de su experimento.

Víctor era un joven estudiante de ciencias obsesionado con descubrir los secretos de la vida y la muerte. Con este propósito, crea un ser monstruoso a partir de partes de cadáveres y lo trae a la vida mediante un experimento científico. Sin embargo, al ver el aspecto espantoso de su creación, Víctor lo abandona, lo que lleva al monstruo a buscar venganza contra su creador.

La novela explora temas profundos como la ambición desmedida, la responsabilidad científica, la soledad, la compasión y la búsqueda de la identidad. A través de la historia del monstruo y su relación con su creador, Shelley plantea cuestiones morales y filosóficas sobre el papel de la ciencia en la sociedad y la responsabilidad de los seres humanos hacia sus creaciones.

El moderno Prometeo

El mito de Prometeo es una historia de la Antigua Grecia que ha tenido una profunda influencia en la literatura, el arte y la filosofía occidentales. Prometeo es un titán que desafía a Zeus, el rey de los dioses olímpicos, al robar el fuego de todas las deidades para entregárselo a la humanidad.

Este acto de generosidad y rebeldía marca uno de los momentos más destacados del mito. Suele interpretarse como una reflexión sobre la relación entre los dioses y los seres humanos, así como sobre el papel del conocimiento y la sabiduría en la vida. Este acto simboliza el regalo del conocimiento, la civilización y el progreso a la humanidad.

Zeus, furioso por el desafío de Prometeo, lo castiga encadenándolo a una roca y enviando un águila para que le devore el hígado todos los días. Este castigo es una representación de la justicia divina y del poder absoluto de los dioses sobre los mortales. A pesar de su sufrimiento, Prometeo se convierte en un símbolo de la resistencia y la determinación frente a la tiranía. Se niega a revelar a Zeus el secreto de su propio destino y continúa desafiando al poder divino.

En la actualidad hay muchos prometeos que se rebelan contra la tiranía del mundo capitalista. Seguramente, Mary no imaginó la repercusión que tendría a través de su obra, pionera en ciencia ficción, sobre las problemáticas a las cuales se enfrentan las personas que han nacido bajo la estructura del capitalismo que convierte al individuo en el centro, dejándolo a la deriva de emociones profundas de soledad como las de su monstruo, debido a la “deshumanización” de la nueva clase proletaria.

Parece como si fuéramos destinados a ser autómatas que producen al dueño de los medios de producción mientras la vida se escapa entre los dedos, buscando venganza a veces contra los molinos de El Quijote, ciegos ante la evidente acumulación de riqueza de unos pocos. Una nueva forma de esclavitud.

Tal vez, como Frankenstein, nos sentimos alejados de nuestro creador o del lugar al que pertenecemos porque los lazos de identidad comunitaria cada vez son más débiles.

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