El incremento salarial para 2022

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La tasa de desempleo a noviembre de 2021 estaba más alta que antes de la pandemia (10,83) y la informalidad laboral a nivel urbano bordea el 48 por ciento

Las decisiones económicas de la administración Duque tienden a perpetuar las contradicciones entre la acumulación de riqueza y la pobreza de millones. Se crean las condiciones para la construcción de un modelo que supere la brecha social

Iván Posada Pedraza

A modo de continuación del apretado balance económico en la edición 3105 de diciembre del año pasado, en esta primera de 2022 compartimos con nuestros lectores otros aspectos y algunas reflexiones en el marco de las últimas medidas adoptadas por el gobierno nacional en materia económica y del proceso electoral de este año.

Salarios, inflación, IPC

Cuando apenas comenzaba la negociación de salario mínimo entre las centrales obreras, el ministerio del Trabajo, los gremios y los pensionados, se llegó a un acuerdo de incremento de 10,07 por ciento tanto en el mínimo como en el auxilio de transporte, lo que da un total de $1.117.000.

El presidente Duque no demoró en calificar de “histórico” y “el más importante aumento del mínimo en 50 años”. Acierta el mandatario en lo de nominal porque el real es otra cosa muy diferente. Veamos. El índice de precios al consumidor (IPC) mide la evolución del costo promedio de una canasta de bienes y servicios representativa del consumo final de los hogares.

La inflación se define a su vez como la variación porcentual de este IPC en dos periodos de comparación, que para el 2021 fue de 5,62 por ciento. (Dane 2022). Esto quiere decir que a diciembre de 2021 el mínimo legal vigente de $908.526 perdió poder adquisitivo de = $51.059 (908.526 x 5,62%). Así las cosas, el aumento real del salario es igual al aumento acordado (10,07) menos la inflación (5,62), o sea, 4,45 por ciento igual a $40.429. Si los precios de los bienes de la canasta familiar permanecieran constantes, un trabajador que gane el mínimo podría adquirir más productos por este valor.

No obstante, en enero y febrero de cada año se produce un aumento en los precios de los bienes y servicios que absorben este incremento y las familias no ven mejora en sus condiciones de vida. VOZ consultó en un expendio de cárnicos y se encontró que una libra de carne de mediana calidad costaba en enero de 2021 $7.000 y a diciembre esa misma libra estaba en $13.000 y que otra de mejor calidad el precio pasó de $14.000 a $17.000 en el mismo periodo.

El control de precios por parte de las autoridades para que las alzas de cada año no desborden el incremento del mínimo es otra burla, un ritual que se repite. En un régimen de propiedad privada y libertad de empresa los precios los impone el empresariado, el control gubernamental es puramente simbólico.

Desempleo

En los meses más críticos de la pandemia se estima que se perdieron cerca de seis millones de empleos de los cuales ya se han recuperado unos cuatro y medio, el 85 por ciento. No obstante, la tasa de desempleo a noviembre de 2021 estaba más alta que antes de la pandemia (10,83) y la informalidad laboral a nivel urbano bordea el 48 por ciento. (Gráfico 1). Por otro lado, el nivel de pobreza se refleja en los cuatro millones de nuevos pobres entre 2019 y 2020.

En resumen, cerca de 29 millones de colombianos viven con salarios entre $540.000/mes (pobres extremos) y $1.350.000/mes (pobres) de acuerdo a la clasificación del Dane en 2021. Estos ingresos tan precarios explican a su vez, el alto grado de informalidad tanto en el sector urbano como en el rural. El Minhacienda José Manuel Restrepo hacía alarde de la orientación social de la reforma tributaria de 2021, que es en esencia, la redistribución de los auxilios entre el sector más vulnerable de la población para mitigar en algo la explosiva tasa de informalidad.

Gráfico 1

Evolución del desempleo 2020 -2021

Fuente: Dane, datos porcentuales (%)

Las mesadas pensionales

Se vienen incrementando anualmente de acuerdo al IPC y no con base al incremento del salario mínimo. Por eso los jubilados vienen perdiendo poder adquisitivo más rápido que los trabajadores. Situación que se complica aún más porque en la mayoría de los hogares solo la cabeza de hogar logró alcanzar la pensión. La mujer que estuvo al frente del cuidado de los hijos y del hogar no se vinculó al trabajo formalmente y el Estado no remunera esta actividad, es la deuda que tienen el Estado y la sociedad con las mujeres colombianas.

Comercio exterior

El valor de las exportaciones colombianas ha aumentado no por su diversificación ni por el valor agregado de los bienes exportados, sino por los altos precios de la canasta minero–energética: crudo (US80/barril); carbón (US165/tonelada); y por último el café (US2,60/libra), que ya no es principal renglón de exportación.

Por el otro lado, las importaciones también se han incrementado por efecto de la reactivación del comercio exterior. El Tratado de Libre Comercio con EE.UU. firmado en 2011 y los posteriores con la Unión Europea y otros bloques económicos no llenó las expectativas del incremento de las exportaciones colombianas y mucho menos del desarrollo del país.

Las cifras son contundentes: a partir de la vigencia del tratado con EE.UU. la balanza comercial pasó de positiva a negativa. A partir de 2014 se generó un déficit permanente. Para el 2018 fue de 1.702 millones de dólares y el acumulado de pérdida alcanzó 31.2 billones de pesos (Dane 2018).

Crecimiento sin soporte

Al igual que en el episodio bíblico del “ídolo con pies de barro”, el crecimiento de la economía colombiana no está fundamentado en la industrialización, en la generación de empleo ni en la disminución de la informalidad, ni en el bienestar de los trabajadores que crean la nueva riqueza. Esta soportado básicamente en las exportaciones y en la inversión extranjera. Este tipo de crecimiento no es sostenible en el tiempo. No obstante, Restrepo no dudó en calificar el crecimiento económico en 2021 como el “mejor en 115 años en Colombia” y que “incluso creceremos contra 2019, un año donde no teníamos pandemia”.1

En contraste, José Antonio Ocampo, exdirector de Planeación Nacional, escribía que “un reto adicional que enfrenta el próximo gobierno es acelerar el crecimiento económico por encima de los resultados mediocres que ha tenido Colombia desde la apertura económica. Eso significa que es necesario reindustrializar el país, aumentar la productividad y desarrollar nuevos productos agropecuarios, además de diversificar nuestras exportaciones hacia renglones con mayor contenido tecnológico”.2

Una visión coherente con el desarrollo capitalista que necesita el país, pues la industrialización requiere clase obrera calificada, y el desarrollo de productos del agro conlleva así mismo la necesidad de mano de obra en el sector rural. Son las contradicciones que están por desarrollarse en el régimen capitalista.

Tributación y deuda externa

Los gremios económicos insisten en presentar otra reforma tributaria estructural porque la última aprobada –Ley de Inversión Social– sólo fue un paliativo para reemplazar la archivada en 2019 como rechazo y protesta generalizados de la población colombiana en el paro de abril 28 del año pasado. Se mantiene la regresividad de anteriores reformas; los que deben tributar por sus altas rentas, ingresos y dividendos quedaron con importantes exenciones, lo mismo que el gran empresariado, que tributa comparativamente, igual o menos que la micro, pequeña y mediana empresa.

Se están dando las condiciones para que la sociedad colombiana salga a la movilización y a las elecciones de este año para iniciar la transición hacia un nuevo modelo socioeconómico en el marco de la propuesta del Pacto Histórico.

1 El Tiempo, dic. 19 de 2021, pág.1.2

2 El Tiempo, dic. 18 de 2021.