El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto

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Las carrozas características del festival desfilan por la ciudad el 6 de enero. Foto Carlos Delgado Rodríguez

Cada año, desde el 28 de diciembre hasta el 6 de enero, la capital del departamento de Nariño se viste de colores, de músicas diversas y de creatividad desbordante. Acontece el Carnaval declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2009

Gloria Ximena Garzón Guerrero (*)

Este hecho cultural es la suma de expresiones artísticas, elementos identitarios, acuerdos colectivos, de la capacidad de goce y disfrute de propios y visitantes, todo en un escenario: la calle. Este Carnaval se teje de los rituales prehispánicos de gratitud y ofrenda, de los aires de libertad en el contexto de la esclavización colonial, de la suntuosidad de los auto sacramentales europeos, del espíritu creativo de las y los habitantes del sur en todos los tiempos.

El 28 de diciembre, familias, grupos de amigas y amigos, artistas de todas las disciplinas se toman las calles del centro de Pasto en la zona del Colorado, para pintar de colores el asfalto, en lo que desde 1996 se denomina “Arcoíris en el Asfalto”. Aquí se pinta con tizas junto con niñas y niños, abuelas y padres, a jóvenes y turistas, no hay competencia, el sentido es el encuentro, la creatividad, la contemplación y darle la bienvenida a la temporada de fiesta, de Carnaval.

La apertura

El 29 y 30 de diciembre las músicas de los años sesenta, setenta y las interpretadas por tríos son las protagonistas, en la plaza del Carnaval se dispone un gran escenario para que circulen artistas y en el que el público se conecte con la nostalgia. Tarima que queda habilitada hasta el 6 de enero, constituyéndose en escenarios públicos multitudinarios que albergan agrupaciones musicales de distintos géneros, dando prelación a las músicas regionales.

El 31 de diciembre colectivos culturales, sindicatos, organizaciones de base, grupos de amigas y amigos, elaboran monigotes y testamentos que evidencian una crítica a sucesos locales, nacionales o internacionales ocurridos durante el año. Estos muñecos, sus viudas y deudos, hacen parte del desfile de Años Viejos que recorre la ciudad.

El 2 de enero, fecha de apertura oficial del Carnaval, es un ritual de ofrecimiento y gratitud por el nuevo tiempo, en el que participan corregimientos de Pasto, autoridades locales y colectivos de bailarines y músicos, ofrendando flores, frutos, oraciones, danzas y músicas a la Virgen de las Mercedes, patrona de la ciudad. Este día está dedicado a las niñas y niños, es el desfile del Carnavalito que evidencia el trabajo que ellas y ellos hacen desde instituciones educativas, organizaciones culturales y familias carnavaleras, es un día clave, aquí se nutre la semilla del Carnaval.

Fiesta y jolgorio

Desfile por las calles de Pasto, Nariño. Foto Carlos Delgado Rodríguez

Llega el esperado 3 de enero, es el Canto a la Tierra, un desfile que en escena cuenta con más de dos mil artistas conformados, este año, en doce colectivos coreográficos de músicos y danzantes que van ataviados con preciosos y coloridos atuendos. Esta es una puesta en escena apoteósica, por la fuerza y calidad estética y es también un ritual colectivo en el que se ofrenda a Pacha lo mejor que tiene Pasto, la creatividad de sus gentes.

El 4 de enero hace su recorrido por la senda del Carnaval la Familia Castañeda, este desfile recuerda los orígenes del Carnaval en los años veinte del siglo XX y también recrea estampas del Pasto Viejo, que les dan vida a las estampas, ataviados con atuendos de época y haciendo coreografías de acuerdo con la temática propuesta.

El 5 de enero es un día muy importante, puesto que se reivindica la libertad, recordando el día de asueto que tenían las personas esclavizadas durante la colonia. Este día las y los pastusos jugamos el juego de Negritos, a pintarnos y pintar la cara del otro y la otra con cosmético negro. No hay desfiles, el juego es el protagonista.

El juego de Negritos y el de Blanquitos ─con cosmético blanco, talco y espuma de carnaval que se juega desde el inicio de la fiesta y con énfasis el día seis─ posibilita que, en las plazas, en las calles, en las esquinas y en los barrios gente de todas las edades establezcan vínculos, rían, disfruten de la fiesta y el jolgorio. Es de recordar que el juego es una de las características que llevó a la Unesco a declarar el Carnaval como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Desfile magno

Mientras en las calles de Pasto todo es fiesta y algarabía, las maestras y maestros artistas del Carnaval trabajan incansablemente en sus talleres junto con familiares y amigos en las obras que recorrerán la senda el día 6 de enero.

Este trabajo creativo es un ritual anual, que comienza muy pronto y que ve sus primeras luces con la elaboración de maquetas que son presentadas en sociedad hacia mediados de año y que luego de ser aceptadas en un proceso de selección, empieza la elaboración de los disfraces individuales, las comparsas, las carrozas no motorizadas y las grandes carrozas; así como también la preparación de las murgas ─agrupaciones musicales─ que recorren la senda del Carnaval en el desfile magno.

Este ritual anual de creación activa las memorias, las conversaciones, los referentes artísticos, el trabajo colectivo en un propósito común, realizar obras artísticas de gran calidad estética para ser presentadas en un desfile. El trabajo de las y los maestros tiene un nivel de compromiso absoluto, como si los museos y galerías de arte del mundo albergaran, al finalizar el recorrido, sus obras para que siglos después su trabajo fuera admirado y reconocido.

Llega el 6 de enero y desde muy temprano la ciudad se llena de colores. Las y los maestros del Carnaval llegan presurosos al punto de inicio del desfile magno donde se aprestan a recorren la senda del Carnaval. La ciudadanía, por su parte, madruga para apostarse a lo largo de los seis kilómetros y más de senda y ojalá tener el mejor puesto para disfrutar del desfile. Mientras el desfile inicia, el juego es el protagonista, cada cuadra del recorrido se llena de talco y espuma de carnaval, ahí familias enteras, grupos de amigos, turistas y desconocidos se funden en una algarabía colectiva.

El desfile atraviesa la senda, las músicas festivas a cargo de las murgas son la banda sonora del recorrido. Pasan los disfraces individuales, las comparsas y pronto asoman las carrozas no motorizadas y lo más esperado, el paso de monumentales carrozas ─de hasta ocho metros de altura por dieciséis metros de largo─ que dan cuenta de historias míticas y fantásticas, homenajes a expresiones culturales, a la diversidad de fauna y flora del territorio. Pasan dejando tras de sí admiración, alegría, sorpresa y también nostalgia, ya que con ellas culmina un año más de esta festividad.

El carnavalito posibilita que en plazas, calles, esquinas y barrios, gente de todas las edades disfruten de la fiesta y el jolgorio. Foto Carlos González Hidalgo

Invitación

Las y los pastusos tenemos retos inmensos alrededor del Carnaval de Negros y Blancos: el replantear el uso de materiales en las obras y en el juego que no atenten contra el ambiente. El ordenamiento de la ciudad, la preservación de la matriz comunitaria en la concepción de los talleres de artistas. La activación de la necesaria conversación pública, ciudadana y, por supuesto, darle sostenibilidad cultural, social y económica a un Carnaval que le pertenece al mundo.

Bienvenidas y bienvenidos sean a la versión 2025 que desde ya en las mentes y en los corazones carnavaleros comienza a gestarse.

* Historiadora, Magister en Estudios de la Cultura. exdirectora de Cultura de Nariño.