Monedero: “Debemos militar en la alegría”

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Juan Carlos Monedero. Foto Europa Press

El politólogo y cofundador de Podemos en España, Juan Carlos Monedero, habló con VOZ sobre el nuevo gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, el episodio de la espada de Bolívar que involucró al rey Felipe VI, la agenda progresista en el mundo y el futuro esperanzador para América Latina

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

Petro es presidente y Francia vicepresidenta de Colombia. ¿Algún día se imaginó esto?

-Si te soy sincero, sí. Es muy difícil que cuando hay una avalancha de cambios existan países que se queden fuera, habrá algunos que se demoren más, otros menos, pero al final terminará pasando. Hay un elemento que siempre pensé y es que en Colombia no podía ganar la izquierda porque había violencia política. Las experiencias dicen que allí donde desaparece la lucha armada emerge la alternativa. Estaba convencido que las FARC tarde o temprano tendrían que buscar un proceso de paz y que cuando eso ocurriera iba a ganar el progresismo. Se han organizado, están entusiasmados e instruidos como decía Gramsci, porque ya se acerca el momento del cambio.

¿Cómo vio la posesión presidencial?

-Fueron muchos los símbolos. Uno, el más claro, el pueblo con sus colores. El segundo elemento fue que la banda presidencial fuese colocada por la hija de Carlos Pizarro. Crea un reconocimiento que la democracia en Colombia se ha logrado gracias a que mucha gente se ha dejado la vida. Y el tercer elemento simbólico fue la espada, que Duque en una actitud infantil y estúpida no quería dejar salir.

Fue muy impresionante que Petro recién posesionado ordenara a la casa militar que trajera el emblemático símbolo. Los que te perseguían antes, ahora reciben órdenes tuyas. Seguramente el pasado siete de agosto fue el peor día para las oligarquías colombianas viendo a un exguerrillero siendo investido por la hija de un guerrillero. “Pero si los hemos matado, ¿cómo pueden estar ahí?”.

La espada, el rey y la integración de América Latina

A propósito de la espada de Bolívar, vimos al rey de España algo molesto, incluso no se puso de pie cuando llegó la pieza a la plaza. ¿Cuál es su interpretación de esa actitud que tuvo el jefe de Estado de su país?

-Es inaceptable. Todos los invitados y dignatarios internacionales se pusieron de pie, salvo alguien que ostentosamente está diciendo “soy consciente de lo que está pasando, pero no me levanto”. En vez de interpretar correctamente ese mandato decide quedarse sentado. ¿Quién autorizó al rey para no respetar al pueblo de Colombia y a los pueblos latinoamericanos? El no está ahí como un representante de la dinastía de los borbones, sino como dignatario de España.

No me corresponde a mí, pero le pido humildemente disculpas al pueblo colombiano por el comportamiento de mi jefe del Estado, al cual por cierto nosotros nunca hemos elegido.

En el discurso de posesión, Petro se mostró muy crítico con la política de integración entre las naciones latinoamericanas. ¿Es el presidente de Colombia el nuevo líder de la región?

-Siempre estuve convencido que gobiernos de izquierdas en México y Colombia iban a ser los puntales de la integración regional. Es decir, eran los dos grandes países gobernados por narcopresidentes, con zonas de poder sin control del Estado, con mafias muy poderosas y vínculos muy fuertes entre el Estado, paramilitarismo y narcotráfico.

Los dos países están representando un giro en el continente. López Obrador ha determinado el regreso de México a América Latina, invitando a Diaz-Canel, haciendo un discurso muy contundente sobre el papel de Bolívar en América Latina. Después de la marea roja a comienzos del siglo XXI, la derecha desmanteló la Unasur porque el poder neoliberal necesita a los países aislados. Petro se ha dado cuenta que los grandes retos de América Latina no los puede solventar un país en solitario. La Amazonía no es de un solo país, es del continente. Al igual que siempre hemos entendido que las Malvinas no era una cuestión de Argentina sino también latinoamericana. Las migraciones son un problema de la región, no son problemas de un solo Estado.

El desarrollo económico de América Latina tiene que estar vinculado a elementos comunes. En los diez puntos que el presidente planteó, la integración latinoamericana es uno de los más relevantes. Por lo tanto, a Colombia le corresponde liderar este nuevo momento esperanzador porque es la que tiene el músculo, la energía, el entusiasmo para impulsar este proceso.

Una de las diferencias entre lo que usted llama la marea roja de los años 2000 y estos nuevos procesos progresistas es la agenda en defensa de la naturaleza. ¿Coincide usted con el presidente Petro que lo estratégico es la lucha en contra del cambio climático?

-La agenda medioambiental es central. Está ardiendo Europa. A occidente se le olvidó que recientemente ardió Los Ángeles y Australia. ¿Qué más nos hace falta para que demos marcha atrás? Es verdad que la primera oleada progresista en la región se sustentó en la recuperación de soberanía económica sobre las materias primas, lo cual produjo un enorme extractivismo y discusiones internas en la izquierda.

Pero hay un elemento que no es menor de la agenda medioambiental y es la articulación con la agenda feminista, conceptualizada en el discurso de Petro y resignificada por Francia Márquez. Creo que no hay agenda medioambiental sin agenda feminista. Van de la mano porque si el corazón de la agenda feminista es la idea de los cuidados, no hay cuidados si no hay un hábitat saludable, si no hay agua potable, tierra para cultivar, aire para respirar, un entorno para que la vida se convierta en una vida digna de ser vivida.

Cuando Francia habla de una vida sabrosa, expresión que en otros lugares llaman una vida digna de ser vivida, tiene que ser en entornos naturales, en espacios que tenemos que proteger. Una existencia sin miedo.

Más allá del anticomunismo

Petro nombró a Gloría Inés Ramírez, militante del Partido Comunista, como ministra de Trabajo. Algo muy similar ocurrió en España, cuando Pedro Sánchez nombró a Yolanda Díaz en esa cartera. ¿Cuáles son las principales reflexiones y enseñanzas que les ha dejado esa experiencia?

-Estamos empezando a reflexionar cuánto dan de sí las democracias liberales. Antes comentaba que la lucha armada ya no tenía espacio, el levantamiento de Chávez en el 1992 y la insurrección zapatista en 1994 fueron los últimos coletazos de una imposibilidad práctica. Desaparecida la Unión Soviética, no había espacio para la lucha armada, los partidos políticos revolucionarios se reconvirtieron hacia la democracia neoliberal y el juego electoral.

Posibilidades de cambiar cosas en nuestras democracias son mínimas y eso nos pone en una situación complicada, porque si nos encarcelan a través del lawfare, de la guerra jurídica, si te demonizan mediáticamente, si te matan, si la policía construye pruebas falsas contra ti, si jueces corruptos (como a Lula) te sacan del juego político, si el Fondo Monetario Internacional limita tus espacios de transformación, si la lógica financiera internacional te dice que no puedes hacer política para lo cual te han elegido, tenemos que reflexionar sobre la democracia liberal. Eso no significa que haya que regresar a formas del pasado, no, pero sí que tenemos que ser conscientes en la capacidad que tienen las fuerzas progresistas para transformar las realidades.

En ese sentido, en España, el Ministerio del Trabajo y Economía Social liderado por Yolanda Díaz tuvo un papel esencial con la pandemia porque iban a desaparecer cuatro o cinco millones de puestos de trabajo. Se pusieron en marcha los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, ERTE, política que ha sido muy exitosa, porque fue un acuerdo. Los ha criticado la derecha cuando quien ha tenido que hacerlo ha sido la izquierda, porque en el fondo lo que ha hecho el Estado es pagar los salarios que eran responsabilidad del empresariado. Si se mira fijamente, vosotros empresarios, de qué os quejáis si os hemos mantenido nuestras empresas pagando los salarios públicamente. Ese acuerdo entre la patronal y el gobierno, por un lado, ha sido bien recibido por la gente que está cansada de confrontaciones políticas que no termina de entender su validez, y por otro lado, ha domesticado a la patronal que ha tenido que asumir la subida del salario mínimo, la más grande en la historia de la democracia.

También se ha conseguido terminar con el fraude de los contratos temporales, millones de españoles están empezando a tener por vez primera un contrato indefinido, donde hay más garantías para pedir un préstamo, para tu autoestima, para poder organizarte en la vida.

Si hay un ámbito en que los cambios se pueden hacer dentro de la propia lógica capitalista, rebajando al máximo los elementos neoliberales, es en el mundo laboral. Por eso que haya un comunista, una comunista en el Ministerio de Trabajo del gobierno Petro es tan bueno como que haya un pacifista para rearticular los ejércitos.

Con Gloria Inés las redes estallaron en anticomunismo, dejando en evidencia un miedo que persiste en nuestras sociedades y que va más allá de la designación en una cartera de gobierno. ¿Cuál es su interpretación de ese fenómeno?

-Lo primero que tengo que deciros es que el miedo es real, porque podemos pensar que es algo construido mediáticamente o podemos pensar que es un miedo interesado por parte de las élites. No. El discurso anticomunista ha calado en muchos sectores de la población. Un ejemplo es que ha logrado presentar a Venezuela como la nueva morada de Satán, como el chivo expiatorio.

Algo adicional, es que el comunismo les preocupa a las élites porque ganan elecciones. Realmente el anarquismo nunca ha generado un gran problema, salvo cuando llegaron a estrategias terroristas. El socialismo, o mejor, la socialdemocracia, tampoco porque terminaron incorporándolo a la propia lógica del sistema. En cambio, el comunismo les ha dado miedo porque ganaron en la Unión Soviética, en China, en Cuba, casi ganan en Italia. Eran siempre una fuerza política muy fuerte con voluntad de poder, de ganar, que es lo que de alguna manera los comunistas pierden en los años ochenta del siglo pasado.

Lo anterior permite el nacimiento de fuerzas políticas como Podemos, con esa voluntad también de ganar. El rencor que han tenido históricamente a los comunistas en España nos lo han trasladado a nosotros. En cambio, cuando el comunismo realmente gobierna un país y no permite que la derecha siga mandando, eso les desespera y les genera un odio más irracional.

A Petro van a odiarlo porque consideran que Colombia les pertenece a las élites, entonces van a acusarlo de comunista y le van a sindicar de ser amigo de Venezuela, de los partidos bolivarianos españoles, de juntarse con todos los que para las élites representan la negación del orden.

Yo creo que hay que demostrarles con políticas prácticas que los comunistas gobiernan a menudo mucho mejor que la derecha. Por ejemplo, Daniel Jadue es alcalde de Recoleta en Chile con una votación del 60% gracias a una gestión muy buena. Yolanda Díaz en España, militante del Partido Comunista, ha hecho la mejor gestión en toda la historia del Ministerio de Trabajo de España. Esa es la fórmula para contrarrestar un discurso que tienen casi más de medio siglo y que es muy fuerte.

La experiencia en España

A propósito, ¿cómo van en España con la experiencia de la coalición PSOE y Unidas Podemos? Un rápido balance de la experiencia.

-Hay cierto consenso en España. Si la crisis de la pandemia la hubiese gestionado el Partido Popular como gestionó la crisis del 2008, eso habría sido devastador para los sectores populares. Es verdad que el gobierno ha tenido mala suerte porque una vez empieza su ejercicio se viene la pandemia, después un volcán, después la tormenta Filomena, después la guerra en Ucrania.

Allí han operado fuerzas contradictorias porque la crisis sanitaria devolvió el lugar al Estado. La Unión Europea respondió con inteligencia a la pandemia, trasladando el mensaje que lo público fue lo que nos sacó de la crisis. Eso no significa un giro de 180 grados y que la gente ahora haya recuperado el respeto por las instituciones, pero sí hay un reconocimiento de que lo público es el mejor camino para responder a las crisis.

También ha producido una preocupación por la necesidad de reindustrializar nuestros países, que aumente el presupuesto público. En el caso de España, la UE liberó 140 mil millones de euros que ha permitido pagar los ERTEs, las vacunas, salvaguardar la economía de todo el país.

Yo creo que el modelo neoliberal está agonizando, ese proceso que empieza en los años setenta con ese momento emblemático del golpe de Estado de 1973 contra Salvador Allende en Chile. Esa propuesta de apertura de fronteras, de tratados de libre comercio que dejaba en libertad de circulación a bienes, servicios, capitales y personas en virtud de las necesidades de los países, esa privatización de todos los bienes públicos, ese desmantelamiento del sector estatal, esa desregularización del mundo laboral y financiero, en lo que conocemos como los estragos de la globalización, eso está agonizando. Sin embargo, se va a morir matando y va a recurrir a las guerras, a los golpes de Estado.

En esta crisis del modelo neoliberal la derecha se ha reforzado, tiene un plan B que es la extrema derecha, a la cual le encargan el discurso antisistema con la paradoja que ahora son las fuerzas de la izquierda quienes están defendiendo el sistema en estos países. Será muy interesante ver como en Colombia, con una larga tradición de resistencias populares, esa izquierda enfrenta el reto de defender la institucionalidad materializada en el nuevo gobierno.

La esperanza del mundo

¿Cómo pinta el escenario de futuro?

-Soy un pesimista esperanzado. Creo que los pueblos siempre han respondido cuando el capitalismo les ha apretado las tuercas. Pero va a costar, porque las oligarquías controlan los medios de comunicación, el ejército, las relaciones internacionales, los dispositivos intelectuales, los clubes de fútbol, las jerarquías de las iglesias nacionales, etc.

Vengo defendiendo que las fuerzas progresistas necesitan llenar las cuatro cavidades de nuestro corazón con cuatro pepitas de oro. Una es entender que tenemos que disputar las instituciones siendo críticos. La segunda pepita es la calle. Sin las calles no vamos a cambiar las cosas. Lo tercero es el relato. Estamos rodeados de gente mintiendo y hay que dedicar tiempo a desmontar las falsedades porque se ha sofisticado. Hay que regresar a aquello que decía Gramsci en los años treinta “instruíos porque necesitamos toda vuestra inteligencia”. Hay que convencer a la ciudadanía que no solo se tiene que informar, sino que también tiene que deliberar.

Finalmente, a la última cavidad de nuestro corazón se le debe incorporar la alegría. Necesitamos militar en la alegría. En sociedades pesimistas solamente puede crecer la extrema derecha. Recuperar el entusiasmo y la capacidad que tienen los pueblos de ser dueños de sus propios designios es la asignatura pendiente.

Decía que a este gobierno le tiene que ir bien. ¿Por qué esa sentencia con grado de urgencia?

-Porque junto con México sois los dos países que todavía no habéis podido demostrar vuestra capacidad de hacer las cosas diferentes, porque sois el país al cual querían convertir en el Israel latinoamericano. Porque han hecho todo lo posible para que no gane Petro. Necesitan que salga mal para regresar al pasado. Pero fundamentalmente porque habéis devuelto la esperanza a América Latina y al mundo. No pueden fracasar. Por eso yo creo que vais a recibir mucha ayuda, de todo el continente, de toda la izquierda europea, porque sabemos que vuestro éxito va a ser también el nuestro.