Bettina Brentano, socialismo y romanticismo

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Bettina Brentano. Foto Wikimedia Commons

“… mi alma es como una danzarina apasionada, que baila al compás de una música interior que solamente oigo yo y los demás no oyen”

Anna Margoliner
@marxoliner

Abrir un libro siempre significa adentrarse en un viaje al interior del propio ser, gracias a las palabras de otro. Abandonarse a la posibilidad de explorar sentimientos, emociones o situaciones que probablemente nunca lleguemos a vivir. También es un encuentro con el conocimiento, sin importar el área de este. Pasar página a página, renglón a renglón, es un encuentro con la esencia humana, encuentro que por siglos fue negado a las mujeres.

Es común ver en las llamadas “películas de época” a mujeres de clase alta sentadas al lado de una ventana, levemente iluminadas por el sol, con un libro entre sus manos buscando como pasar el tiempo, entre otros pasatiempos como bordar, tocar el piano, cantar o dibujar. Sin embargo, todas estas costumbres propias de una dama estaban fundamentadas en el principio de los valores serviles de quien estaba proyectada a ser la futura señora de la casa, perpetuando el rol de la mujer dentro de la lógica patriarcal.

Si bien el caso de la autora, que viene hoy a nuestras páginas debido a la conmemoración de su fallecimiento el 20 de enero, hace ciento sesenta y cinco años, no es precisamente el de la mujer que deja rotundamente su papel dentro de la sociedad como progenitora y cuidadora del hogar, es más bien de quien encuentra en la escritura una forma de relacionarse con el mundo, no solamente leyendo, sino usando la palabra como la expresión que le permite romper, poco a poco, con el deber ser de una mujer en la sociedad.

Romanticismo alemán

Este fue un movimiento cultural, literario y filosófico que tuvo lugar a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Alemania, siendo una reacción a las ideas de la Ilustración y buscaba expresar la individualidad, la emoción y la conexión con la naturaleza. Los románticos alemanes se oponían a la supremacía de la razón abstracta promovida por la Ilustración. En cambio, enfatizaban la importancia de la intuición, la emoción y la experiencia individual.

Valoraba la naturaleza como una fuente de inspiración y contemplación, la veían como un reflejo de la divinidad y como un medio para conectarse con lo trascendental. Se daba importancia a la experiencia individual y a la subjetividad. Los románticos exploraban sus propias emociones y estados de ánimo, a menudo utilizando la poesía y la literatura como medios para expresar sus sentimientos internos.

El Romanticismo influyó en diversas formas artísticas, como la pintura, la música y la literatura. Los artistas románticos buscaban la expresión creativa individual y, a menudo, exploraban temas emocionales y fantásticos en sus obras. Algunos románticos alemanes también estaban interesados en la construcción de una identidad nacional. Se inspiraron en la cultura popular y el folklore alemán, buscando elementos auténticos y autóctonos.

Aunque el Romanticismo alemán estuvo dominado en gran medida por figuras masculinas, hubo algunas mujeres escritoras que, además de Bettina Brentano, desempeñaron roles significativos en este movimiento cultural, tales como Caroline Schelling, Karoline von Günderode, Dorothea Schlegel y Annette von Droste-Hülshoff.

Una infancia reveladora

Bettina von Arnim, cuyo nombre de nacimiento era Elisabeth Katharina Ludovica Magdalena Brentano, fue una escritora alemana nacida en Frankfurt del Main en 1785 y fallecida en Berlín en 1859. Plasmó su visión del mundo romántico en obras epistolares y de estilo mayormente realista.

De familia noble, Bettina nació de la unión de Pietro Antonio Brentano, de origen italiano, y Maximiliane La Roche, una mujer alemana quien murió después de Pietro, dejándola huérfana.

Anna Ezequiel menciona en su artículo The Forgotten Young Hegelian que “después de eso, vivió con su abuela materna, la famosa escritora Sophie von La Roche. En los salones de La Roche, la joven Brentano-von Arnim conoció a famosas figuras literarias, músicos y políticos, y estuvo expuesta a ideas progresistas, incluso revolucionarias, incluyendo algunas sobre la educación, el arte y la política de las mujeres”.

De Brentano a von Armin

Bettina vivió durante veinte años en su matrimonio con el poeta Achim von Arnim, desde 1811. Después de quedar viuda y ser madre de siete hijos, comenzó sus actividades literarias alrededor de los cincuenta años. Su primera obra destacada es el Epistolario de Goethe con una niña en 1835, basado en su relación con Goethe.

El éxito de este libro la motivó a escribir novelas epistolares similares, incluyendo La Günderode, un epistolario en 1840, sobre su amistad juvenil con Karoline von Günderode, y Corona primaveral en 1844, sobre su relación con su hermano Clemens Brentano. En otra obra, Ilius Pamphilius und die Ambrosia de 1848, intentó educar a un joven admirador en su religión heroica.

En el Epistolario de Goethe con una niña de 1835 refleja su conexión con importantes figuras de la época, como Beethoven, a través de la correspondencia. Con el tiempo se inclinó hacia corrientes de pensamiento librepensadoras y adoptó una ideología socialista.

Bettina Brentano es una de las primeras escritoras en abordar la vida del proletariado surgido de la Revolución Industrial, destacando con obras como Libro para el rey en 1843, con el cual buscó impactar en los acontecimientos de su época, fusionando de diversas maneras los inagotables recuerdos de su vida con la aspiración a la libertad, al presentar al rey Federico Guillermo IV de Prusia ideales de renovación político-social en dicha obra.

Según Pilar Martínez Manzanares, en su artículo Bettina Von Arnmin, derechos de la mujer en el Romanticismo alemán, esta obra “era una sátira social en forma de diálogo entre una mujer y la madre de Goethe y un cura y un alcalde, representantes de la Iglesia y del Estado. Se reúnen para hablar de la situación del país y Bettina pone en boca de la madre de Goethe sus propias opiniones, muy críticas sobre las irregularidades de la administración y la política restauradora que se llevaba entonces”.

Mantuvo sus llamados en Coloquios con los demonios de 1852, caracterizada por su egocentrismo y dominio, llegando al punto de modificar sin reservas hechos y documentos. A pesar de esto, es considerada una apasionada defensora de los más nobles ideales románticos incluso en la era emergente del materialismo, persistiendo en esta postura hasta su fallecimiento.

Las contribuciones significativas de Brentano-von Arnim en los ámbitos intelectual, artístico y político suelen quedar en segundo plano debido a sus conexiones. En particular, se la vincula frecuentemente con su reconocido hermano, el escritor Clemens Brentano, así como con sus amigos Friedrich Schleiermacher y Karoline von Günderrode. Además, comparte asociaciones con destacadas personalidades como Goethe, los hermanos Grimm, Karl Marx, el rey prusiano Friedrich Wilhelm IV y Beethoven (siendo potencialmente la destinataria de la famosa carta “inmortal amada” de este músico).