Ser comunista le marcó un objetivo y lo llevó a ser guerrillero, literato, pintor, periodista, historiador y Doctor Honoris Causa
Leónidas Arango
Carlos Arturo Ruiz nació en Cali el 3 de noviembre de 1938. Me contaba que su interés por estudiar era mayor que la pobreza y que varias veces se desmayó camino a la escuela porque no había desayunado. Con apenas educación elemental tomó clases de pintura en el Instituto de Cultura Popular de Cali desde 1955, y a mediados de los años 1960 abandonó el arte para dedicarse por completo a la actividad revolucionaria haciéndose militante de la Juventud Comunista.
Se formó ideológicamente estudiando los clásicos marxistas. Como dirigente juvenil salió en 1965 para el campo a cumplir “tareas políticas» y recorrió valles y montañas como un guerrillero de las FARC que preguntaba y anotaba todo lo que su curiosidad descubría en ese nuevo mundo. Enfermo de paludismo, abandonó la lucha armada tres años después.
Carlos Arturo Ruiz salió de la clandestinidad transformado en Arturo Alape, tomando el apellido de Jacobo Prías Alape, un líder campesino asesinado. Resuelto a ser un literato sin ataduras, hizo pinitos como cuentista: en 1970 publicó un volumen, La bola del monte, y desplegó su innata capacidad de ser muchas cosas al mismo tiempo. Ya era un hombre reflexivo. Escribió Las muertes de Tirofijo y Diario de un guerrillero, montó con su compañera una pequeña imprenta y consignó un amplio testimonio social en Un día de septiembre: testimonios del paro cívico, 1977.
El Bogotazo
Cuando supo que habían prescrito las causas abiertas por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, vio con clarividencia la oportunidad de entrevistar a los amigos, adversarios, militares y testigos sobrevivientes. En 1975 estaba tramando su libro sobre el Bogotazo y emprendió una pesquisa que se convirtió en obsesión porque era consciente del reto abrumador que se imponía.
Buscando un plan para su libro topó con la biografía de Buenaventura Durruti que hizo el ensayista Hans-Magnus Enzensberger (1929-2022). Sostenía el alemán que nadie recuerda la historia escrita por los historiadores de academia porque la tradición oral se perdió; que, para el pueblo, la historia sigue siendo un manojo de relatos. Alape adoptó el método de armar un libro exhaustivo intercalando testimonios vivos, citas de documentos y textos escritos.
Nada habría conseguido sin un régimen de disciplina. Un día me dijo en el minúsculo apartamento que compartíamos en el barrio La Candelaria: “A partir de mañana voy a levantarme a las seis para leer obras relacionadas con Gaitán y su época; después dedico tres horas a mi trabajo editorial, y por la tarde acuerdo citas y hago entrevistas”. Fue inflexible con el horario hasta cuando obtuvo una beca de la Universidad Central que le permitió ver publicada en 1983 su obra fundamental, El Bogotazo, memorias del olvido.
Trabajo biográfico

Mientras tanto aportó textos e investigaciones suyas a la creación colectiva de Guadalupe años sin cuenta con el grupo teatral La Candelaria, que obtuvo el Premio Casa de las Américas 1976. Publicó dos libros de no ficción antes de su novela Noche de pájaros y escribió biografías del comandante Manuel Marulanda Vélez: Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo (1989) y Tirofijo: los sueños y las montañas (1994).
De su pluma también salieron, entre otros, Noche de pájaros (1984), La paz, la violencia. Testigos de excepción (1985) y El cadáver insepulto (2005). En 2004 compiló sus poemas en Luz en la agonía del pez.
En la intensa controversia política que entonces mantenían las izquierdas defendió siempre con madurez y calma sus posiciones contra el dogmatismo imperante.
Durante los ochenta recibió amenazas que lo llevaron al exilio en Cuba y la Unión Soviética. A su regreso, trabajando con el ímpetu de siempre, recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1999 y el doctorado Honoris Causa por la Universidad del Valle en 2003. Enseñó en varias universidades y regresó a la pintura. Durante la prolongada batalla contra una leucemia falleció el 7 de octubre de 2006.
El legado
El estilo de Arturo Alape es inclasificable porque es producto de un autodidacta formado en la calle y en las montañas: una original combinación de observación aguda, rigor histórico y narración imaginativa. Fue un testigo y cronista excepcional cuya obra abrió ventanas de reflexión sobre nuestra realidad humana. Hoy es fundamental para comprender la historia contemporánea del país.
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