Argentina, con la deuda al cuello

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A la Argentina ha regresado la protesta social, como esta de mostración la semana pasada

Los gobiernos de los Kirchner y de Fernández no modificaron el modelo, y por ello quienes obtienen mayores beneficios son los de siempre. Y así́ se llegó a la crisis que hoy padece la Argentina

Ricardo Arenales

Las multitudinarias manifestaciones de protesta social, contra la carestía de la vida, contra una pobreza insoportable, contra la injusticia y la desigualdad, que en el pasado precipitaron la caída de gobiernos dictatoriales, han vuelto a las calles de Argentina. Lo exótico de estas oleadas de protestas es que se realizan en un marco de inequidades sociales, y se dan contra un gobierno que se reclama ‘progresista’.

Por estos días, es corriente ver en las tiendas populares, en los supermercados, en las calles, que el consumidor común viva el drama de que las etiquetas con los precios de los artículos de primera necesidad cambian de un momento a otro, en un minuto o varias veces en el día. Sucede con el litro de leche, con el kilo de pan o con el de carne para el asado, que se convierten en fajos de dólares o en lingotes de oro para los productores y distribuidores.

Esta situación instaló un escenario de pobreza, de trabajo precario, de empleo con salarios bajos, de angustia ante los efectos devastadores de las políticas neoliberales del pasado inmediato, agudizados por el coronavirus y la falta de iniciativa del actual gobierno para desarrollar medidas que alivien este panorama.

Inequidad en cifras 

Esto explica por qué la vigorosa alianza electoral que en 2019 logró desalojar del poder al odioso régimen de Mauricio Macri, dos años después, en las elecciones parlamentarias de noviembre de 2021, perdió cuatro millones y medio de votos.

Registros oficiales dan cuenta que en Argentina hay seis millones de personas con trabajo formal en el sector privado; 3.5 millones en el sector público. Y una población económicamente activa de 21 millones de personas. Es decir, 11 millones están por fuera de ese registro formal. Este sector incluye a un millón y medio de desempleados y ocho millones de trabajadores informales. En realidad, casi la mitad de los trabajadores se encuentra en la informalidad.

Esta situación, desde luego, no es responsabilidad exclusiva de la actual administración, y está ligada estrechamente a la herencia de la administración Macri, principalmente por el volumen de la deuda externa heredada. Argentina es hoy uno de los mayores acreedores netos del mundo y el mayor de América Latina. Esa categoría de acreedores netos solamente la tienen pocos países en el planeta. Argentina ha tenido por lo menos tres grandes crisis de deuda, la última bajo el gobierno Macri. Es una situación con diferentes aristas, principalmente el quiebre de la producción y una crisis cambiaria.

Además, la inflación

El acumulado de deuda en este momento es de 44 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, FMI, que el país debe refinanciar y, además, bajar el déficit fiscal hasta un 2.5 por ciento al finalizar el presente año.

Al lado de esto, el país austral enfrenta una de las tasas de inflación más altas del mundo, con un acumulado del 36,2 por ciento en el primer semestre de 2022, mientras la pobreza alcanza al 37 por ciento de la población.

Con estos antecedentes y después de haber tenido tres ministros de Economía en un mes, el presidente Alberto Fernández designó como nuevo titular de esa cartera a Sergio Tomás Massa, a quien los observadores calificaron de inmediato como el ‘superministro’, pues en realidad concentró en sus manos las funciones de tres ministerios fusionados: Economía, Producción y Agricultura.

La idea de Fernández es que Massa enfrente el reto de renegociar condiciones más benévolas de pago con el FMI, reducir la inflación y al menos estabilizar los precios de la canasta familiar.

Sergio Tomás Massa, ‘superministro’ de Economía

Medidas dolorosas

La misión del superministro tiene al menos dos obstáculos esenciales: uno, que Massa comenzó aplicando el viejo recetario neoliberal y las recomendaciones del FMI. Segundo, que el titular de Economía aspira a ejercer el cargo en función de catapultarse como candidato presidencial para el próximo periodo, en reemplazo de Alberto Fernández. Y en esa estrategia no figuran los intereses de los trabajadores y el pueblo argentinos.

El cambio de ministro en la cartera económica coincide en el tiempo con el llamado al gobierno argentino por parte de la directora del FMI, Kristalina Georgieva, para que se aliste a tomar “medidas dolorosas”. ¿Dolorosas para quién? ¿Para los grandes empresarios que siguen engordando sus bolsillos, o para el pueblo trabajador, que es el que lleva sobre sus espaldas el peso de la deuda?

Las exigencias del organismo crediticio internacional no se hicieron esperar. Ya se anuncia la reducción de los subsidios y se recortan los planes sociales. No ha sido capaz el gobierno Fernández de diseñar un plan de redistribución de la riqueza, no se sanciona la ‘posición dominante’ de los grupos monopólicos poderosos ni se castigan las prácticas monopólicas.

Se quedó corto

Al gobierno argentino le faltó una estrategia general de cómo enfrentar al FMI, acreedor de una deuda impagable, que va a castigar el bolsillo de los argentinos, esta y la próxima generación. Fernández no apeló a tribunales internacionales para impugnar la legitimidad de la deuda, como lo demandan los sectores populares, que han dicho que “el hambre ya no se soporta y nos iremos a la lucha”.

En consecuencia, bajo el gobierno progresista no se controlan los precios de los artículos esenciales, no se desarrollan proyectos destinados a sectores estratégicos, con riquezas inmensas, en manos de empresas trasnacionales que se caracterizan por su rapacidad.

Los acontecimientos recientes actúan como detonante de una crisis profunda. Los trabajadores se lanzan a las calles reclamando control de precios, salarios decentes, derechos laborales y un salario básico universal.

Hace 40 años terminó la dictadura, gracias a una enorme movilización social. Sin embargo, en este lapso ‘democrático’, no es mucho lo que se ha avanzado en cuanto a bienestar social. Como en Colombia, en el país austral hay al menos dos Argentinas. La de los ricos y poderosos, que se enriquecen en medio de la crisis, y la de los ‘nadies’, a los que nunca se les consultan las grandes decisiones nacionales.

Los gobiernos de los Kirchner y el de Fernández no modificaron el modelo, y por ello quienes obtienen mayores beneficios son los de siempre. Y así se llegó a la fenomenal crisis que hoy padece la Argentina. El actual gobierno se reúne y pacta con los empresarios, con los gobernadores de la derecha. En Argentina dicen: “no se trata de cambiar de collar sino de dejar de ser perro”.