Dueña de la marca de salto triple en el continente obtenida en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, saltando 14,57 metros y campeona de la Liga Diamante 2014, la competencia del atletismo más importantes después de los Juegos Olímpicos

Dicen que la fórmula para la fibra que necesita un deportista de elite está en el banano y en el pescado. La dieta diaria de los niños que corren en las calles polvorientas de uno de los tres municipios del cinturón bananero de Colombia. En Apartadó (Antioquia) nació y dio sus primeras zancadas la morena Caterine Ibargüen, dueña de la marca de salto triple en el continente obtenida en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, saltando 14,57 metros y campeona de la Liga Diamante 2014, la competencia del atletismo más importantes después de los Juegos Olímpicos.

Una marca impensable en sus primeros años de entrenamiento en Medellín, a donde llegó como parte de un programa de desarrollo de deportistas que impulsaba la Gobernación de ese departamento. En 2004 cuando tenía apenas 14 años de edad empezó a mostrar las potencialidades para el atletismo, luego la sedujo el salto alto y el salto largo, para terminar en su especialidad: el salto triple. Atenas 2004 es su primera ilusión y sueño cumplido de la deportista. Sin embargo, no le alcanzó para un papel destacado y como ella misma lo dice: “no fue la mejor experiencia deportiva”.

Pero sigue trabajando representando al país en el ciclo olímpico para la cita en Pekín 2008, una nueva ilusión que se desvanece cuando no alcanzó las marcas exigidas para las modalidades salto alto y salto largo. “Ahí dije que no quería más el atletismo”, sentenció Caterine, tomando la decisión de formarse profesionalmente en el campo de la salud.

Para ello aceptó una beca de la Universidad Metropolitana de Puerto Rico, ofrecida por un conocido suyo, Ubaldo Duany, un cubano, entrenador en Colombia en las ligas del Valle del Cauca, que ya conocía las capacidades de la morocha, y quien la convenció de ir a la isla a convertirse en enfermera profesional y representar a esa universidad en las competencias de atletismo, en especial en el salto triple. Allí inicia para la morena de la amplia sonrisa el renacer en el atletismo.

Batir los registros panamericanos fue suficiente para revitalizar la esperanza de volver a una cita olímpica, como efectivamente se dio para Londres 2012 y revalidar allí toda una carrera de sacrificios. Lo logró de la mano del entrenador cubano y volvimos a ver, después de 20 años, una colombiana en lo más alto del atletismo olímpico. Mientras Caterine es escogida en VOZ como un personaje del año 2014, ve en el horizonte una nueva presea olímpica en Río de Janeiro 2016, mientras su abuela Oyola Riva, la luchadora de Apartadó, de 77 años de edad y 40 de trabajo en las gigantes plantaciones bananeras, pelea incansablemente para lograr algún día, como su nieta Caterine, un sueño: el de pensionarse.