Malory Díaz, Rompe barreras con sonrisas

0

El empeño y la fortaleza de la niña campeona en hokey, hacen que a sus nueve años supere obstáculos físicos debido al Síndrome de Down que padece.

12364255_548343865315193_1420424002_o

Foto: Equipo de Hokey · Málory Díaz.

Andrey H. Martínez 

El deporte fue tomado como una medida por sus padres Diana Buitrago Betancourt y Jack Frederick Díaz, para controlar el peso ya que los niños que nacen con este síndrome suelen padecer esta molestia. Fue así como Málory desde los cinco años la disciplina la acompaña para cumplir sus metas.

Sus principales motivadores son sus padres y su hermana Alison, de apenas cinco años quienes siempre están a su lado. Su primera visión del gusto por el deporte fue por su papá quien es profesional en hokey y ha ganado múltiples títulos con Sniper. A pesar que en un principio fue difícil el manejo de los patines, el deseo de competitividad heredado de su padre hizo que Málory comenzara a romper barreras.

Para los papás es un orgullo ver a su hija destacarse en cada competencia que realiza y cada triunfo que ha tenido en los diferentes torneos locales que ha jugado en Soacha, recientemente en el primer lugar en la modalidad de triatlón en competencias realizadas por la Universidad Manuela Beltrán. Más motivo de orgullo el que sobresaliera por encima de niños de mayor de edad que ella, próximamente competirá en Fides.

El gusto de Malory por el deporte nació al ver a su papá jugar, quien la llevaba a los diferentes torneos de hockey en los que participaba y entendió en qué consistía el juego y lo que podría significar ganar. Ella compite en atletismo, gimnasia y su gran amor, el hockey.

En el municipio de Soacha son pocos los espacios para practicar gran variedad de deportes, ese ha sido un limitante para que Malory pueda practicar, debido a que no hay un espacio adecuado, ni los profesores suficientes. A pesar de eso Jack decidió ser quien las entrenara en los pocos recursos que hay para este deporte. Un poco mejor está para quienes desean entrenar gimnasia, disciplina que Malory también entrena, aun así el apoyo para los deportistas con Síndrome de Down es poco.

Diana siempre ha motivado y fomentado que Málory haga deporte, al preguntarle qué siente al ver a su hija hacer deporte afirma: “Eso es como el sabor de Cuatro… indescriptible, tienes un hijo y verlo competir es muy bonito, pero saber que ella tiene una discapacidad cognitiva y que entiende tantas órdenes y que puede ganar es muy lindo, saber que ella gana contra niños más grandes a pesar que los pediatras te digan no ella no puede, ella no sabe y que ella lo logre, es muy bonito, una felicidad muy grande”.

Los médicos limitan en ocasiones la práctica de estas disciplinas por posibles problemas de columna o pie plano y cardiopatias, creando un ambiente de sobre protección de los niños. Este tipo de limitantes creados por la medicina no son aceptados por los padres de nuestra campeona, ellos consideran que es bueno que ella aprenda qué es ganar, saber perder, que sienta lo mismo que cualquier persona, el tener una discapacidad no significa no poder hacer lo mismo que los demás, e impulsan el deseo y motivo para que ella se supere.

Para Diana la razón que los médicos limiten a estos niños es que no conviven con los niños, simplemente son casos clínicos. “Uno no cree que eso le pasa a uno, pero hasta que te das cuenta que sí, si te pasa, no sabes que es” afirma Diana. Pero a pesar de que a los cinco días de nacida Malory, debían llevarla a equino terapia e hidroterapia, y la afirmación de un médico pediatra al decirle que la niña no podría hablar ni caminar, hoy Malory demuestra que la fortaleza, el coraje, y el amor entre padres e hijos pueden estar por encima de dictámenes médicos.

En la mente de Malory siempre está el amor por su deporte, se entrena a diario, y lleva su vida como un niño normal, por ello va a un colegio normal en donde pasa todas sus materias, todas sus tareas diarias las realiza sola, como comer y alistarse para ir al colegio; después de salir de clases, a la una de la tarde. Llega a su casa y almuerza ya que a las dos de la tarde debe ir a sus entrenamiento hasta las cuatro y media de la tarde para realizar sus trabajos del colegio, a las siete ya ha acabado sus trabajos y se prepara para cenar, un poco después ya se prepara para dormir. Esta rutina la hace todos los días demostrando que es capaz de tener buen desempeño en su colegio y siempre preparándose para hace de mejor manera su deporte.

El empeño desarrollado por nuestra campeona viene desde su ADN y desarrollado por sus padres, ella ha demostrado que las únicas limitaciones son las que nosotros mismos nos damos, que no hay nada que la fortaleza y la disciplina no logre. De ella sabemos que cada día mejora en sus terapias de lenguaje, que cada vez es una atleta más completa y que seguramente dará de que hablar por sus logros deportivos, muy seguramente veremos a la deportista de sonrisa brillante colgarse medallas, muchas medallas de oro y no siendo solo el orgullo de sus padres sino también de nuestra patria.