Las mujeres en el mundo laboral

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Trabajadoras de “Basura Cero” en Bogotá.

La condición de mujer trabajadora implica escenarios de opresión adicionales a los de los hombres debido a los múltiples roles impuestos, por lo que el tema no debe ser pasado como una cuota en el discurso

Trabajadoras de “Basura Cero” en Bogotá.
Trabajadoras de “Basura Cero” en Bogotá.

Laura Ligarreto

Se pretenden vislumbrar algunas problemáticas del mundo laboral para la mujer como parte de las reflexiones que enmarcan el VI Congreso de la CUT. La condición de mujer trabajadora implica escenarios de opresión adicionales a los de los hombres debido a los múltiples roles impuestos, por lo que el tema no debe ser pasado como una cuota en el discurso: es momento de asumir el problema de la mujer trabajadora con una profunda reflexión que implica superar el análisis patriarcal, del que a veces no solo somos cómplices sino, más preocupante aun, promotores.

En Colombia persiste la discriminación contra la mujer en el mundo laboral, situación que puede identificarse con especial énfasis en cuatro aspectos, a saber:

Desempleo e informalidad: Durante el trimestre marzo-mayo de 2014, el desempleo femenino fue de 11,8%, superior al de los hombres y al promedio nacional, pero consecuente con la tendencia.

Esto se debe, entre otras, a la feminización de actividades, una herencia que relaciona a las mujeres con el desarrollo de cierto tipo de actividades que aumenta la competencia por los escasos trabajos formales; a que se mantiene la preferencia de contratación de hombres, bien sea por discriminación por parte de las empresas o por la falta de equilibrios entre la vida laboral y la vida personal que hace que las mujeres prefieran no vincularse al mercado laboral formal. De las mujeres ocupadas, el 60% son informales, lo cual disminuye sus ingresos, aumenta la dependencia y las desprotege de toda cobertura social.

Acoso y violencia laboral: Sumado a la tendencia nacional de aumento del acoso laboral; el 70% de las mujeres se enfrentan a casos de acoso sexual, pese a la legislación y el diseño de sanciones, que no son aplicadas: situación que demuestra la tolerancia social frente a estas prácticas.

Desigualdad salarial: Aun cuando las mujeres y los hombres trabajan en una empresa por un tiempo y un salario igual, las prácticas patriarcales, vinculadas a que las labores de la casa y la crianza de los hijos son vistas como tareas propias de la mujer, hacen que al final del día las mujeres trabajemos más que los hombres y ganemos menos. El caso de la mayoría de las mujeres trabajadoras en Colombia pasa además por la brecha salarial que se ubicó para el 2013 en el 21% y por la diferencia de remuneraciones por el mismo trabajo que es del 7% por debajo para las mujeres.

Ausencia en los puestos de dirección: Pese a la superación paulatina del relego de la mujer en la educación técnica, tecnológica y superior, pretexto del siglo pasado para explicar la prevalencia de hombres en los puestos directivos, se mantiene el “techo de cristal” para marcar el límite de oportunidades de crecimiento para las mujeres profesionales. Este, además de valerse del acoso laboral y la discriminación, se ancla en la percepción de las mujeres sobre lo que tienen que sacrificar en su vida privada para alcanzar las metas profesionales por la feminización del trabajo doméstico.

La paridad más allá de las cuotas

Se debe agitar la implementación de políticas de paridad al interior de la CUT, desde los sindicatos de base hasta la dirección nacional como mecanismo de fortalecimiento de la lucha de las mujeres trabajadoras.

El punto de partida es reconocer que hay diferencias en las condiciones objetivas y subjetivas que llevan al mantenimiento de la discriminación y la subordinación de las mujeres al capital y a la cultura patriarcal; diferencias que deben ser superadas para poder desplegar la capacidad crítica, creadora, transformadora de las mujeres en pro de la transformación de las relaciones capital-trabajo y la construcción de una sociedad justa, libre y en paz. La política de paridad solo es posible si se desarrolla en diferentes dimensiones, que aunque relacionadas, merecen estrategias de acción diferenciadas:

Dimensión ideológica. Reconocer las situaciones que a partir de su desarrollo han construido a la mujer trabajadora como un sujeto de acción política, es una condición necesaria para el desarrollo de una política que promueva la superación de la discriminación y la sobreexplotación; por lo que la política de paridad que se plantea debe promover la investigación, la producción de teoría que ubique la situación real de las mujeres trabajadoras y las causas estructurales que la mantienen y profundizan.

Dimensión organizativa. En esta dimensión lo más importante es garantizar que en todas las instancias se promueva la formación de cuadros mujeres. Para esto, se deben implementar procesos de formación donde se cualifique el análisis de las mujeres con visión clasista, democrática y antiimperialista; pero también se fortalezcan las condiciones necesarias para la formación de un cuadro integral como la construcción de confianzas.

Dimensión política. La promoción de mujeres a escenarios de dirección política debe ser una meta, un compromiso que para ser materializado acertadamente requiere tiempos y voluntad. En este sentido, se debe buscar que se fortalezca la participación de las mujeres en la CUT durante toda la vigencia del VI Congreso, pero también que mejore su participación como negociadoras en los conflictos laborales o voceras de la clase trabajadora en diferentes instancias, y se incluyan sus reivindicaciones específicas en los pliegos o programas de los sindicatos de base y en la Central.

Dimensión ética. Muchas veces las mujeres desarrollan tareas políticas de diferente tipo pero por múltiples situaciones son invisibilizadas. La estimulación, los reconocimientos proporcionales al trabajo, el acompañamiento y la lucha contra los comentarios o las actuaciones que pretenden afectar el buen nombre, la honra y la trayectoria política de las compañeras es parte de la paridad por la que se debe trabajar. Debe haber compromiso con el respeto a cada mujer, soslayando cualquier intento por minimizar su accionar a partir de poner en cuestión su vida privada/sexual o su carácter, así como cualquier tipo de persecución.