De Turmequé para el mundo: Mecha, moñona y tradición

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Partida de tejo.

Aunque la federación está constituida desde hace varios años, al tejo no se le da la importancia que merece

Andrey H. Martínez

Entre greda y hierro, el tejo es el deporte nacional de Colombia, data de cientos de años y es uno de los juegos populares más practicados en nuestro país. La tradición ancestral de Colombia se sigue extendiendo por Latinoamérica y sus objetivos son continentales.

La federación que lo agrupa se constituyó en 1954, año en que se iniciaron los torneos nacionales de mayores, después se crearon el juvenil y el femenino. En 1984 el presidente de ese período terminó con los torneos juvenil y femenino. En 1989 cuando la federación estaba a cargo de José Vicente Castro se retomaron los torneos olvidados desde el 84 y se crearon el torneo sub 25, el campesino, sénior máster, y los inter clubes, como también el sub 25 femenino.

Desde el año 2013 hay un escalafón nacional, que se realiza mediante un torneo individual en donde se lucha por su clasificación en el deporte.

Entre los torneos internacionales están el sudamericano que se realiza en Colombia, el último se hizo en la ciudad de Cúcuta, también está la copa de las Américas que se realiza en Venezuela. Hay dirigentes que tienen jugadores de Brasil y Perú, quienes quieren impulsar el deporte. En Ecuador también hay bastante presencia de jugadores que practican este deporte, quieren establecer una federación como la que hay en Venezuela en donde se practica mucho el tejo. Se está tomando en consideración con el Instituto Distrital de Deporte (IDRD) que se incluya al tejo en el festival de verano y así realizar el torneo sudamericano cada año en este evento de Bogotá.

Este deporte se practica mucho en Venezuela, en Ecuador, sobretodo en la frontera, en Tulcán y Quito, en Perú y Brasil donde Tabatinga es su epicentro, todo esto gracias a la labor hecha en Leticia donde se pretende crear una liga, ya que Leticia está expandiendo la práctica del tejo.

El tejo es declarado deporte nacional desde el año 2000, pero aún no se ha incluido en los juegos internacionales. La creación del Sudamericano de Tejo es de autoría de la Federación Nacional de Tejo, se aspira a estar en los bolivarianos, como ocurrió en años atrás donde dichos juegos se realizaron en Pereira e incluyeron esta práctica como una de sus justas.

Respecto al futuro de la Federación de Tejo, el señor José Vicente Castro, tesorero y presidente durante varios periodos dice: “la Federación que será elegida el próximo año debe desarrollar la idea para poder vincular los juegos sudamericanos y panamericanos, se deben traer unas propuestas claras para saber cómo realmente el tejo se internacionalice, porque no podemos seguir con pañitos de agua en este proyecto de internacionalizar y fortalecer a nivel nacional el tejo”.

La idea de la nueva federación es darle fortaleza e importancia a este deporte donde el deportista sea formado como profesional en su práctica. Hay varios torneos que no son cobijados por la federación donde sus participantes son catalogados como profesionales, esto es una manera de impulsar la práctica y así adquirir patrocinadores y recursos.

Los recursos de la federación son netamente dados por el comité, no posee grandes patrocinadores, esto debido a la poca cobertura que se le da a esta práctica, “lamentablemente el tejo no es llamativo para la televisión, la prensa hace un reportaje y no aparece en mucho tiempo, a diferencia del fútbol, el ciclismo y el baloncesto… el tejo no da televisión, por eso es tan difícil conseguir patrocinadores”, afirma don Vicente.

El entrenamiento del tejo es riguroso como cualquier otro deporte, un ejemplo de ello es el atleta Héctor Rodríguez, múltiple campeón nacional y residente en el municipio de Chía, quien a las seis de la mañana sale a trotar entrenándose en el estadio municipal; en el tejo se hace una serie de movimientos desgastadores, como el lanzamiento del tejo y recogerlo, además del traslado de cancha el cual es continuo, además de las jornadas que son agotadoras debido a que se juegan de tres a cuatro rondas en el día donde mínimamente cada partido dura 30 minutos. Parte de la fundamentación del tejo incluye la forma de tomar el tejo, de lanzar y ubicación en la cancha, forma física y preparación psicológica para los torneos.

Hay diferentes escuelas de formación, las cuales reciben niños desde los 6 años hasta los 16, a los 18 comienzan su carrera competitiva a nivel de federación y después entran a participar mayores donde es más fuerte de la disciplina, los campeones actuales comenzaron en estas escuelas de formación.

En un principio, la zona fuerte de práctica y campeones es la cundiboyacense, debido a la creación de la federación de Cundinamarca en Bogotá, se separó la federación distrital de la de Cundinamarca, donde toma mayor fuerza la práctica del tejo es en el sur de Boyacá, Ventaquemada y Turmequé como también en Villa Pinzón y Ubaté.

Los relatos de la creación del tejo vienen desde el momento en que los conquistadores españoles llegaron a nuestro país y observaron que el deporte que más se practicaba era el llamado “regado” (tejo) que se jugaba en el territorio de los Zipas y los Zaques, el cacique Turmequé era el más destacado en el deporte, quien era imbatible con su tejo dorado, material del cual eran hechos en sus inicios. él y sus súbditos llevaban caña bravas (varillas usada por nuestros antepasados en la construcción de las casas de bahareque) que instalaban donde acampaban, para practicar el “regado”.

El primer torneo femenino fue creado por el mismo cacique, convertido al cristianismo por el fraile Domingo quien después de bautizarlo le dijo que ya no podía convivir con más de una mujer en su hogar. Debido a esto, la única solución que encontró el cacique fue convocar un torneo de regado entre sus esposas, donde la que ganara se quedaría con él y las demás tenían que irse de su hogar, la primera ganadora femenina de tejo y esposa del cacique fue María Lucero.

El apoyo para la práctica del tejo por parte de la nación no es considerado suficiente ya que no se le da la importancia que debe tener. Los recursos para crear escuelas de formación y torneos para las categorías inferiores, así como formadores capacitados para la buena formación de los tejistas son insuficientes. El abandono por parte de la nación a nuestro deporte insignia no ha permitido que salga de ese estigma de la vagancia y el trago de quienes lo practican, lo cual contradice el profesionalismo de sus practicantes en los torneos.

Un estigma que debemos apartar y darle el valor que se merece nuestro deporte autóctono, ese que ya se practica en más países, que también da emociones. La mayor alegría del tejo es totear una mecha, y más si se hace moñona, que consiste en hacer mecha y bocín; la algarabía y emoción que provoca es equivalente al gol en el fútbol.

Tejo, regado, o turmequé son el legado de nuestros nativos, nuestros antepasados, que debemos valorar y darle reconocimiento, que debemos tomar como un espectáculo deportivo sin necesidad de licores, solo la emoción del sonido de la mecha, la emoción de un bocín y la dificultad de la moñona que desaten emoción en los espectadores.