A un paso de cumplir un siglo de vida, Ana Lucía Chávez es la atleta de mayor edad de Colombia. Posee centenares de preseas y reconocimientos que la distinguen como una de las mejores en su categoría

Ana Lucía Chávez
Ana Lucía Chávez

Andrey H. Martínez

La historia de Ana Lucía Chávez se puede relatar de la misma manera que muchas de las historias de adultos mayores, una vida dedicada a sus hijos, su pareja y su trabajo. De igual forma, su rutina diaria es 90% normal. Vivir en torno a sus nietos, ir algunos días de la semana muy temprano al parque para realizar la rutina de ejercicios junto a sus amigas de barrio y permanecer en casa durante las tardes, excepto cuando la visitan sus hijos y la llevan a algún lugar de Bogotá. Pero, el 10% restante de su rutina hacen de Ana una mujer extraordinaria, que sorprende a extraños y cautiva a cualquier persona que la logra conocer.

Su edad no le permite recordar las cosas con claridad (padece un leve alzhéimer), por lo que en muchos temas de los que habla tiene que recibir la ayuda de su nuera, Patricia Gonzáles, que le ha dado ya tres nietos y la ha acompañado en más de una travesía que ha afrontado en los últimos 20 años. Al ayudarla, Patricia no solo la trata con cariño, sino, con admiración; palabras como “mi amor” y “mi vida”, son las que más se escuchan cuando una interviene en las palabras de la otra. “Mi vida ha sido pobre en lo económico, pero Diosito me ha recompensado dándome nueras tan lindas como ella”.

Numerosas medallas

Cuando se llega a su casa, no es mucho lo que cause impacto. Portón verde, paredes blancas y una terraza en la entrada, es el orden en el que está distribuido su hogar para recibir a los visitantes. Inmediatamente, se ven al fondo dos cuartos, uno de Daniela y otro de Felipe y Maria José, los tres nietos que le ha dado a Ana, su nuera Patricia. Por último, el cuarto de Ana Lucía, el cual de entrada no presenta anomalías. Una cama de madera cubierta por un tendido antiguo, un televisor y un par de muebles viejos que la llenan de orgullo por tenerlos hace más de 40 años. Sin embargo, una de las paredes de su habitación tiene la prueba indeleble del 10% restante de su rutina que es extraordinaria y hace de Ana Lucía una mujer sin calificativos.

Difícil contar la cantidad exacta de medallas que están colgadas en la pared de su cuarto y que deslumbran con solo verlas. Su brillo que solo es equiparado con la vitalidad de esta amable señora de 100 años, refleja lo vivaz que puede llegar a ser la deportista activa de mayor edad en el país. Ella es quien más brilla en su humilde casa y al mismo tiempo, quien más se hace notar a pesar de su pequeña talla (1 metro con 50 centímetros de altura aproximadamente).

Impresiona por su vitalidad, entereza y sentido del humor. Ciudades como Bucaramanga, Armenia; Cali y Bogotá han sido testigos del baño de Oro que se ha dado ésta mujer, que sueña representar a su país en una competencia internacional.

Años atrás, antes de comenzar su carrera deportiva, doña Ana tuvo una vida de arduo trabajo. “Como buena pobre, toca trabajar”. Siempre fue un bastión importante para ayudar a su marido a conseguir la anhelada casa en la que hoy vive junto a uno de sus hijos, su nuera y tres de sus nietos.

Discreta elegancia

Una de sus amigas fue quien la impulsó a practicar deporte. Lo sorprendente es la edad en la que ésta atleta comenzó con su aventura. Fue a los 80 años que ingresó a Asomaster, institución encargada de realizar actividades deportivas y de esparcimiento en pro de las personas de la tercera edad en el país.

En sus inicios comenzó corriendo en la disciplina de 200 metros, hasta el día que se lesionó la rodilla “Iba trotando y había como una cabullita y táquete, preciso. Me lastimé una rodilla, y quede sólo en lanzamientos”, afirmó. Los lanzamientos a los que se refiere doña Ana son los de jabalina, bala y disco, cada uno de éstos con un peso de un kilo.

“¿Quiere ver las medallas?”, dice con una enorme sonrisa en su rostro, mientras Patricia, muy atenta, ofrecía un delicioso jugo de lulo. Ana se levanta, haciendo gala de la elegancia que también puede llegar a tener, vestida con un chaleco café que hace juego con sus ojos brillantes, una camisa color guayaba y un pantalón de sastre. Al mismo tiempo, su ‘’look’’ encantador se complementa con un elegante corte de cabello corto, y antes de dirigirse a su cuarto para mostrarnos las medallas, se aplica un poco de lápiz labial de color rojo.

‘’Todas las medallas que ven ahí son de oro, solo hay como una de bronce y otra de plata’’, dice con gran orgullo. Sorprende sobremanera la cantidad de medallas que se visualizan en la pared de su cuarto (aproximadamente cien), “y hay otro pucho guardadas en una cajita” complementa, mientras miraba asombrado. Toma su disco y demuestra cómo hace el lanzamiento, mientras me atrevo a preguntarle cuál de todas sus victorias es la que más recuerda. A esto inmediatamente responde “La que gané en Medellín. Había personas menores que yo y les gané a todos.”

Pero, ¿cuál es el secreto de esta mujer para verse joven, vigorosa y ser una destacada deportista master? “Comer de todo y si hay necesidad de tomarme una pola, pues me la tomo”, afirma mientras mira a su nuera Patricia y suelta una gran carcajada.

Las palabras de doña Ana son interrumpidas constantemente por el paso de los aviones, ya que su barrio está aproximadamente a 20 minutos del aeropuerto El Dorado, por lo que pasan a poca altura y el ruido es aturdidor. “Lo de los aviones son un problema de mucho tiempo, a la gente le da dolor de cabeza y después del accidente uno se previene más, da como temor de que pueda volver a pasar”, nos dice Patricia, recordando un poco lo que pasó con el accidente anteriormente mencionado.

Entre las miles de anécdotas que recuerda y cuenta Ana Lucía Chávez, está la del Bogotazo. En esa ocasión tuvo que pasar saltando por las calles rodeadas de cadáveres. Sus hijos se encontraban en la casa de su vecina quien los había escondido. Ella estaba muy preocupada por no poder verlos ni hablar con ellos y encima de todo esto, tuvo que quedarse a dormir en la fábrica de encuadernación donde trabajaba, por todo lo que ocurría en las calles.

Lección de vida

Seis son los hijos que sacó adelante esta encantadora señora. Veinte es la cuenta de nietos y el doble o triple la cantidad de bisnietos que conforman a su familia.

Antes de despedirme, Patricia, su nuera, cuenta que durante lo corrido de este año Ana Lucía ha estado alejada del ámbito deportivo principalmente por dos razones. Una, la muerte el 2 de Enero del 2015 de Gladys Jaramillo de Cortés, una de sus hijas, la cual tenía 68 años y le dejó a Ana cuatro hijos y once bisnietos. La otra, porque según ella y la propia Ana, la calidad en la organización de las competencias ha disminuido muchísimo y eso la desanima.

La tarde se hizo noche y era hora de dejar descansar a la “abuela de oro”. Se despidió con un caluroso abrazo y la promesa de volver al deporte. Lo que nos llevamos de allí fue una lección de vida, de fortaleza y de “verraquera”, características en doña Ana Lucía Chávez, que con 80 años de lucha a sus cuestas, tiene otros 20 y contando, repletos de triunfos bañados en preseas de oro con aroma de sueños y vitalidad.

* Agradecimiento especial para Nicolás Cortés, nieto de doña Ana y amigo periodista, quien fue quien permitió acceder a esta extraordinaria persona.