Zonas de Reserva: Nuez de la paz

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El debate sobre las zonas de reserva campesina tiene de fondo dos sensibles temas: acaparamiento de la tierra y la organización campesina

Campesinos del Refugio

Simón Palacio

Poco se avanzaría en la paz, afirman expertos analistas, de seguir en la tónica de agredir la organización campesina. A esta conclusión se llega luego de dos semanas de intenso debate mediático propiciado por los ministros de Agricultura y Defensa señalando de manera poco responsable y bastante provocadora que las zonas de reserva campesina son “republiquetas”.

Las zonas de reserva campesina creadas bajo el amparo de la ley 160 de 1994 son una formación autónoma de desarrollo económico y agrícola protegida de la lógica de desarrollo capitalista del agro. Allí no solo se gobierna en democracia sino también se produce con respeto a la tierra y en función de las necesidades del campesinado. Un ejercicio de democratización de la tierra.

En medio de las conversaciones de La Habana seguramente este punto tuvo una importante discusión, aún sin cerrase. Y aunque se dice que mucho se ha avanzado en los acuerdos, las zonas de reserva campesina son una molestia no solo para la oficialidad sino también para los voceros de la guerra en el país. José Félix Lafaurie, ha manifestado que de ampliarles las zonas de reserva campesina, departamentos como el Caquetá serán expropiados del mapa territorial del país. Malsana afirmación venida de quien representa a los mayores acaparadores de tierra en el país e históricos propiciadores de la violencia y los latifundios ganaderos.

A esos reclamos les han puesto el pecho los más importantes líderes campesinos y la propia Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc), quienes han venido trabajando intensamente por la consolidación de un considerable número de reservas en beneficio de la economía campesina. Pero no solamente es la pequeña economía la que se protege, la depredación de recursos, la sostenibilidad ambiental y el acaparamiento son consecuencias lógicas de las zonas que incomodan el gran capital que pone su interés en el agro colombiano.

Eso en esencia es la preocupación de multiplicar las zonas que en su naturaleza son instrumentos de protección para las parcelas, frente a la presión de los latifundios, garantizando una oferta adecuada de servicios.

¿Pero cuál puede ser la razón para satanizar las zonas? Según el Incoder las zonas tienen por objeto: controlar la expansión inadecuada de la frontera agropecuaria, evitar y corregir los fenómenos de inequitativa concentración o fragmentación antieconómica de la propiedad rústica, crear las condiciones para la adecuada consolidación y desarrollo sostenible de la economía campesina y de los colonos de escasos recursos, regular la ocupación y aprovechamiento de las tierras baldías, dando preferencia en su adjudicación a los campesinos o colonos de escasos recursos, entre otros. ¿Qué de malo le ve el ministerio?

Las FARC han rechazado la estigmatización del Gobierno Nacional al campesinado colombiano: “Insistimos, el Gobierno debe cesar la estigmatización y persecución pertinaz que viene haciendo contra las zonas de reserva campesina y sus dirigentes. Los campesinos de Colombia deben ser escuchados; su participación y determinaciones, como las de todo el pueblo, son fundamentales para construir un verdadero proceso de paz en Colombia”. De hecho las FARC anunciaron que de alguna manera harán presencia en el encuentro de zonas a realizarse en San Vicente del Caguán.