lunes, abril 15, 2024
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Vacunas contra el COVID-19: un debate necesario

Un debate profundamente científico y técnico que demanda de todos -gobernantes, medios, comunidad científica y sociedad- el mayor rigor y la más alta honestidad

César Díaz Pomar (*)
@cesardiaz33

Recientemente hubo un ataque muy intenso en contra del ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, por sus declaraciones sobre las vacunas y la pandemia del COVID-19. Muchos lo tildaron de irresponsable, antivacunas y anticientífico. Pero, en el fondo, lo planteado hace referencia a un debate científico que no se ha abordado con honestidad.

El ministro sostuvo que, con las vacunas, que adquirieron nuevas tecnologías, se había hecho un experimento a gran escala. Se refería a las vacunas tipo ARNm, que contienen nanopartículas, es decir, partículas de entre uno y cien nanómetros. Un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro. El coronavirus tiene tamaño nanométrico, por eso, la estrategia de usar nanopartículas en algunas vacunas es acertada: imita al virus en su propio mundo nanoescalar.

Aclaración del ministro

Así también lo ratificó el ministro en comunicado que debió emitir ante los ataques de los medios de comunicación corporativos y de la oposición en las redes sociales, donde lo acusaban de ‘antivacunas’: “Me referí a la fase experimental por la que pasaron las vacunas basadas en mRNA, proceso que se dio precisamente en un contexto de emergencia y en donde los tiempos que se tomaba para verificar la efectividad y seguridad de las mismas en los ensayos clínicos fueron menores a los acostumbrados y a medida que se conocían los resultados, cuando eran prometedores, distintas agencias internacionales empezaron a autorizar su uso de emergencia”.

“Por tratarse de una emergencia sanitaria, se permitió el uso masivo de estos biológicos sin cumplir completamente las fases 3 y 4 del método científico, teniendo en cuenta que la fase de ensayos clínicos permitió verificar que estas nuevas tecnologías eran muy prometedoras para la disminución de muertes y hospitalizaciones, y la efectividad y seguridad de las vacunas contra el COVID-19 se fue aclarando tanto con nuevos ensayos clínicos, como con su aplicación”.

En otro de los apartes de la comunicación, Jaramillo comenta que, con la evidencia científica disponible, el Ministerio de Salud en sus acciones de respuesta al COVID-19 continúa ofertando biológicos, “entre las cuales están las basadas en mRNA y las demás vacunas disponibles desarrolladas en diferentes tecnologías”.

Nanotoxicología

Al volver a la estrategia de usar nanopartículas en la fabricación de vacunas, se puede afirmar que es un enfoque ingenioso, pues hasta el premio Nobel de medicina de este año se otorgó a los investigadores que permitieron el desarrollo de este tipo de vacunas. Hasta ahí todo muy bien.

Sin embargo, cuando nanomateriales interaccionan con seres vivos entramos en un terreno supremamente complejo en donde las probabilidades priman sobre las certezas absolutas. Y aparece un término poco conocido, pero muy importante: la Nanotoxicología.

Dependiendo del tipo y niveles de interacción, las nanopartículas pueden ser también tóxicas. Y no es una teoría conspirativa, hay abundante literatura científica al respecto. Cada nanopartícula ─dependiendo de su forma, tamaño y estructura─ es un universo en sí misma.

Y es en este punto en donde tenemos que hablar de las vacunas de tipo ARNm: si bien su mecanismo se ha estudiado por décadas, tienen premio Nobel incluido y sirvieron para atacar el coronavirus en estos tres años, los efectos a mediano y largo plazo son aún desconocidos. Incluso, en apartes del acuerdo de Pfizer con Sudáfrica se lee que los efectos y eficacias de la vacuna a largo plazo no son aún conocidos y se requiere mayor investigación y estudio al respecto.

Un ejemplo lamentable

Por otro lado, debido a la emergencia que todo el mundo vivía, los tiempos de liberación de estas vacunas fueron considerablemente rápidos en comparación con otro tipo de vacunas. Hubo un desarrollo acelerado de esta vacuna, que sin duda salvó vidas. Pero esto no nos exime del debate actual sobre los efectos que, a mediano y largo plazo, este tipo de tecnología tendrá. Hoy debemos decir que, científicamente, estos efectos son inciertos: puede que no ocurran desenlaces fatales, pero también puede haber resultados inesperados.

Y en nanotecnología tenemos varios ejemplos que nos pueden dar luces, siendo el del Abraxane el más llamativo y también preocupante. El Abraxane es un nanofármaco que consiste en nanopartículas de albúmina cargadas con paclitaxel que se introdujo en el mercado en 2005 y mostró alta eficiencia inicial para tratamiento de cáncer de mama, pulmón y páncreas.

No obstante, quince años después varios estudios y casos reales demostraron que su uso ha generado serios problemas pulmonares en muchos pacientes. Esto ha suscitado un debate en torno al fracaso de algunas nanomedicinas contra el cáncer, pues en muchos casos las grandes promesas de resultados favorables por mucho tiempo no resultaron ser ciertas. Entonces, no es descabellado decir que sí hubo un experimento con este tipo de vacunas, pues al momento de liberarlas en plena emergencia por la pandemia ni farmacéuticas ni gobiernos sabían de los efectos secundarios a mediano y largo plazo.

Actualmente, estamos en la primera fase de los resultados y hasta ahora han sido favorables, sin embargo, debemos esperar más tiempo para sacar conclusiones definitivas. Y plantear esto, tal como lo hizo el ministro, no nos hace ni antivacunas ni anticiencia.

Como hemos explicado aquí, este es un debate profundamente científico y técnico que demanda de todos ─gobernantes, medios, comunidad científica y sociedad─ el mayor rigor y la más alta honestidad.

* Ph.D Nanociencias y Materiales Avanzados

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