lunes, marzo 4, 2024
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Urabá, bajo la corteza del banano

Se acerca la negociación de un petitorio para miles de trabajadores de estas plantaciones con el que esperan mejorar sus condiciones laborales. Las altas exportaciones no se reflejan en su calidad de vida

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@aurelianolatino

Cincuenta y nueve años llevando banano a todo el mundo y exportaciones por más de cien millones de cajas anualmente, son algunos de los anuncios en la página web de la Asociación de Bananeros de Colombia, Augura. Así mismo, el Dane reportó que en 2019 el país exportó banano por valor de 934,3 millones de dólares, y en 2020, por 990,3. Las frutas son vendidas principalmente en Bélgica, Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Alemania, Polonia y Francia, principalmente.

Las cifras no corresponden con el trato a miles de trabajadores que producen en las fincas de estos empresarios. VOZ dialogó con dos dirigentes sindicales de Sintrafrucol, quienes hablaron acerca de unos puntos de las relaciones obrero-patronales en las empresas ubicadas en la subregión de Urabá, justo cuando se acerca la negociación de un pliego de peticiones.

“Sufrí una dermatitis y la empresa en esas condiciones, con la piel vuelta nada, me despidió. Así hay muchos trabajadores. Tuve un tiempo en que la ARL y la empresa me negaron los servicios. El médico me mandó a hacer unos exámenes donde requería que la empresa aportara los nombres de los químicos que se utilizan en la finca. La empresa me negó eso y Positiva también se negó”.

Félix Mosquera

De esta manera, lo comentó el trabajador Félix Mosquera, quien por décadas ha estado entre plantaciones de banano, para ejemplificar cómo las fumigaciones contra plagas y enfermedades de los cultivos, hechas desde avionetas, han provocado muchos inconvenientes sanitarios y luego el abandono por parte de la empresa. “Es el trato que las fincas bananeras le dan a muchos de sus trabajadores”, agrega.

Hay que tener en cuenta que esta forma de fumigación ha provocado problemas ambientales y de salud en campesinos y habitantes de los centros poblados, como se ha denunciado en varias oportunidades.

 

Sin protección

Dirigentes de Sintrafrucol coincidieron en identificar a las precarias condiciones de salud como una problemática en estos cultivos, pues –según ellos– son varias las enfermedades por las que han despedido a muchos. “Pero también accidentes que provocan fracturas de rodillas, problemas de columnas por sucesos cuando cargan racimos al hombro, caídas de puentes, o de los cables donde se transporta la fruta del campo hacia la empacadora”, anota Mosquera.

Bautista Segundo Pallares

La falta de soluciones en asuntos como este, originó que se creara Sintrafrucol en 2021, pues sus dirigentes aseguran que se sentían desprotegidos y sin representación: “Lo que pasa es que siempre nos violan los derechos a los trabajadores y no se hacía nada por nosotros, el sindicato mayoritario prácticamente se ha vuelto empresario y los trabajadores han quedado desprotegidos en la defensa de sus derechos”, explicó Bautista Segundo Pallares, presidente de la junta nacional de esta organización.

Señalan que crearon el sindicato con trabajadores decepcionados de otras organizaciones, y que ya son nueve similares en Urabá, en más de 300 fincas que producen esta fruta, en su mayoría para exportación, propiedades de pocos empresarios colombianos.

 

Los tercerizados

Es de anotar que en esta subregión son alrededor de 24 mil trabajadores quienes tienen contratos directos con las empresas, aunque existe un sindicato que hace contratos sindicales: “Contrata con la empresa y ellos les pagan a los trabajadores. Es una chupadera de sangre, al trabajador le pagan lo que les da la gana. ¡Ojalá, Dios quiera que eso se acabe con la reforma laboral!”, expresa el presidente de Sintrafrucol.

Además, aclara que de manera indirecta o por cooperativas de trabajo asociado y por contrato sindical hay aproximadamente seis mil trabajadores, y solicita: “Le agradecemos a este Gobierno que ojalá acabe con esos contratos de cooperativa, ya que eso es una explotación y eso es lo que está acabando con el trabajo de la juventud acá. Les reconocen un básico de 35 mil pesos, pero de ahí le descuentan la salud, la pensión y no las pagan, porque el dueño de la cooperativa no paga eso, les descuentan a los obreros, pero no pagan”.

Las labores

Entre las diferentes labores de estos asalariados en las plantaciones hay diversas actividades como el amarre, que consiste en atar la mata para que no sea derribada por las fuertes brisas; embolsar los racimos para protegerlos de las plagas; deshojar; el desmache o la selección de los mejores retoños; cavar canales; el corte y transporte de racimos; el garruchero, que es quien transporta la fruta desde donde se corta hasta la empacadora; los selectores; clasificadores; selladores y paletizadores, entre otros. Estas labores las hacen por un salario promedio mensual de un millón 900 mil pesos, con 48 horas semanales de trabajo.

De la misma manera, están las responsabilidades del área administrativa, labores que han sido fusionadas para abarcar varias fincas.

Ahora bien, en pocas semanas, se presentará el pliego de peticiones para negociar la convención colectiva con temas como el incremento salarial, la estabilidad laboral, el sistema de contratación para acabar con la tercerización.

“Otro tema que se va a llevar, por ejemplo, nosotros los sindicatos minoritarios, es que lo que se cobra por caja exportada en cada empresa, 18 pesos que deben ir a los trabajadores, se va a pelear para que esa plata se les dan directamente a ellos. Ahora, en el mercado nacional, en el que se vende el producto de menor calidad conocido como rechazo, a ver si de pronto de ese producto a los trabajadores se le da un porcentaje de ganancia”, indica el presidente del sindicato.

La negociación se circunscribe en un momento en el que se discute la reforma laboral en el Congreso de la República, en la que se definirán temas de interés para los trabajadores, que les permitirá mejorar sus condiciones. Pero los sindicatos tienen claro que el éxito solo depende de su coherencia con los intereses de los trabajadores, de su unidad y capacidad de negociación y movilización, para que esas altas utilidades de las exportaciones también redunden en mejoras en su calidad de vida.

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