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Todavía Suenan Timbres

Este 29 de octubre de 2024, se presentará el número 10 de la revista Suenan Timbres. Una revista destinada a la cultura y al arte, que se ha sostenido en un medio cultural que a veces pareciera aborrecerlas

Guillermo Linero Montes

La tradición de revistas culturales, máxime si priorizan la literatura, duran muy poco, y las que han sobrevivido ha sido, bien por el esfuerzo de sus fundadores y gestores, como es el caso de las revistas Luna de Locos fundada en Pereira por el poeta Giovanni Gómez (1979-2021); La Lira, de Barranquilla, que trata las noticias de la música y es dirigida por el poeta Álvaro Suescún; Puesto de Combate, la más antigua y la más puntual en su periodicidad, dirigida por el narrador Milcíades Arévalo.

Luna Nueva, fundada en Tuluá por el poeta Omar Ortiz. Y pienso en aquellas que por estar conectadas directamente a instituciones o eventos, han tenido garantizado su sostenimiento. Me refiero a revistas como Prometeo, de Medellín, dirigida por el poeta Fernando Rendón; a Ulrika, de Bogotá, dirigida por el poeta Rafael del Castillo, o Vía Cuarenta, de Barranquilla, fundada y dirigida por el poeta Miguel Iriarte.

Mantenerse como un fantasma

Aunque la pluralidad y existencia de estas revistas pareciera dar cuenta de una dinámica estable de producción cultural, la realidad es que son muchas las revistas que sucumben, o se mantienen como fantasmas porque nadie las ve, porque no tienen capacidad para comprometerse con una periodicidad coherente o porque no cuentan con una difusión, o en el peor de los casos, porque les falta encanto (es decir, calidad y rigor cognitivo) o porque no cuentan con recursos para su difusión.

La revista Suenan Timbres ─que no está al margen de la suerte de estas revistas mencionadas─ después de varios sigmas internos, quedó por fortuna en manos de un colectivo de escritores que la ha sostenido, a mi juicio impulsando las voces de quienes hacen parte de sus afinidades conceptuales y hasta ideológicas; no en vano, siendo una revista de cultura y arte ─no necesariamente politizada─, contiene un trasunto de resorte contestatario.

En efecto, el título de la revista, más que un homenaje al primer libro del poeta Luis Vidales, Suenan Timbres, lo es a su calidad de poeta contestatario, quien, con fortuna, y en términos de la poesía en su evolución formal, fue un poeta tan revolucionario como vanguardista, y así se le ha reconocido en Latinoamérica y en Europa, donde se resalta la singularidad de su poesía y sus aportes estéticos.

Mujer poeta y poesía femenina

Ese talante contestatario, se visualiza precisamente en la distinción que en este número la revista Suenan Timbres hace a la poesía femenina, o mejor, a la mujer poeta, exaltando los nombres de autoras poetas que han tenido relevancia en Colombia sin mucha alaraca, sin pompas ni festejos.

Me refiero a las poetas Meira Delmar, de quien el poeta samario José Luis Díaz-Granados ha escrito que: “La poesía de Meira Delmar, hermosa, sencilla, siempre recreadora de los dones de la vida, rebosante de dulces fantasmas intimistas y de evocaciones multicolores, guarda ensoñaciones clarividentes y reflexiones reveladoras en innumerables metáforas marinas”.

A la poeta Maruja Viera, de quien el profesor José Ramón Llanos advierte cómo: “Al conocerse su primera obra los críticos literarios expresaron su alborozo por la calidad lírica de su poesía, la cual desde el inicio se caracterizaba por la forma como definía los fenómenos naturales viento, lluvia, florecer, arboleda, amanecer, alba, anochecer con unas metáforas inusuales”.

A la poeta María Isabel García Mayorga, de quien Alberto J. Mercado dice que: “Su poesía es un canto a su morada que con su gusto por palabras y expresiones como ‘vuela estrenando encanto’, ‘mirando aquí y allá’ expresa la tranquilidad, la libertad, su afecto y adoración por la vida misma”.

Y a la narradora y poeta Sonia Truque Vélez, de quien el escritor Zabier Hernández subraya que: “La palabra en la obra de Sonia Truque recobra su sentido en las historias que narran lo inhumano de la humanidad, la felicidad en medio de la maldad y la tragedia, la ternura y la pasión en medio de la miseria, los defectos y la bondad siempre en búsqueda y como horizonte perseguido, la imposibilidad de aceptación de lo diferente y diverso y la sordidez del poder”.

¿Y Roca?

La revista contiene una entrevista realizada al poeta bogotano Federico Díaz-Granados, que, si bien reconozco su preparación académica en términos de informaciones acerca de los asuntos de la poesía ─que desde niño la ha venido estudiando con expresa pasión, con su capacidad de gestor cultural y disciplina académica sobre la literatura, no encontré razones y me extrañé mucho─ los lectores decidirán si están o no de acuerdo conmigo ─al leer algunas de sus respuestas.

Siendo el corazón de la entrevista hacer una mirada general de la poesía colombiana más importante o “excelente” de los últimos años, es curioso que no se encuentre en las respuestas del poeta Federico, el nombre de Juan Manuel Roca, que en el presente está considerado como el más grande poeta vivo de lengua española.

Pueden leerse en este número un ensayo de Alberto Blandón (titulado La Alegría es mi Trinchera) y dos relatos, uno de Angélica Pineda-Silva (titulado Nawi, Garra de Jaguar) y otro de Rafael Pérez (titulado Aguacero de Mayo). Posteriormente, en algo que es propio de toda publicación como esta, se pasa revista por la producción de poetas vivos y en actividad como Angélica Pineda-Silva, Jorge Vergara, Natalia Montejo, Fabio Holguín, Rubén Darío Arroyo, Miguel Artel, José de Jesús Bedoya y José Martínez.

Como debe ser una revista de cultura y arte, cabe mencionar la plácida presentación de su estructura física, la sobriedad de su diseño e imagen y, desde luego, su apego a una línea intelectual adscrita al entendimiento de cómo “el arte ─estas son líneas de su editorial─ ante todo y esencialmente, es originalidad, apertura de un mundo novedoso y, por ello mismo, creación (Ortega y Gasset). No obstante, el arte también es una praxis de compromiso con el cambio”.

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