“Tenemos dos caminos: cerrar los ojos o comprometernos”

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Sacerdote Henry Ramírez Soler.

Con perspectiva de fe, religiosos se comprometen con los movimientos sociales y la paz

Carolina Tejada

Escuchábamos atentamente al académico de la Comisión Histórica de Víctimas del Conflicto, el profesor Jairo Estrada, sobre el desarrollo de su tesis del origen de la violencia en Colombia, en la tertulia convocada por Clamor Social Por la Paz. Alguien nos contó que entre los asistentes se encontraba el sacerdote Henry Ramírez Soler, el cura que pasa más tiempo en botas pantaneras que en su tradicional sotana. Le robamos su concentración y su tiempo. Y, con una sonrisa, amablemente accedió a dialogar con VOZ.

El cura Ramírez solo pasa una semana al mes en Bogotá, los otros 20 días visita comunidades tan apartadas de la geografía que ni el Estado ha llegado. Vichada, Meta, Chocó o Caquetá son regiones que conoce abriendo trochas junto a las comunidades humildes de estas regiones. Predica, bautiza, hace casamientos, liturgia y acompaña espiritualmente a muchas familias que son víctimas de la violencia. El cura de izquierda, como se autoproclama, habló con VOZ sobre lo divino y lo humano, sobre la paz y el perdón.

–¿Cómo conjuga el compromiso social con la lectura de la Biblia?

–La manera como se lee la Biblia en algunos sectores es con perspectiva campesina, de género, étnica, afrocolombiana, infantil, juvenil, que tiene en cuenta nociones como el territorio, la autodeterminación, la soberanía alimentaria. Se hacen ejercicios de lectura popular y comunitaria de la Biblia, eso demuestra que la teología de la liberación sigue intacta y con presencia vital. Muchos sectores que se encuentran en la defensa de los derechos humanos, en la construcción de la paz con una perspectiva social y de la construcción de una Iglesia para los pobres, participativa. Intenta encontrarse con distintos movimientos sociales y políticos sin el prejuicio de la condena; y sin presentar una Iglesia hegemónica.

–Padre, ¿la teología de la liberación sigue intacta en el diario vivir de la Iglesia católica?

-La teología de la liberación, en su construcción académica, teórica, práctica, que nació después del Concilio Vaticano Segundo y evolucionó en los 70, se desarrolló en los años 80 y 90, como cualquier proceso social o eclesial tiene sus transformaciones. Esta teología y los procesos sociales inspirados en ella hoy no son los mismos de los años 80, pero no quiere decir que ya no existan.

Actualmente ha logrado impregnar distintos sectores sociales y políticos, y a veces no es necesario nombrarla para entender que allí está. Por ejemplo, en los círculos eclesiales ya no se discute el método “ver, juzgar y actuar”, hoy en cualquier diócesis se hacen estudios analíticos utilizando las ciencias sociales, la sociología, la antropología, que fue lo que planteó la teología de la liberación en un primer momento. Hoy nadie discute que la fe tiene connotaciones prácticas de compromiso social. Hoy no se discute al interior de la Iglesia que se manifieste en distintos escenarios como lo económico, lo político y la defensa de los derechos humanos.

–¿Hay muchos religiosos de la teología de la liberación en el país?

–A veces los religiosos de la teología de la liberación no son tan mediáticos pero sí trabajan mucho. Uno los encuentra en el Catatumbo, en el Vichada o en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Dabeiba o en el Chocó, sitios donde el Estado no hace presencia. Gente que se compromete día a día, y son muchos. Cuando uno como religioso está en las bases cristianas de esos sitios alejados, despreciados, perdidos, tiene dos caminos: cerrar los ojos o comprometerse.

Y yo creo que hay muchos religiosos que se comprometen como profesores, enfermeros, hacen derechos de petición, tutelas, son secretarios de la comunidad porque saben leer y escribir. Eso lo hacen por la conciencia y la fe que los impulsa. No dirán ellos que son teólogos de la liberación, pero en la práctica lo son.

–¿Historias como la del beatificado sacerdote Óscar Romero en Centroamérica?

–Un 24 de octubre de 1980, fue asesinado el arzobispo Óscar Romero, en El Salvador. Él no era persona que desde su fe fuera un religioso intranquilo, no era un hombre inquieto por lo social, pero el terrorismo de Estado en El Salvador, bajo el conflicto de allí, lo fue confrontando internamente y lo llevó a que, desde su posición como arzobispo, fuera la voz de los sin voz. Denunció masacres, capturas y desapariciones que cometía el Estado salvadoreño, pero fue también un puente de interlocución entre las insurgencias para construir un proceso de paz.

A él lo asesinan en plena eucaristía, lo que para nosotros los cristianos sería un mártir ipso facto sin que se probara nada. El papa Francisco reconoció el olor de santidad martirial, y abre el camino para ser beatificado. Eso es un reconocimiento por la lucha de la justicia y la paz desde la opción de los pobres.

–Volviendo a Colombia. ¿Cómo ve la coyuntura de paz con el proceso de La Habana y el que debe iniciarse con el ELN?

–Es un momento esperanzador. Y lo digo sin ser optimista ciego, sino un optimista crítico. No es fácil el proceso con la insurgencia por los poderosos enemigos de la paz, no es fácil. A mí me genera inquietudes ver cómo avanza el proceso de paz con las FARC-EP, pero no con la insurgencia del ELN y eso nos puede llevar a una desilusión, porque llegar a un acuerdo para el fin del conflicto requiere que el conflicto termine en un acuerdo con las otras guerrillas. Debemos presionar los diálogos con el ELN, desde la sociedad colombiana.

–¿Es necesario un solo proceso o una misma mesa?

–Yo no creo que en una misma mesa pero sí un mismo proceso. No creo en la unificación, creo en la diversidad, entonces quisiera ver un proceso con dos mesas de negociaciones. También estoy convencido de que el proceso de paz se puede complementar con la agenda del ELN, los temas minero-energéticos o la participación de la sociedad con propuestas como la convención nacional o la constituyente. Ese espíritu de participación ciudadana es muy importante para el proceso y la construcción de la paz.

–¿Será que el gobierno Santos está repitiendo con el ELN la fórmula de pregonar la derrota militar primero antes que el diálogo, como lo hizo en su momento con las FARC?

–Yo no creo que el gobierno Santos piense en eso. La razón es que no puede Santos ser ingenuo. Algunos han dicho que las guerrillas se acabaron en la década de los 70 y que volvieron a aparecer en los 80, y eso es falso. El Estado no piensa en que el ELN está derrotado, piensa es de manera estratégica el momento de dar a conocer ese proceso de paz a partir de sus intereses.

–¿Cómo ven las otras congregaciones religiosas los temas de la paz?

–Hay distintos espacios como la Mesa Ecuménica por la Paz, que reúne varias tendencias cristianas, en el que hace varios años se vienen construyendo propuestas para la construcción de la paz. Una de ellas la Veeduría Ciudadana por la Paz, que pretende ser un espacio de los agentes de pastoral o las Iglesias para convertirse en seguidores de la paz, así como del cese al fuego unilateral de las FARC o el desminado bilateral.

Es importante saludar los aportes de otras iglesias como los menonitas y la Presbiteriana. En mayo habrá una jornada de oración por la paz de Colombia con organizaciones de Iglesias en Estados Unidos. Todo este esfuerzo es para sintonizar la paz con el derecho a las víctimas, con los derechos a la no repetición, con el derecho a la verdad, a la reparación integral.

–El padre Giraldo escribió un texto sobre los muros de la paz y uno de esos son los medios de comunicación. ¿Qué opinión le merece?

–Los medios a lo largo de la historia colombiana han jugado un papel importante como instrumentos para la guerra de acuerdo a su línea editorial, a su manera de informar, a los protagonistas de la noticia y el filtro de las mismas. Es necesario generar una ley de comunicaciones para ser informado e informarse bien. ¿Quién repara al campesino que ayer lo acusaron los medios de comunicación de ser del primer anillo del Mono Jojoy y tiempo después queda libre porque se determina que es inocente? Es necesaria la ley de medios, la comunicación más que una mercancía es un derecho.

–Hablando de responsabilidades como esa de los medios de comunicación como instrumentos de guerra. ¿Quiénes en Colombia deben pedir perdón?

–Precisamente los medios de comunicación o esas empresas de información, por su silencio o por su tergiversación. Pero hay otros sectores de la institucionalidad: por ejemplo las universidades privadas que han educado a los grandes líderes políticos o sectores de la Iglesia que han tenido responsabilidad de la consolidación de estructuras violentas. Para nadie es un secreto que sacerdotes de la época de la Violencia en la década del 50 o la del 60 arengaban a matar liberales. Ese es un ejemplo del perdón que se debe escuchar para la paz.

–¿Padre, el sermón del Viernes Santo estará enmarcado en los acontecimientos de la paz?

–Yo creo que sí. Muchos sectores de la iglesia con posturas diferentes a la teología de la liberación van a tocar el tema de paz. Los obispos estarán en esa disposición, muchos sacerdotes van a compartir el viacrucis con temas de víctimas y construcción de paz.