Solidaridad con la compañera Imelda Daza Cotes

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Volver a pescar de noche sin el miedo de ser asesinados, como diría Darío Echandía, es una utopía que se debe materializar en la práctica. Por eso no se debe admitir que sigan los atentados contra los líderes y lideresas que sueñan con cambios estructurales.

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Nelson Lombana Silva

Causa estupor la forma como los enemigos de la paz se empecinan en hacerla abortar para que Colombia siga transitando los caminos oscuros de la cruda violencia y el terrorismo de Estado. Se ensañan contra los cuadros más emblemáticos y forjadores de paz como la compañera Imelda Daza Cotes, una mujer excepcional que tuvo que salir del país durante 28 años para salvar su integridad física y que ahora que regresa con la misma bandera de la paz, los exponentes del odio, del capitalismo rapaz y de la insensatez persistan en segarle la vida.

Los hechos ocurridos por estos días en la ciudad de Cartagena de Indias, debe llamar poderosamente la atención de la comunidad nacional e internacional, no puede pasar de soslayo como tampoco pueden pasar de soslayo los 116 dirigentes de Marcha Patriótica asesinados últimamente, ni los 83 representantes a la cámara y 48 senadores, elegidos al parecer por el paramilitarismo.

El muerto no hay que buscarlo río abajo. La podredumbre del establecimiento llamado Estado Colombiano debe quedar al desnudo, no puede seguirse aromatizando el estiércol que lo caracteriza. Al pan, pan y al vino, vino. Basta ya de crudos ambages para justificar lo injustificable.

Indigna la forma infame como los medios masivos informan sobre estos hechos. Si hubiera sido una “vaca sagrada del establecimiento”, como llamaba a la clase política el costumbrista escritor Álvaro Salom Becerra, la información sería otra. Nos tendrían alienados, cansados, “mamados”, pero como la afectada era una dirigente del pueblo, entonces la información va entre líneas, dejando la suspicacia y sembrando la duda. ¡Qué libertad de prensa en Colombia!

Conocí a la compañera Imelda en el vídeo Baile Rojo. Me impresionó su relato crudo, sus lágrimas rodar por sus mejillas mofletudas. Fue un relato descarnado pero sin odio y por el contrario, con la firme perspectiva de vivir.

Cuando el congreso de la Unión Patriótica en Bogotá anunció que Imelda Daza Cotes haría presencia, salté de contento, pues tendría la oportunidad de estrechar su mano y decir que la admiraba profundamente.

Minutos antes de comenzar la marcha de la UP, que partió de la plaza de Toros hasta la plazoleta las Nieves por la séptima, la encontré entre la muchedumbre que blandía con entusiasmo las banderas verdes y amarillas con entusiasmo. Grabadora en mano me le acerqué y después de estrechar su cálida mano, depositar un ósculo en la mejilla y decirle que la admiraba profundamente por su coraje, me permitió una breve entrevista que fue publicada en la página web: www.pacocol.org.

Estar tan cerca de ella me permitió dimensionar aún más su calidad humana, su sencillez y su grandeza como lideresa de la izquierda colombiana. Pensé en ese momento que sería la mejor candidata para orientar los destinos de la Unión Patriótica. Tiene carisma, amplitud y profundidad en sus conceptos. Admira la lucha heroica del Partido Comunista, tiene don de persona, humanista, sincera y trabajadora.

Fue candidata a la gobernación del Cesar con la insignia de la Unión Patriótica, destacando en el balance final el aporte de los comunistas y otras fuerzas democráticas. Desafiando prácticamente el epicentro del paramilitarismo recorrió gran número de los 25 municipios predicando la paz con justicia social, la unidad y la organización del pueblo cesariense. ¿Cómo es posible que una mujer inteligente, noble y servicial, consecuente con su clase social, sea víctima de atentados como el ocurrido recientemente contra su humanidad en la hermosa Cartagena de Indias?

¿Tendrá que salir nuevamente del país? ¡Qué horror! Los Estados Unidos y el presidente Juan Manuel Santos Calderón, deben decir sí están dispuestos a desarticular la estructura paramilitar en Colombia de una vez y para siempre. Una orden de ellos, creemos que será suficiente para desarticular esta práctica infeliz alimentada por ganaderos, terratenientes deshonestos, el procurador Ordóñez, el Centro Democrático, etc. Si no hay voluntad política, esto será imposible. Esa política nefasta del enemigo interno y guerra de baja intensidad, propia de los gringos, debe desaparecer en Colombia.

Volver a pescar de noche sin el miedo de ser asesinados, como diría Darío Echandía, es una utopía que se debe materializar en la práctica. Por eso no se debe admitir que sigan los atentados contra los líderes y lideresas que sueñan con cambios estructurales. No más atentados, no más muertos, no más exiliados.

A Imelda Daza Cotes, desde el Tolima, le expresamos nuestra solidaridad, aprecio y admiración. Su lucha no será estéril. Saludamos también a los Comunistas de la costa norte, especialmente de Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, La Guajira, Valledupar, etc. A la Juventud Comunista, a los miembros de la UP y de Marcha Patriótica, a los periodistas consecuentes, a todos y todas, que sueñan con un país al alcance de todos y todas, a un país en marcha en la construcción del socialismo. Adelante, paso de vencedores.