Radicalizar el cambio

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El gobierno hace presencia en Lópéz de Micay. Foto Alexa Rochi, Presidencia de la República

Editorial VOZ 3207

La intensidad, la frecuencia, la virulencia y los objetivos de los ataques de la extrema derecha contra el Gobierno y el proceso de cambios han crecido y se han extendido al movimiento social y a altos cargos e instancias del Gobierno.

En la medida en que cada intento de desestabilizar y sabotear les ha salido mal, se ponen en marcha nuevos planes que expresan renovadas fases y formas violentas. Lo nuevo es la evidente coordinación y sincronización con estructuras institucionales y constitucionales del Estado.

En esta etapa, los ataques al presidente no son solo verbales y por lo medios de comunicación aliados a los saboteadores; pasaron a ser, por un lado, institucionales, con ropaje de legalidad, pero llenos de arbitrariedad y falsedad, y por otro, extendidos al movimiento social y popular.

Ya no les bastan los asesinatos de líderes, lideresas sociales y firmantes de paz por parte de paramilitares y estructuras ilegales aliadas a algunos sectores de oposición, sino que ahora se pretende involucrar a sindicatos clave en la lucha por el cambio, como Fecode, allanando su sede nacional y poniéndolos como parte de una supuesta violación a los topes de financiamiento electorales por parte de la campaña de Gustavo Petro.

La campaña de desprestigio contra el presidente, adelantada al más alto nivel –incluidos sectores institucionales de los Estados Unidos– por parte de quien pronto debería ser exfiscal, llega a tal nivel que el mismo Barbosa da por hecho que Martha Mancera será la nueva fiscal encargada. ¿Lapsus? ¿Mensaje de una alianza fuerte entre la extrema derecha y la Corte Suprema de Justicia para amedrentar al gobierno?

La suspensión del canciller Álvaro Leyva es parte complementaria de la estrategia. La procuradora Margarita Cabello, con un rabo de paja de aquí a Barranquilla, toma esta decisión que no tiene otro fin que minar las capacidades de gestión y trabajo del equipo de Gobierno.

¿Y los incendios forestales? ¿Son realmente producto solo del cambio climático y de las altas temperaturas o hay manos criminales y malintencionadas que quieren crear un caos en el país a través de este inhumano y devastador método? La malicia indígena sugiere que hay muchas coincidencias. Por ahora son apenas hipótesis.

Ahora, la Corte Suprema de Justicia se suma al baile de odio de los huérfanos del poder. Teniendo la obligación de elegir pronto a la nueva fiscal general de la Nación, dilata y aplaza tal decisión favoreciendo claramente las intenciones del oscuro Barbosa de querer seguir siendo el fiscal en la sombra y punta de lanza de la estrategia desestabilizadora.

¿Qué respuesta esperan del Gobierno y de las fuerzas que apoyan y lideran el cambio? Seguro no será una salida desesperada, pero sí una fuerte, sólida y coherente de defensa de lo que se han comprometido Gustavo Petro y el Pacto Histórico en el programa y en el Plan Nacional de Desarrollo. Una salida que no puede ser otra que la radicalización de las posturas en defensa del cambio.

Algunos medios opositores han titulado ¿Petro, cada vez más radical? Ante una oposición que no duda en utilizar todos los medios, incluidos la violencia y el saboteo, no hay otro camino que responder con la fuerza de la razón, la ética y el poder de la movilización social y popular.

El llamado del presidente a las calles es pertinente. La toma de las calles por parte del pueblo, exigiendo el respeto al mandato popular de cambio y reformas, es necesaria. La campaña nacional e internacional de pedagogía y explicación sobre lo que hace y desarrolla el Gobierno del cambio es necesaria. La cohesión y alineamiento de la bancada del cambio en el Congreso es necesaria.

La agilización y concreción de la ejecución de recursos en proyectos de beneficio social y territorial son necesarios. Afinar y ampliar el radio de incidencia de los medios de comunicación del Estado como RTVC y los medios alternativos por el cambio, es necesario. Y ¿por qué no?, un “remezón en el gabinete” para mejorar y avanzar, también es necesario.

Si a esto llaman radicalizarse ¡Vamos con toda a radicalizar el cambio!