Por una Colombia distinta

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Pietro Lora Alarcón

El Pacto Histórico es una fuerza electoral de más de 11 millones de voluntades, que precisamente por eso posee amplia legitimidad para impulsar cambios democráticos, desde el Congreso y desde el Ejecutivo encabezado por Petro y Francia. Por eso la victoria del 19 de junio no es una simple alternatividad en la conducción institucional, sino la ruptura histórica de una secuencia infame de gobiernos cuyo eje han sido las fórmulas que acentúan la dependencia económica, que han actuado con extrema violencia contra el movimiento social y condenado al abandono y a su propia suerte a vidas humanas en regiones enteras de la geografía nacional.  Se abre un nuevo periodo, necesario y fundamental para intentar superar el dolor que la historia nos produce.

El triunfo transciende fronteras, imponiendo una regresión a la agenda internacional de los Estados Unidos, con connotaciones geopolíticas y geoeconómicas. El programa de gobierno plantea la construcción de puentes para la paz, la vida y la defensa de la biodiversidad, colocando a Colombia en terreno inédito en sus relaciones internacionales. Una relación económica multilateral, de rechazo a la exacerbación de focos de tensión regional y global, acompañada de la defensa del medio ambiente equilibrado y la prevalencia de los derechos humanos, constituiría un paso decisivo y una contribución al destino de la humanidad en medio de la actual crisis civilizacional.

Retomar puntos esenciales del acuerdo de paz firmado en el 2016 y abrir los diálogos con el ELN deben ser una prioridad, al tiempo que se combate el paramilitarismo y la irracionalidad de una filosofía incrustada en agentes del Estado de que la letalidad hace parte del ejercicio natural del poder. Esa auténtica cultura para la paz debe estar afirmada en la democracia real, substantiva, que reconoce en los sectores más vulnerables actores que se incorporen con potencialidad ciudadanía a formas de organización que decidan sobre prioridades presupuestales, de gestión y control republicano del gasto público.

Hay nuevas posibilidades y condiciones para la lucha popular. Pero creo necesario entender que experiencias latinoamericanas nos enseñan que el desafío de gobernar es complejo y difícil, especialmente cuando la herencia del inmediato pasado es nefasta. El PH es producto de la unidad, es diverso en su composición y apoyos, lo que impone la permanencia de un frente muy amplio de acción administrativa y legislativa articulada al programa de gobierno. El Gran Acuerdo Nacional debe otorgar la energía necesaria para contrarrestar una oposición aferrada al continuismo y a factores de poder y violencia que buscarán desgastar el gobierno. Por eso hay que entender que la victoria del Pacto es un motivo de profunda felicidad, alegría y resultado de una movilización ciudadanía de amplio espectro, pero que al tiempo se proyecta la realidad de un periodo de transición en el cual la contradicción permanente se verificará entre, por un lado, las resistencias a los cambios y, por el otro, la fuerza y proyección para promover, establecer y tornarlos realidad.

La táctica implica llevar en cuenta los avances y retrocesos que plantea esta situación original para Colombia, para lo cual hay que tener perspicacia y agilidad política día a día. El éxito del gobierno de Petro y Francia será de todos y todas y constituye parte del avance a transformaciones cada vez más profundas, Por eso no se debe renunciar, en ningún momento, a la movilización ciudadanía. Por el contrario, hay que fortalecer las bases del Pacto, su arraigo y su vinculación estrecha con los trabajadores, la juventud, los estudiantes y organizaciones que dan sustentación a una nueva forma de comprender y ejecutar la política. Esa es la garantía incuestionable para un vivir digno ¡Para una vida sabrosa!