Palabras, silencios, cantos y resistencia militante

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En 1994, Nelson Mandela regresó a la prisión de Robben Island poco antes de asumir la presidencia de la República de Sudáfrica. Foto Louise Gubb

Homenaje a las víctimas del imperialismo y el fascismo que han tenido que resistir a la cárcel. Su recia convicción política y la insobornable lealtad a sus ideales dejan un legado invaluable para el futuro de las nuevas generaciones

Andrés Olivos Lombana*

Militantes de la rebeldía y la revolución, sembradores y defensores de los derechos humanos en todos los tiempos, enemigos de la injusticia y la opresión, amantes incondicionales de la libertad enseñaron con su coraje, tenacidad, con terca persistencia, a permanecer en todas las trincheras de la resistencia: en las calles, el exilio, la clandestinidad y en la cárcel.

Víctimas del imperialismo, el fascismo y de la parentela de las dictaduras de todos los pelambres: ellos no han sucumbido ante el horror, el terror, tortura, represión y las balas asesinas. Su palabra, pensamiento, ejemplo, su legado hacen parte de las municiones que los combatientes continúan cargando en las mochilas.

Todos ellos se hermanan por su recia convicción política, por el amor a la vida y la insobornable lealtad a sus ideales.

No han sucumbido ante el dolor, desarraigo, incertidumbre y la soledad; han soportado el exilio -y el exilio forzado por la clandestinidad-, las distancias, ausencias y pérdidas; enfermedades, intimidación, tortura, humillaciones, gritos y también por los silencios, entre ellos los silencios impuestos con la palabra muda.

“Nanas de la cebolla” 

En relación con la historia de los presos políticos, de los combatientes comunistas y de otras vertientes de las izquierdas en Colombia y Latinoamérica, corresponde plantear cuatro problemas de investigación: 1) El cómo y el porqué de la detención; ¿cuál fue la acusación, la defensa y el desenlace? ¿Liberación, reclusión indefinida o muerte?; 2) ¿Qué significa para el preso político permanecer en la cárcel?; 3) ¿Cómo opera la solidaridad con los presos políticos?; y 4) ¿La cárcel es en realidad la trinchera de combate para los presos políticos?

Permítase reproducir la carta que el poeta español Miguel Hernández le escribe desde la cárcel a su esposa Josefina Manresa, fechada en Madrid el 12 de septiembre de 1939:

“Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir esta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que te consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme”.

Pero los tiempos turbulentos -de salvaje represión y violencia-, también han hecho levantar las barricadas de la resistencia, línea a línea, en la forja ardiente de la solidaridad. Los pintores, poetas y cantores levantaron sus pinceles y voces y templaron las cuerdas de sus guitarras; todas y todos marcharon y cantaron a una: mujeres, niños y hombres, los jóvenes de ayer y de hoy, siempre al frente, en la primera línea de la resistencia.

Sacco y Vanzetti: una lección de solidaridad

A propósito de la solidaridad y el internacionalismo, recuérdese el caso de Sacco y Vanzetti.

El 15 de abril del año 1920 la tranquilidad habitual de South Braintrre, Massachusetts (Estados Unidos), se interrumpió violentamente por un asalto. Murieron dos empleados de la transportadora de dinero y se robaron 16 mil dólares de la nómina de salarios. Tres semanas después dos inmigrantes italianos y confesos anarquistas, Nicola Sacco (zapatero) y Bartolomeo Vanzetti (vendedor ambulante de pescado) fueron arrestados, culpados, y posteriormente sentenciados a muerte después de un largo y polémico juicio, siendo electrocutados el 23 de agosto de 1927.

Durante los siete años que duró el proceso judicial se mantuvo la solidaridad y campañas por su liberación tanto en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Marchas, pancartas, pinturas, caricaturas, canciones de protesta, entre ellas de Woody Gunthrie y Joan Báez. Se organizó el Comité de Defensa en el que participó el escritor John Dos Passos, quien redactó el “Alegato para la Defensa”.

Por su parte el filósofo Bertrand Russell, quien dirigió la campaña en Gran Bretaña, afirmó: “Estoy obligado a llegar a la conclusión -afirmó en uno de sus discursos- que fueron condenados por cuenta de sus opiniones políticas y que hombres (quienes) deberían haber sabido más, se permitieron expresar criterios engañosos en lo que concierne a la evidencia, porque consideraron que hombres con tales opiniones no tienen ningún derecho de vivir”. La anarquista, escritora y feminista Emma Goldman escribió y realizó varias conferencias manifestando su protesta y exigiendo la libertad de Sacco y Vanzetti.

La campaña: “¡Liberad a Mandela!”

Nelson Mandela (1918-2013) fue condenado a cadena perpetua en el sonado “juicio” de Rivonia en 1964. Después de sufrir prisión durante 27 años, fue liberado finalmente en 1990, gracias a la permanente presión y solidaridad internacional. Por su tenacidad como luchador incansable contra el racismo, el apartheid, la democracia, los derechos humanos, y su indispensable aporte a la paz y reconciliación nacional entre los sudafricanos, se le reconoció con el Premio Nobel de la Paz en el año 1993.

En su autobiografía -que empezó a escribir en 1976 en la clandestinidad, estando en prisión-, dice: “La campaña en pro de nuestra liberación reavivó nuestras esperanzas. Durante los desoladores días de comienzos de la década de los setenta, cuando el Consejo Nacional Africano, CNA, pareció hundirse en la sombra, tuvimos que hacer auténticos esfuerzos para no dejarnos llevar por la desesperación. En muchos aspectos, nuestros cálculos habían fallado.

“Habíamos creído que en los años setenta estaríamos ya viviendo en una Sudáfrica democrática y no racista, pero al entrar en la nueva década mis esperanzas de ver esa nueva Sudáfrica reverdecieron. Algunas mañanas salía a pasear por el patio y todos los seres vivientes que allí había, las gaviotas y las lavanderas, los pequeños arbolitos e incluso las escasas hojas de hierba parecían sonreír y brillar bajo el sol. En momentos así era cuando percibía que incluso en aquel remoto y encerrado rincón del mundo había belleza, cuando me sentía seguro de que algún día mi pueblo y yo seríamos libres”.

Estamos prisioneros

En suma, la palabra, en sus diversas expresiones escritas y sonoras: en la prosa, el verso, la poesía, el canto y los grafitis; también con susurros, gritos y silencios, es el alimento indispensable en la dieta cotidiana de los militantes en todos los tiempos, lugares y situaciones; y más aún, subrayamos su valor nutricional para quienes resisten y combaten desde las inmundas mazmorras fascistas de ayer y de hoy.

Démosle la palabra y la voz al cantor y escritor argentino Horacio Guaraní. Antes de iniciar su concierto en Buenos Aires el 5 de noviembre de 2012 con la canción Estamos prisioneros carceleros (escrita por Armando Gómez Tejada), dirigiéndose al público, a manera de diálogo introductorio, exclamó: “Está más preso el que tiene miedo de gritar una injusticia, que aquel que está detrás de una reja, pero ha tenido el coraje de gritarla”.

Recordemos el primer verso de la canción, que dice así:
Estamos prisioneros, carcelero.
Yo de estos torpes barrotes,
¡Tú del miedo!

* Historiador, Especialista en Derechos Humanos y Magister en Estudios de Género.