Palabra itinerante: Hasta siempre

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Jaime Cedano Roldán

No sabe uno si sentir rabia o tristeza. Cuesta imaginar que se pueda mentir tanto o que somos tan redobladamente brutos que no hemos visto lo que algunos encumbrados intelectuales, sesudos analistas y profundos investigadores parece que sí vieran y que nosotros solo vemos lo poco que querríamos ver. Pero volvemos a buscar testimonios, vivencias y hasta informes de las Naciones Unidas y concuerdan con los testimonios y las vivencias que hablan de la disminución de la pobreza, la desaparición del analfabetismo, la escolaridad superior, la cobertura sanitaria y varios largos etcéteras.

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Entonces llega uno a pensar que son ellos los que no tienen información y por lo tanto lanzan juicios equivocados. Y esto es una concesión gratuita. La tienen. Por eso, además de la rabia y de la tristeza se siente repugnancia, una inmensa repugnancia al oírlos o leerlos.

Y dando magistrales lecciones de democracia. De cómo debe ser. También en nombre de la libertad y del progreso. Pero hay otra cosa que está ahí, palpable y también en las estadísticas y en los informes de algunos organismos internacionales. Son las miserias que a ellos les rodea por todos los costados. Pero parece que andan en burbujas especiales que les impide ver, oler y tocar su propia realidad. Parece que no supieran de las miles de familias desahuciadas violentamente de casas que ya han pagado dos o tres veces a bancos usureros y criminales.

Parece que no supieran que cada día más jóvenes dejan de ir a las universidades, que el desempleo sigue creciendo, que miles buscan comida en los basureros y decenas de miles viven de la caridad de los vecinos. Y que mientras esto ocurre yernos reales, tesoreros, banqueros, nobles amantes y familiares se enriquecen escandalosamente y esconden los tesoros en los paraísos fiscales.

En medio de todo esto osan decir que en la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez campea la miseria, el desabastecimiento y que no hay democracia, que era un dictador y un vulgar populista y que la corrupción era el alma de su gobierno. O régimen, como suelen calificarlo. Algún encumbrado tertuliano de la radio dijo que prefería la Italia de Berlusconi a la Venezuela de Chávez.

El presidente en funciones y ahora también candidato presidencial Nicolás Maduro lo dijo claramente. Nunca contra un hombre se habían lanzado tantas calumnias. Y si a Chávez vivo no lo soportaban les será mucho más difícil soportar al Chávez convertido en mito y bandera que alienta la lucha anticapitalista y emancipadora. Por ello ahora viene una fuerte guerra para intentar destruir su imagen.

Seguramente muy pronto pasará con el nombre Chávez lo que pasa hoy en España con el nombre Lenin. Que está prohibido registrarse con este nombre.

El comandante Hugo Chávez Frías se hará más grande cada día que pase y su obra tendrá mucho más valor.