Palabra itinerante: Afanes

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España se encuentra sumida en una profunda crisis de gobernabilidad aunque no alcanza para “crisis en las alturas”. Lo más seguro es que haya que repetir las elecciones en las cuales el bipartidismo tendría la sartén por el mango.

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Jaime Cedano Roldán

Hace algunos meses un amigo me preguntaba acerca de Podemos, en momentos en que arrasaba en las encuestas. Lo único que se me ocurrió fue decirle que parecía un fenómeno político que me recordaba aquella ascendente irrupción de la AD-M19 con similar incremento de sueños recargados, nuevos lenguajes e imágenes, otro tipo de liderazgos y también novedosas formas organizativas.

Han pasado los meses y no sabría qué contestar al amigo si volviera a hacerme la misma pregunta. Podemos produjo un revolcón electoral pero no le alcanzó para conquistar el cielo, desbancar a la casta e instaurar el gobierno de los de abajo pues habían decretado la desaparición de las categorías de izquierda y de derechas.

Por su parte Izquierda Unida con el histórico PCE dentro de ella solo alcanzó a dos diputados en las cortes desapareciendo como grupo parlamentario, a no muchos meses en que las encuestas le daban un subidón bastante importante.

Ahora del asalto al cielo se ha pasado a la oferta de ser vicepresidentes de un posible gobierno de uno de los de la casta, propuesta de Podemos y en la que incluye a la tan por ellos vapuleada IU que intenta desesperadamente darle algún valor a sus dos diputados, que no hay que olvidar representan a un millón de votantes, que por las condiciones en que lo fueron tienen un significado nada despreciable. España se encuentra sumida en una profunda crisis de gobernabilidad aunque no alcanza para “crisis en las alturas”. Lo más seguro es que haya que repetir las elecciones en las cuales el bipartidismo tendría la sartén por el mango.

El debate de fondo en las fuerzas alternativas y de cambio es si se volverá a presentar una nueva oportunidad de plantarle cara al bipartidismo. Por millonésima vez se ha demostrado que las políticas de confluencia y Unidad Popular son el mejor camino pero también por millonésima vez los vanguardismos, protagonismos y las asperezas en los debates han impedido acercamientos y sobre todo han abierto heridas que parecen incurables.

La historia también nos ha enseñado que no hay heridas que no se puedan curar ni puentes que no se puedan reconstruir. Aunque para ello a veces tenga que pasar mucho tiempo. Y en esas distancias se enfrían emociones, se desperdician oportunidades.

En las izquierdas hemos vivido demasiadas historias de acercamientos y alejamientos. Curiosamente hay una presencia perenne en los debates de lo nuevo y lo viejo, los modernos y los arcaicos, los innovadores y los recalcitrantemente ideologizados.

Cargas de novedad, explosiones de ilusión y miedos a los cambios. Cuanta falta hacen los análisis serenos que más allá de los afanes temporales nos ayuden a entender las oportunidades de cambios que la historia va madurando.