Militares y exmilitares con el Pacto Histórico: «Más educación, menos armas»

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Sargento Alexander Chala en servicio. Foto archivo particular

Entrevista con el sargento en retiro y candidato al Senado, Alexander Chala Sáenz

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@Aurelianolatino

Alexander Chala Sáenz recuerda que de niño siempre soñó con ser médico o abogado, pero que por esos obstáculos que se le atraviesan a los sueños debió ser militar, profesión que ejerció con decoro.

Sirvió por 21 años y ahora es sargento en uso de buen retiro del Ejército nacional. Hace parte de la junta directiva de la corporación Veteranos por Colombia, organización de militares y policías retirados que tiene un enfoque de reconciliación, cercanía a las víctimas de la guerra y búsqueda de la paz.

Desde su cuenta en Twitter, en una oportunidad le respondió a la senadora María Fernanda Cabal cuando convocó a las reservas militares para que salieran a confrontar las manifestaciones de protesta. Le dijo que no estaba para enfrentar al pueblo y que si eso lo hacía un bandido, prefería serlo y no ser un idiota útil de un sistema político corrupto y mafioso. Eso lo dio a conocer en los medios.

Ahora ocupa el puesto 30 en la lista cerrada del Pacto Histórico al Senado y apoya al precandidato presidencial Gustavo Petro. A diario recibe llamadas de militares y exmilitares que lo felicitan por su labor y le manifiestan su apoyo, aunque muchos otros lo llaman para insultarlo. También recibe constantes amenazas de muerte. VOZ habló con él.

Ascensos por mérito

– Los imaginarios colectivos en el país están marcados por los paradigmas del conflicto armado, por eso es difícil entender que un exmilitar esté desde la izquierda hablando de democratización y de reestructurar a las fuerzas militares y de Policía.

– Decía un general que las personas que más anhelan la paz son los miembros de la fuerza pública, que son quienes viven las inclemencias del conflicto armado. Desafortunadamente la fuerza pública se politizó y los generales que la encabezan y lideran cambiaron sus ideales y principios de luchar por un país. Y cuando un militar deja eso para meterse en un tema netamente político se pierde la esencia de cuidar y proteger al pueblo. La fuerza pública se debe al pueblo, no a partidos políticos.

En el Ejército nos dicen que estamos luchando por un pueblo, pero en realidad estamos cuidando las propiedades y los bienes de una minoría de corruptos y bandidos.

– Cuando usted habla de reestructuración en las fuerzas militares, ¿a qué se refiere?

– Muchos creen que es acabar con la institución, entonces nos toca utilizar el término reforma. Cuando hablo de reforma me refiero a los altos mandos porque solamente en el tema de los ascensos se manejan burocracias, son ascensos que se hacen por medio de un cónclave de unos 25 generales que ascienden a los coroneles, que van a ser el reemplazo de ellos. Se hace con amiguismo político, es algo que no tiene relación con la trayectoria de la persona. Siempre he dicho que los ascensos deben ser por mérito y que hay que devolver la institucionalidad al pueblo.

Falta educación

– ¿Qué sucede para que las fuerzas militares y de policía cometan tantas violaciones a los derechos humanos?

– Desafortunadamente la fuerza pública está adoctrinada, no educada. Por eso Gustavo Petro habla de educación superior y de calidad para la fuerza pública. El adoctrinamiento es coger a una persona y por días y horas inculcarle un enemigo interno, es lo que se ha hecho. Te meten un enemigo interno, te meten que todo lo que sea oposición y todo lo que piense diferente y esté en contra del sistema actual es enemigo.

Esas personas se forman así durante 15 o 20 años y es muy difícil cambiarles ese chip, aunque hay muchos que han despertado de ese letargo, ya no tragan entero. Se dieron cuenta que han sido utilizados en beneficio de unas castas políticas

– Lo que usted dice puede explicar la masacre que hizo la Policía en Bogotá el 9 de septiembre de 2020.

– Uno ahí ve al pueblo disparándole al pueblo. Muchos de estos policías que disparan y asesinan vienen de familias humildes. Uno se pregunta, ¿qué hay en la cabeza de estos patrulleros que entraron a esa institución con el sueño de sacar adelante a sus familias cuando cometen una masacre como esa? Pero hay que ver que por encima de ellos hay personas que les dan las órdenes. ¿Quiénes fueron?

Hay que ver quién les dio la orden. Nadie dispara porque sí, tiene que haber una orden superior.

Con la juventud

– ¿Cuál fue ese detonante que hizo que usted tuviera una mirada crítica de las fuerzas militares?

– En mi tiempo en las fuerzas militares siempre hice las cosas bien. Los soldados que me conocieron me llaman a decirme que me apoyan porque saben que era crítico, que discutía con mis superiores cuando veía que había arbitrariedades y corrupción.

Actualmente he sido confrontado por otros militares que me dicen que las fuerzas militares son de derecha, a lo que les respondo que no es cierto, que son del pueblo. Por eso hago parte de una organización de militares en retiro con una visión diferente y decidimos salir a respaldar las movilizaciones de los jóvenes. Así empezamos.

– Desde el Congreso de la República usted dará una pelea por la democratización de las fuerzas militares, ¿cómo se las imagina siendo democráticas?

Entregadas al pueblo colombiano, críticas, que se logre manifestar lo que se piensa. Totalmente lo contrario a lo que hay hoy día en la que ningún miembro puede decir nada porque lo retiran de la institución o lo trasladan a las regiones inhóspitas. Una fuerza pública que no esté ligada a ninguna organización política. Necesitamos menos armas y más educación.

– ¿Cree que una democratización de las fuerzas militares pasa porque Estados Unidos saque sus manos de ellas?

 – Total. En ese sentido siempre he dicho que Colombia ha sido un país muy arrodillado a Estados Unidos, y las fuerzas militares siempre han estado arrodilladas al Gobierno estadounidense. Hay generales que han estado arrodillados, solo hay que ver cómo el Plan Colombia arrodilló al Ejército a los Estados Unidos y llenó los bolsillos de muchos altos mandos militares. Hubo mucho desvío de recursos.

En la izquierda

– ¿Por qué hacer política con el Pacto Histórico y no con otro partido?

– Porque creo en un cambio y pasé la página del conflicto armado. Dejé el uniforme colgado, dejé las ideas del conflicto armado colgadas y dije que había que apostarle a la paz, a un cambio. En el Pacto hay diversidad, liderazgos de regiones, negritudes y encontré un espacio para mis ideas.

No lo hice en cualquiera de las otras colectividades políticas porque allá es más de lo mismo. Estamos batallando contra un sistema corrupto y si miramos quienes están en las otras coaliciones, vemos que es lo mismo que hace cuarenta años nos tiene mal. Eso sería haber hecho una alianza con el diablo.

– ¿Qué piensa de la no implementación del Acuerdo de Paz?

– Ese ha sido un gran error del Gobierno, no querer darle cumplimiento. Yo le aposté a la paz, yo formaba a mis soldados y les decía que lo que todos anhelábamos era la paz. Y hay que entender que un acuerdo de paz no es perfecto, pero lo importante era parar lo que sucedía, de ver los hospitales militares llenos de soldados pobres amputados, de ver a diario guerrilleros y soldados asesinados, en el que el dolor lo sentían eran las familias. Salen generales entregando banderas y en medios de comunicación dicen que son héroes, pero aquí ningún soldado ni policía es héroe, son víctimas de un conflicto armado.

Hay personas a las que no les conviene la paz, por eso le apostamos a un cambio de Gobierno que le apueste a ella, cumpla con los acuerdos y logremos una paz completa.