México-España: Una pausa, vendría bien

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Los presidentes de España y México, Pedro Sánchez y Andrés Manuela López Obrador

Hoy los vínculos comerciales con varios países latinoamericanos, incluyendo Colombia, cuentan con el adjetivo de seguridad jurídica para los inversionistas españoles

Ricardo Arenales

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador propuso hacer una pausa en las relaciones con España, al menos hasta el final de su sexenio, por considerar que empresas hispanas han actuado de manera ventajosa, con el apoyo del poder político.

Aclaró el mandatario azteca que no está proponiendo una ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales entre las dos naciones, se trata de un planteamiento público, no es una declaración diplomática formal. Por cierto, en las reglas de juego del derecho internacional, lo que sugiere López Obrador insinúa un camino novedoso en el manejo de la diplomacia.

El asunto fue planteado como respuesta a recientes declaraciones del embajador norteamericano en México, Ken Salazar, quien criticó una reforma constitucional en materia eléctrica, promovida por el actual gobierno. López Obrador acusó a las empresas de hacer cabildeo para obtener jugosos negocios en un contexto en el que los grandes consorcios del sector energético, como los españoles, actúan como si fueran los dueños de México.

Relaciones ruinosas

Dijo el mandatario que, en ese contexto, al país azteca le viene bien una pausa, un respiro, para normalizar la relación bilateral con la nación ibérica, equilibrarla, para que no se siga viendo a México como “tierra de conquista”. El ministro de Asuntos Exteriores del gobierno español, el socialista José Manuel Albares, solicitó una aclaración ante lo que calificó como declaraciones verbales súbitas y advirtió que su gobierno, presidido por Pedro Sánchez, defenderá los intereses de España ante cualquier circunstancia. Naturalmente, de los intereses de las grandes empresas.

López Obrador, acompañado por el director general de la estatal petrolera Pemex, Octavio Romero Oropeza, presentó varios ejemplos de lo ruinosas que han sido para México las actividades de algunos consorcios españoles, particularmente en los ramos de energía e infraestructura, y resaltó que esas operaciones son jugosas para las empresas y devastadoras para las finanzas públicas y hasta para empresarios mexicanos.

Esas operaciones no habrían podido realizarse sin un entramado de corrupción cómplice –un contubernio arriba, una promiscuidad económico-política, dijo– que se instaló en los gobiernos de ambos países. Añadió que la relación bilateral ahora no es buena, e insistió en la posibilidad de “darnos un tiempo, una pausa por lo que resta de este sexenio para normalizarla”, aunque descartó el retiro de embajadores.

Voracidad empresarial

“La marca España, dice el analista Marcos Roitman Rosenmann-, se caracteriza por realizar megaproyectos eólicos, mineros, de explotación turística, donde prima la destrucción medioambiental, la violación de los derechos humanos, la criminalización de las protestas y los movimientos de resistencia. Sirva como ejemplo, la actuación de ACS en Guatemala, en Alta Verapaz. Allí, han sido entubados 30 kilómetros del río Cahabón, equivalente a 80 por ciento del tramo que cubre las poblaciones de los pueblos mayas que habitan el entorno. El 20 por ciento restante, señala Vladimir Soto, abogado del Colectivo Madre Selva, corre entre dos muros de cemento. 50 mil son las personas afectadas por el proyecto.

“Mientras tanto, en España se invisibiliza el desastre ecológico y humano causado por el presidente de ACS, Florentino Pérez, considerado un empresario ejemplar. Nada escapa a la voracidad empresarial de la marca España, destruyen todo cuanto supone un estorbo. Sin ruborizarse, extorsionan, desplazan población, pagan a bandas paramilitares, contaminan ríos, destruyen reservas naturales y violan los derechos humanos. No importa el precio a pagar. Todo por el beneficio de sus empresas”.

López Obrador mencionó los ejemplos de contratos leoninos que causaron graves daños al erario mexicano, pero representaron grandes negocios para consorcios como Repsol e Iberdrola en los sexenios de los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, y recordó la opacidad, la arbitrariedad y la parcialidad en las que se desarrollaron licitaciones obtenidas en el de Enrique Peña Nieto por la empresa española OHL para construir obras viales en el estado de México.

Pésimo negocio

Detalló que la Astillera de Vigo fue rescatada por Pemex no sólo con la compra a sobreprecio del 51 por ciento de las acciones de esa compañía, sino con la construcción de barcos (floteles para la pernocta de 600 personas) que costaron a la paraestatal mexicana 80 millones de euros cada una, negocio en el que Pemex nunca ganó un solo centavo, reclamó.

Otro pésimo negocio para México fueron los contratos con Repsol durante el sexenio de Calderón para la extracción de gas en la Cuenca de Burgos, la cual se dedicó a hacer pozos casi estériles. Tan sólo en una perforación se pagó a la compañía 4.2 millones de dólares mensuales, durante cinco años, por no transportar absolutamente nada, denunció.

Y así otros –intervino el mandatario– como uno en Manzanillo, para traer gas desde Perú, en cuya negociación de este contrato por 26 mil millones de dólares estuvo involucrado el finado secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

Hoy las relaciones comerciales con varios países latinoamericanos, incluyendo Colombia, cuentan con el adjetivo de seguridad jurídica para los inversionistas españoles. Para que no exista equívoco, la expropiación de YPF-Repsol en Argentina, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fue considerada un ataque a España. La prensa y el gobierno tacharon la acción de populismo izquierdista, robo y una sinrazón política.