Masacre en Egipto: Buscan liquidar revolución egipcia

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Las movilizaciones del pueblo egipcio, reclamando democracia y justicia social, han sido brutalmente reprimidas por el ejército.

Los militares golpistas, que intentan desmontar las principales conquistas y postulados de la “primavera árabe”, se encuentran sin embargo cada vez más aislados. Comunistas egipcios proponen crear una alternativa revolucionaria para detener una guerra civil

Las movilizaciones del pueblo egipcio, reclamando democracia y justicia social, han sido brutalmente reprimidas por el ejército.
Las movilizaciones del pueblo egipcio, reclamando democracia y justicia social, han sido brutalmente reprimidas por el ejército.

Alberto Acevedo

La semana pasada fue una de las más sangrientas en la lucha del pueblo egipcio por consolidar unas reformas sociales y un régimen democrático que brinde un mínimo de garantías ciudadanas. En un brutal operativo para desalojar los campamentos que los seguidores del depuesto presidente Mohamed Morsi habían levantado en céntricos puntos de la capital, los militares mataron al menos a 600 personas, hirieron a unas mil y detuvieron a cerca de tres mil activistas.

Dos días después, en una nueva movilización promovida por los Hermanos Musulmanes, seguidores del Morsi, para desafiar el toque de queda y medidas de estado de sitio promulgadas por el gobierno interino, en lo que se denominó “viernes de la ira”, las tropas arremetieron contra los manifestantes causando unas 400 muertes más, con elevado saldo de heridos y detenidos.

Para justificar la barbarie, los autoridades de facto se inventan el expediente de la existencia de un “complot terrorista malintencionado”, y el primer ministro Hazem Beblawi se muestra partidario de ilegalizar a la agrupación política Hermanos Musulmanes, la más influyente de Egipto, situación que de darse, precipitaría al país hacia una guerra civil.

Los partidarios de Morsi, no se amilanan ante el baño de sangre y han convocado a una jornada de movilizaciones permanentes, de carácter pacífico, al menos por una semana más, con el objetivo de provocar la salida del gobierno golpista y el retorno del mandatario elegido con el voto popular, que se encuentra detenido por los militares, probablemente en una guarnición, sin que sus familiares ni la opinión pública sepan su real paradero.

Los enfrentamientos entre partidarios y enemigos del anterior gobierno de los Hermanos Musulmanes, han dividido el país, que se aproxima peligrosamente al despeñadero de una guerra civil, en tanto no surge una tercería que introduzca un clima de confianza entre las partes enfrentadas.

En este sentido, la dirección nacional del Partido Comunista de Egipto ha llamado a crear una alternativa revolucionaria, a construir un frente de las fuerzas de izquierda, que defienda los postulados de la “primavera árabe” o revolución de enero de 2011, que puso fin a la dictadura de varias décadas de Hosni Mubarak.

Nuevas fuerzas

La propuesta comunista radica en crear una confluencia de fuerzas donde participen grupos de izquierda como los nasseristas, el movimiento juvenil y las organizaciones sindicales, que en conjunto puedan presentar listas a las elecciones legislativas locales. Este frente debe expresar los intereses de la gran mayoría del pueblo trabajador, obrero y campesino, de las comunidades religiosas, la intelectualidad progresista y una parte del ejército.

El pasado mes de enero se constituyó el Partido Unido Nasserista, que en realidad agrupa a seis formaciones políticas con similar orientación ideológica: El Partido Nasserista, de Sameh Ashour; la Corriente Popular, de Hamdeen Sabahi; el Partido de la Dignidad, de Mohamed Sainy, el Partido Al-Mefaq y el Partido de la Corriente Nasserista Popular. Esta organización sería base fundamental para una coalición de fuerzas más amplia, con opción de poder, y de profundo contenido democrático, como lo sugiere el Partido Comunista.

Esta alentadora perspectiva, que en todo caso sería a mediano plazo puede verse frustrada si el país se precipita a una guerra civil, como pronostican algunos analistas de la política de esa región del planeta. A ello pueden conducir las medidas de corte francamente dictatorial, que retrotraen al país a las épocas de Mubarak.

Ensayo dictatorial

De hecho, con la declaración del estado de excepción y el toque de queda, han sido suspendidas las garantías ciudadanas. En una verdadera ‘cacería de brujas’, los militares han capturado a por lo menos mil activistas y dirigentes a diferentes niveles de la organización Hermanos Musulmanes.

El flamante gobierno provisional ha venido dando pasos hacia el retorno a la vieja dictadura, entregando puestos claves del manejo del estado a los militares represores y corruptos. Viejos cuadros de la dictadura han sido nombrados gobernadores provinciales, en tanto que sectores independientes denuncian que las masacres de las últimas semanas constituyen un ensayo para desarticular los objetivos de la revolución egipcia: libertad, dignidad y justicia social.

De hecho, los militares han sido utilizados para romper huelgas obreras en varias partes del país. En la represión a las manifestaciones, dispararon armas de distinto calibre, antes de que el gobierno autorizara formalmente su utilización. La brutalidad de las fuerza pública provocó que el vicepresidente de la nación, Mohamed el Baradei, Premio Nobel de Paz, presentara de inmediato su renuncia, alegando que no comparte el derramamiento de sangre y asegurando que ‘la única forma de poner fin a la crisis y colocar el país en el camino de la democracia, reside en una solución política que permita la realización de los objetivos de la Revolución’.